Perdidos y solitos, allá lejos...

Más de un tercio de las 426 poblaciones de la provincia tiene menos de 500 habitantes. Algunas pelean para no irse al descenso. Pero otras crecen. Y cada una es un mundo y un desafío para la prestación de los servicios públicos.
Qué suerte que es chico mi pueblo /Las gentes ni saben que existe./ Se esconde trepando a la sierra, /perdido y solito allá lejos". Mi pueblo chico, el bello poema de María Adela Christensen y Luis Pérez Pruneda, describe muy bien no sólo al caserío extraviado en el valle de Traslasierra que lo inspiró, sino también a muchas poblaciones cordobesas con perfil similar al de aquella de la canción folklórica.

En efecto, 155 de los 426 conglomerados humanos registrados en Córdoba (el 36 por ciento del total) tienen menos de 500 habitantes. Y en 45 de ellos los vecinos del área urbana no llegan a 100. Es decir, en cada uno de estos pueblos, alcanzarían las casas de una manzana para albergar a toda la población.

Por cierto, el enclave en la geografía cordobesa determina en gran medida la situación económica, social y hasta política de cada uno de ellos.

Así, Villa Los Patos es una postal de pulcritud, pese a tener apenas 16 habitantes y ser el pueblo más pequeño de la provincia, título que detenta desde el censo del año pasado. Sus edificios públicos y casas lucen como recién pintadas, y la única calle de la traza urbana está arbolada y sus canteros, ornamentados con plantas florales. Cuenta además con casi todos los servicios. Tiene una escuela primaria, un club social y deportivo con 70 socios activos, edificio comunal propio, una capilla, y un flamante dispensario.

Está ubicada en el corazón de la "pampa gringa", 212 kilómetros al sudeste de Córdoba y a 15 kilómetros de Bell Ville, ciudad esta de la que la comuna "importa" a sus dos únicos empleados.

El presidente comunal, Miguel Ángel Mateo, asegura que el cierre de una planta láctea en 1985 y el hecho de que los colonos arrendaran sus campos son los motivos principales de la reducción sensible de la población. En el censo nacional de 2001 Villa Los Patos tenía 42 habitantes.

Contraste. La realidad de esta villa contrasta con la de Copacabana. En esta comunidad rural del departamento Ischilín, nueve de cada 10 habitantes tienen necesidades básicas insatisfechas, según las estadísticas oficiales.

Este pueblo de tejedores de palma de caranday está situado a 144 kilómetros al noroeste de la Capital provincial y a 20 kilómetros de Deán Funes.

La realidad impiadosa que soporta el centenar de vecinos en Copacabana es la misma que castiga a otros pueblos pequeños del árido y vasto norte cordobés, como Chañar Viejo (Río Seco), El Rodeo (Tulumba), Chuña (Ischilín) o Alto de los Quebrachos (Cruz del Eje).

En esta comarca signada por la postergación hace poco más de un año estuvieron a punto de rematarse todas las viviendas de San Nicolás (comuna del departamento Ischilín). El pueblito ocupa 20 hectáreas de un total de 2.216 pertenecientes a Olivares y Viñedos San Nicolás y casi sale a la venta pública a raíz de un pedido planteado a la Justicia por el Banco Francés con el fin de cobrar una deuda por esa vía a la empresa de referencia.

En ascenso. A diferencia de lo que sucedió con la población en Villa Los Patos, en Villa Elisa se registró una verdadera "explosión" demográfica en los últimos siete años. Este poblado del departamento Marcos Juárez pasó de tener 18 habitantes, en 2001, a 29 en el área urbana, según el censo provincial que se realizó en agosto del año pasado.

Más que un pueblo pequeño, este conglomerado humano es "una familia grande", dicen sus vecinos. "Es que acá todos nos conocemos", asegura María del Valle Herrera, presidenta de esta comuna ubicada a 264 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba,

La mandataria sueña con abastecer al pueblo con agua potable a través de una red. Hace poco adquirió una cisterna para almacenar el agua que le compra a la Cooperativa de Leones. De esa manera se evita que los vecinos tengan que trasladarse con bidones hasta Inriville, a unos 20 kilómetros del pueblo.

También se ilusiona con la reconstrucción del salón de usos múltiples que destruyó una tormenta el día de Reyes del año pasado.

Pero su mayor deseo es conseguir la reactivación de la planta de acopio de cereales de la Cooperativa Unión, de Leones, o la radicación de alguna pequeña fábrica "para darle empleo a la gente, así no tiene que irse".

Gobierno sobre ruedas. La generación de puestos genuinos de trabajo y la posibilidad de contar con un sistema de agua potable son también los anhelo de Darío Liggiere, presidente comunal de San Jerónimo.

Este pintoresco pueblito de Traslasierra, de unos 300 habitantes, es muy singular: ubicado a 1.640 metros sobre el nivel del mar, es el más alto de la provincia; la comuna tiene un solo empleado que este año se jubila; y la sede del gobierno local funciona en un motorhome que, a la vez, es la casa rodante donde viven Liggiere y la primera dama del vecindario.

"Como todos los pueblos chicos de Córdoba, San Jerónimo tiene que hacer un esfuerzo muy grande y de manera permanente para no desaparecer del mundo", asegura el mandatario. "Como no aporta una cantidad importante de votos, ningún gobierno lo tiene en cuenta y por ese motivo hay que ir a pelear todas las semanas a Casa de Gobierno para conseguir lo imprescindible para la gente", se queja el presidente comunal.

Este testimonio tiene la virtud de resumir la experiencia cotidiana de casi todos los pueblitos cordobeses que perdidos y solitos, allá lejos, subsisten a duras penas en el mapa del olvido.

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