Perdidos en el desierto.

Las extremas exigencias del Dakar se hicieron carne en sus participantes, 40 de los cuales quedaron en medio de la nada anteanoche, atrapados bajo una tormenta de lluvia, granizo y viento, en las dunas del Nihuil, con el miedo como única compañía; en la misma zona anoche se repitió la situación con otros 80 vehículos; la carrera, que fue neutralizada, cruzará hoy la Cordillera de Los Andes.
MENDOZA (De un enviado especial).- "No aguanto más, me quiero bajar ya", repetía entre llanto y llanto Stephanie Fenestraz, la navegante del cordobés Gabriel Pozzo, que corre con una Mitsubishi. Ella es francesa. Alta, delgada, pertenece a una familia de clase alta en su país. Con suma pasión, sobrevoló en dos oportunidades el Dakar, cuando la legendaria prueba se disputaba en Africa. Desde el aire, donde a veces no se ve lo que sucede en la tierra, alimentó las ganas de participar, de vivir en carne propia lo que a ella le deslumbraba en las alturas.

Sebastián Martino, director deportivo del Tango Rally Team, el que comanda el tenista David Nalbandian, conoce desde hace muchos años a Stephanie. Y fue el nexo para armar el proyecto Dakar. Aquel llanto tenía que ver con lo que había sufrido Pozzo: tres pinchaduras, se perdió en el desierto patagónico y se quedó encajado en las dunas. Una muestra de la dureza de una prueba que se hizo mítica justamente por eso, que a los responsables del Dakar les permite sostener y agigantar la imagen de proeza para quienes llegan a la meta.

Anteanoche, los problemas de una competencia que exige al extremo se sufrieron al máximo, con la marca que dejó una muerte, como la del francés Pascal Terry durante la segunda etapa en la llanura pampeana, anteayer, en el tramo comprendido entre Neuquén y San Rafael. Allí, en las dunas mendocinas, más de 40 participantes quedaron varados en el medio de la nada, bajo una tormenta de lluvia, granizo y viento que complicó la situación.

Con una vianda que se entrega en el comedor del bivouac (campamento), con una lata de alimento de conserva, frutos secos, bebidas, alfajores, galletitas y frutas, los pilotos superaron la noche con miedo. Desde el centro de operaciones de la competencia se observaba en el horizonte una serie de relámpagos que anunciaban los inconvenientes que sufrirían los pilotos a la deriva.

Ayer, a las 7.20, un grupo minúsculo de periodistas, entre ellos el de LA NACION, se subió a un helicóptero de la Fuerza Aérea para sobrevolar la carrera. El aparato tomó vuelo desde el aeropuerto de San Rafael y a los 10 minutos aterrizó en el bivouac , emplazado en el autódromo de la localidad mendocina, sobre la última curva del trazado que habitualmente utilizan categorías nacionales, como el TC 2000.

Allí se acercó un delegado de ASO, la empresa que organiza el Dakar, y en un español muy afrancesado ordenó: "Los periodistas deben bajar del helicóptero, ya que se somete al operativo de seguridad". La llamativa decisión despertaba sospechas. Una hora después, se supo la situación de los 40 pilotos que estaban "desaparecidos".

Nervios y tensión entre los equipos que aguardaban saber sobre el paradero de sus pilotos. Finalmente, a las 9, comenzaron a llegar las buenas noticias. La organización, que siempre mantiene hermetismo ante cada situación problemática, dispuso la neutralización de tramos, para reagrupar a los participantes, hecho que se reiteró anoche, ya que 80 máquinas (40 autos y el resto motos) estaban otra vez a la deriva en el mismo lugar, Pampa del Diamante, donde se produjeron las "desapariciones".

Algunos comentan que varios pilotos, en la confusión y la desorientación de anteanoche, confesaron por el Iritrack, el sistema que conecta a los participantes con el centro de operaciones de la prueba, que pedían por favor que los socorrieran porque querían dejar todo "y volver a casa".

El reagrupamiento de anoche permite que, una vez todos los pilotos en el bivouac , ubicado al lado del estadio Malvinas Argentinas, puedan competir en grupo hacia los Andes, para efectuar hoy el primer paso internacional, rumbo a Valparaíso, Chile. Para muchos, en el norte de ese país, estará lo más duro del Dakar sudamericano. Por si alguno cree que lo peor ya pasó.

Se descompensó y tuvo que dejar la carrera

El francés Gilles Picard, navegante del experimentado Luc Alphand (Mitsubishi), tuvo un gran desgaste al tratar de sacar el auto de una zona de dunas. "Comenzó a decir cosas sin sentido, pero me dijo que quería que lo atendiera un médico, que estaba muy mal. De inmediato puse la baliza de emergencia. Se descompensó por el esfuerzo y el desgaste de una carrera de extrema dureza", dijo el piloto, que abandonó ayer en Mendoza por el mal estado de su acompañante.

Green, a Buenos Aires

El inglés Paul Green, que se había accidentado en Trenque Lauquen durante la primera etapa y estaba internado en Santa Rosa, fue trasladado anoche en avión hacia Buenos Aires, donde permanecerá en la clínica Suizo Argentina. Por su parte, el español Javier Herredor fue dado de alta en General Acha, La Pampa.

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