Lo perdido ya no se recupera

El proceso político neuquino mezcla la interna del MPN con la permanente puja entre agrupaciones aliadas de la oposición. El contexto económico y social es serio. La renegociación de contratos ya no será lo que se había previsto fuera. Los anuncios de mejores precios para el petróleo llegarán esta semana, a destiempo.
Como era de prever, la interna del MPN va ganando protagonismo en la escena política de la provincia.

Si hacía falta algo para corroborar la marcha de este proceso que desembocará a mediados del año próximo en una eventual contienda o en el fin de una negociación, las declaraciones del gobernador Jorge Sapag aludiendo al “sobischismo perdedor” terminaron de despejar cualquier duda.

Es posible que Sapag no tome decisiones respecto de este indudable avance de la interna hasta fin de año. En este período, se verá hasta dónde llega el retorno sobischista: primero con el acto que se hará en Zapala a fin de este mes, después –si Zapala conforma las expectativas- con un acto en el Ruca Che, en la capital neuquina.

A la par de la interna del partido provincial, el proceso político del resto del espectro neuquino también marcha por carriles agitados.

Como sucede con el MPN, también juega un rol importante en este sentido el poder sindical estatal de una provincia en donde el nivel de conflictividad se mide siempre desde el Estado, y muy pocas veces desde el protagonismo de otros sectores.

Hubo, en este contexto, un hecho revelador por lo que indica y por las repercusiones que tiene.

Ocurrió cuando en un acto público el sindicato municipal SITRAMUNE acorraló al intendente Martín Farizano. Entre gritos destemplados, en medio de una escena de sainete seudo democrático, el intendente pidió una tregua y la obtuvo.

Para algunos –el costado CTA del gobierno municipal- fue un logro de la inclinación al diálogo permanente, de la no confrontación, de poner la otra mejilla en el afán de solucionar los conflictos sin condenar las protestas sociales.

Para otros –el costado UCR-PJ del gobierno municipal- fue una concesión que puede costar caro, una nueva renuncia de la autoridad frente a los métodos violentos y coercitivos del sindicalismo vernáculo.

Hay un paralelismo aquí, que puede establecerse entre las políticas provinciales respecto de los conflictos, y las del municipio capitalino. A veces coinciden, a veces no. Pero no puede negarse que hay una intención, al menos en Sapag y Farizano, de que las coincidencias sean más que las diferencias.

Esta necesidad de hacer coincidir posturas entre las dos gestiones, explicable desde el punto de vista de la importancia que tiene la capital como distrito político, sintetizador de lo mejor y lo peor de la realidad social y económica provincial, es ametrallada de vez en cuando por el componente CTA del gobierno municipal.

Un ejemplo se da en la cuestión viviendas. Desde la campaña electoral del año pasado, que esta cuestión está instalada en la agenda política, con una cierta exageración: no hay en Neuquén ni más ni menos demanda que en otras regiones importantes del país.

Farizano dio el paso de dedicar la mitad de los recursos extraordinarios del petróleo (léase YPF, por ahora el único contrato, tal vez para este año definitivamente el único aprovechable) para loteos sociales y urbanizaciones. Empujó a esta decisión la alianza CTA, traducida en UNE y Libres del Sur, con un evidente afán: chicanear al gobierno provincial, incitarlo para que haga lo mismo.

Para UNE y Libres del Sur no existe otra demanda más urgente que la de vivienda en Neuquén, y por ello no hay que dudar en destinar todos los recursos que se pueda.

Desde el MPN, y también desde el radicalismo y el peronismo, se tiene una visión más prudente. Si bien se reconoce la necesidad de avanzar en la construcción de viviendas, se admite como igualmente preocupante la necesidad de mantener y acrecentar la cantidad de puestos de trabajo, y el desarrollo de actividades productivas.

“Si destinamos todo a viviendas, nos quedamos sin economía”, musitó entre dientes un funcionario, charlando sobre el tema con este periodista.

Lo cierto es que en el proceso político neuquino incidirá también fuertemente la realidad económica –que tiende hacia una mayor preocupación- del país.

Ya afectó la renegociación de los contratos petroleros, que definitivamente no será tan importante como en su momento se había imaginado. Pero hay más: ni el petróleo Plus ni el “refino plus” que se anunciarán esta semana son planes que puedan cambiar sustancialmente la realidad del sector de los hidrocarburos, inmersa en un contexto internacional que la condiciona mucho más que cualquier medida nacional.

Ha fracasado una vez más la política nacional en este punto. La extemporaneidad de las medidas lastima. Los precios nacionales –es decir, la aplicación de retenciones- provocaron durante los últimos años pérdidas que ahora difícilmente se puedan recuperar. Cambiar la política ahora de esta manera, es reconocer la equivocación anterior, pero a destiempo.

Como dice el refrán popular: “después que se ahogó el chico, María tapó el pozo”.

Neuquén no pudo aprovechar el precio del petróleo cuando llegó a los 150 dólares. Ahora, suponer que podrá aprovechar un petróleo que oscila entre los 60 y los 70 dólares, es ni más ni menos que una especie de premio consuelo a la autocomplacencia de políticos y sindicalistas que –por obsecuencia al poder o por telarañas ideológicas- han contribuido a una errática política energética muy gravosa para las provincias productoras.

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