Por las pérdidas, los contratistas bajan los alquileres de los campos

Renegocian. Y eligen ir a porcentaje en vez de pagar adelantado como hasta ahora.
Luego de su fallido intento para que el kirchnerismo rebaje las retenciones, los productores pampeanos se lanzarán masivamente en las próximas semanas a renegociar sus contratos de alquiler con los dueños de los campos. Una recorrida de Clarín por las zonas agrícolas afectadas por la sequía confirma que en esa pulseada les va la posibilidad de seguir siendo lo que son, de sembrar de nuevo. Los rendimientos de la soja han sido paupérrimos en una vasta región y los balances de muchos chacareros mutaron definitivamente al rojo.

Reynaldo Muñoz, del INTA Pergamino, muestra que los números ya eran ajustados antes de que las trilladoras ingresen a los campos. A fines de marzo, el analista calculaba que un productor que alquiló campos para soja perdería cerca de US$ 150 por hectárea debido a la alta incidencia de las retenciones, los insumos (adquiridos en 2008 a precios récords) y el alquiler, que en esta rica zona puede llegar a valer de 18 quintales por hectárea. Ese análisis se basaba en una producción promedio de 28 quintales por hectárea. Pero en la mayoría de los lotes los rendimientos fueron de 15 a 20 quintales. "En este escenario, se están perdiendo cerca de 300 dólares", avisó Julio Lieutier, experto de AACREA.

La situación marca el fin de una época: desde 2003 el "boom de la soja" provocó una feroz competencia por los campos disponible, que representan un 60% del total. Según la Compañía Argentina de Tierras, en la zona núcleo el costo del alquiler creció de 11,5 quintales por hectárea a principio de siglo a 20,5 quintales la última campaña, la de esta sequía. Esto obligará a todos los actores (sean pequeños chacareros que alquilan a sus vecinos o grandes "pooles de siembra"), a renegociar los valores con los dueños de cada predio. En la mayoría de los casos, se intentará volver a una fórmula de alquiler a porcentajes.

Mientras el negocio aguantaba, todo el riesgo recayó sobre los productores. El Estado se acostumbró a cobrar retenciones en el puerto; los dueños de campos, en efectivo y por adelantado. Sin capital para hacer frente a la nueva campaña, los arrendatarios intentarán ahora reducir sus costos de manera desesperada. "Esta situación revela que no existe una política racional para el uso de la tierra. Hay que discutir una Ley de Arrendamientos a cinco años, que permita el riesgo compartido con el dueño de la tierra y no fagocite la renta extrema a costo plazo", dijo Eduardo Buzzi, titular de la FAA.

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