Pequeña comunidad de hombres felices en el paraíso de Cristina

Por: Julio Blanck.

La idea de Argentina Potencia, que Juan Domingo Perón enarboló como objetivo en su regreso al país en 1973 después de su exilio de 18 años, fue repetida hasta el infinito por la propaganda del gobierno peronista de entonces y quedó como un símbolo de época.

El economista e investigador Pablo Gerchunoff recordaba, tiempo atrás, otro concepto que Perón trajo de su exilio europeo y remitía a las sociedades escandinavas: Perón hablaba de una Argentina pensada como "una pequeña comunidad de hombres felices".

Pues bien: aquellas consignas y aquellos sueños de Perón finalmente han sido hechos realidad por Néstor Kirchner y su esposa Cristina.

Qué otra cosa que una verdadera Argentina Potencia es un país que permite a sus ciudadanos incrementar en un 572% su patrimonio en solamente cinco años. Ese milagro ha alcanzado a todos y cada uno de los argentinos, aunque por esas mínimas cuestiones administrativas sólo quedó registrado en el caso de la pareja gobernante, que declaró ese aumento de sus bienes cumpliendo los dictados de la ley.

Como somos un país que no perdona el éxito, pronto algún abogado corrió a denunciarlos y ahora la Justicia abrió una investigación por enriquecimiento ilícito sobre el simpático matrimonio de Santa Cruz. Y la buena gente de la Oficina Anticorrupción junta papeles para elaborar el informe sobre las declaraciones juradas de la Presidenta y su señor esposo que el juez le ha pedido.

Sobre estos hechos, revelados tres meses atrás, se ha dicho y escrito bastante, y se dirá y se escribirá mucho más, por lo que no sería oportuno abundar en estas líneas.

Mejor vayamos a episodios de data más reciente y volvamos a Perón y a su sueño escandinavo. Y tenemos que decir que también esa ilusión del General está cumplida. Porque, seamos sinceros: ¿qué otra cosa que una "pequeña comunidad de hombres felices" es El Calafate?

Ese sitio de ensueño que la Presidenta define como su lugar en el mundo ha dado la bendición de la felicidad, por ejemplo, a Fabián Gutiérrez, un laborioso joven que construye allí una bonita casa que, se dijo, puede llegar a valer un millón de dólares y que él, modesto, valuó en apenas 300.000 dólares.

Por esas minucias de la vida, el tal Fabián Gutiérrez es secretario de la Señora Presidenta. Trabaja para ella desde su más tierna adolescencia y ahora, a sus 36 años, puede decir que le está yendo bomba. Su declaración de bienes registra un incremento del 765%. Qué país generoso: al empleado le fue mejor que a su patrona. En términos proporcionales, claro, porque los bienes que Gutiérrez admite, deducidas las deudas, alcanzan a 402.392 pesos, por cierto muy lejanos a los 46.036.711 pesos declarados por la Presidenta.

Figurita repetida: un abogado denunció a Gutiérrez por enriquecimiento ilícito, el juez le remitió el caso al fiscal y el fiscal, el miércoles pasado, decidió imputar al secretario de Cristina y abrirle una investigación con todas las letras. Hombres crueles, no pensaron de qué modo conmovían la suave felicidad acunada en El Calafate.

Como si fuera una conjura del Destino, otro secretario privado de la Señora Presidenta, llamado Isidro Bounine, también cayó en la volteada impiadosa de la sospecha de enriquecimiento.

Las primeras pesquisas de la Oficina Anticorrupción detectaron que el aumento en un 500% del patrimonio del joven Bounine en apenas tres años no tiene modo de justificarse. Tanto que, si se suman todos los ingresos declarados por su tarea como secretario presidencial, no se llega a la cifra de incremento que él mismo suscribió en su declaración. En 2005, el secretario decía tener un patrimonio de 15.000 pesos. En 2008 la cifra había crecido hasta los 734.261 pesos. Un primor.

Sin embargo, puede decirse en favor de Bounine que no aprovechó todavía su cercanía con el poder para asentarse en El Calafate. No compró tierras ni construyó casa en ese paraíso patagónico. Es casi el único del entorno presidencial que muestra esa actitud. Porque según ellos mismos declararon bajo juramento, también tienen bienes en El Calafate los otros dos empleados de máxima confianza del matrimonio Kirchner.

Daniel Muñoz, inseparable sombra de Néstor, arrancó en 2003 con un patrimonio de 14.000 pesos y en 2008 cantó 1.579.172 pesos.

Julio Alvarez empezó con módicos 5.860 pesos y según su última declaración jurada ya va por 298.406 pesos.

Lo que soñó Perón: hombres felices en una comunidad pequeña. Y la Argentina Potencia.

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