La peor violencia desde Tiananmen golpea a China

Por lo menos 156 personas murieron en una protesta de uigures en la región de Xinjiang
URUMQI, China.- En los peores disturbios desde la masacre de Tiananmen, en 1989, por lo menos 156 personas murieron y unas 800 resultaron heridas anteayer en la región de Xinjiang, en el oeste de China, cuando la policía reprimió con violencia una manifestación de miembros de la minoría musulmana uigur.

Los disturbios comenzaron cuando unas 3000 personas marcharon para protestar contra la intervención del gobierno central en un enfrentamiento, a fines de junio, entre chinos de la etnia han (que son mayoría en la región de Xinjiang) y trabajadores uigures; dos personas habían muerto en esos incidentes.

Los uigures -un pueblo turco-musulmán que constituye casi la mitad de la población de esta zona- fueron "reprimidos con violencia" por las fuerzas de seguridad, según declararon grupos de exiliados uigures.

Sin embargo, Pekín acusó a la líder uigur Rabiya Kadeer, considerada "terrorista" en China y residente en Estados Unidos, de incitar a la violencia por medio de llamadas telefónicas y "propaganda" a través de Internet.

Como en Tíbet

Según relataron algunos testigos y medios de comunicación, los manifestantes atacaron el domingo comercios, vehículos y casas, además de chocar violentamente con la policía. La televisión estatal mostró escenas de manifestantes que pateaban a personas en el suelo y a otros que estaban sentados con la cara cubierta de sangre.

El presidente de la región de Xinjiang, Nur Bekri, calificó ayer de "muy complicada" la situación en la zona. Según la agencia China Nueva, afirmó que se tomarán "todas la medidas para impedir que la situación se extienda a otras regiones". Las autoridades chinas también declararon que impondrían un toque de queda que regirá a partir de las 20 (hora local).

Algunos residentes de la capital de Xinjiang indicaron que las autoridades habían cortado Internet y la telefonía celular.

Además, la policía dispersó ayer a unos 200 "alborotadores" en el centro de la ciudad de Kashgar, la segunda en importancia de la región, cuando "intentaban reunirse" en la mezquita Id Kah un día después de los sangrientos disturbios. Afirmó que buscaba a unas 90 personas que supuestamente desempeñaron un papel clave en las protestas.

Los disturbios de anteayer tienen algunas similitudes con las protestas que estallaron en marzo de 2008 en el Tíbet, cuando los tibetanos atacaron, en Lhasa, a miembros de la etnia han en protesta contra lo que ellos describieron como las "represivas reglas chinas".

Junto a Tíbet, Xinjiang es una de las regiones políticamente más sensibles en China. En ambas regiones el gobierno central intenta mantener un estricto control sobre la religión y la vida cultural, a la vez que promete mejoras económicas y prosperidad.

Sin embargo, las minorías se quejan de que los chinos acaparan la mayoría de los beneficios de subsidios oficiales, mientras que ellas se sienten extranjeros en sus propios hogares. Ese es uno de los argumentos con los que milicianos uigures libran una campaña separatista desde que Pekín se apropió de la región, en 1955.

Reacción internacional

Gobiernos de todo el mundo condenaron con firmeza los sangrientos hechos ocurridos en China. La Casa Blanca declaró que se encontraba "profundamente preocupada" por los disturbios étnicos, y el vocero presidencial, Robert Gibbs, pidió "moderación" a toda la población de Xinjiang.

Por su parte, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, reclamó a Pekín que dialogue y que respete los derechos democráticos. También el primer ministro británico, Gordon Brown, solicitó "contención" a las partes y que los problemas en la región se resuelvan a través del diálogo.

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