Lo peor ha pasado, pero la crisis no

Con respaldo de Estados Unidos y el Reino Unido, triunfó la tesis de mantener la política de estímulos fiscales y regulaciones leves a los bancos. Amado Boudou destacó que se dejó de lado la política de "recetas únicas" del Consenso de Washington.
Los ministros de Finanzas del G-20 acordaron un borrador para la cumbre de presidentes de Pittsburgh el 24 y 25 de septiembre que compromete a los gobiernos a mantener el gasto fiscal y regular, pero no poner techo, el pago de bonificaciones a los banqueros. En el papel, la posición impulsada por el Reino Unido de seguir adelante con los programas de estímulo fiscal pesó más que la de Francia y Alemania, más preocupados por el fuerte déficit fiscal acumulado con tanto rescate del sistema financiero, inversión pública y reducciones impositivas. A tono con el anfitrión, el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, ejemplificó esta advertencia con la situación económica de su país para que quedara claro que se estaba frente al mayor desafío en generaciones. "El desempleo es demasiado alto, las condiciones para su recuperación sostenible lideradas por la demanda privada aún no se han dado", dijo Geithner.

El G-20 es un organismo informal, compuesto por los países desarrollados más naciones emergentes de Asia y América latina. Su papel se dinamizó tras el estallido de la crisis financiera mundial, ante el evidente fracaso de las políticas neoliberales que redujeron el rol de los Estados reguladores en general sobre la economía.

El tironeo en torno del gasto fiscal entre Francia y Alemania, por un lado, y Estados Unidos y el Reino Unido, por el otro, se ha convertido en un clásico de las cumbres del G-20: sucedió en abril, se repitió ayer. Al inaugurar la reunión, el primer ministro Gordon Brown advirtió a los ministros de Finanzas que no podía haber "complacencia o exceso de confianza" sobre la recuperación económica y que sería un error que países que están saliendo de la recesión redujeran el gasto fiscal y eliminaran reducciones impositivas.

La cumbre llegó precedida de crecientes señales de una aparente recuperación económica en algunas naciones clave. A nivel estadístico al menos, Alemania y Francia salieron de la recesión, Japón también, China volvió a su mágica cifra de crecimiento por encima del 8 por ciento, en el Reino Unido hay una recuperación de las ventas automotrices y la vivienda y en Estados Unidos se mezclan buenas y malas, sobre todo por los desalentadores índices de desempleo. Esto llevó a un debate creciente sobre los desafíos que plantea la salida de la crisis y qué tipo de recuperación económica se avecina con debates entre los especialistas que se parecen a una sopa de letras: si será en V (caída y recuperación brusca: crisis de 2001), W (doble caída y recuperación: la Depresión de los ’30) o L (caída, y achatamiento: Japón en los ’90).

En el tema de las bonificaciones a banqueros, que muchos consideran una de las causas que precipitaron la crisis, también primó un acuerdo entre la posición dura impulsada por Francia y respaldada por Alemania, frente a la más conciliadora del mundo anglosajón. El jueves, el primer ministro Gordon Brown pareció acercarse a esta posición al firmar una carta conjunta con la canciller Angela Merkel y el presidente Nicolas Sarkozy para terminar con las perjudiciales prácticas bancarias e insistir en que el pago y las bonificaciones debían "alentar una conciencia del riesgo financiero". Es decir, actuar como una herramienta de castigo a las malas prácticas. Ello se interpretaba como un apoyo a las imposiciones de límites al pago de bonificaciones.

Sin embargo, en el borrador de acuerdo alcanzado ayer pareció primar la posición de Estados Unidos y el Reino Unido, que rechazan la idea francesa de los límites por ley al monto de las bonificaciones. Según el borrador, las bonificaciones se pagarán al fin de un período de cinco años para poder medir el impacto a largo plazo de las decisiones tomadas por los banqueros. También se propone una cláusula de recuperación por la que se devuelven las bonificaciones en caso de que las inversiones resulten desacertadas. Una tercera manera de reducir el aliento al riesgo inherente en estas apuestas financieras que propone el borrador es que las bonificaciones se paguen con acciones de la entidad, de manera que la suerte de la inversión esté vinculada con la del banco en su conjunto.

Al igual que con el desacuerdo sobre el gasto fiscal, el borrador esconde fisuras en el tema de las bonificaciones. La ministra de Finanzas de Francia, Christine Lagarde, prometió antes de la cumbre que de ser necesario legislaría sobre los límites de dichos premios, haya o no acuerdo internacional al respecto. Los ministros solicitaron al Consejo de Estabilidad Financiera (FSB en sus siglas en inglés) que informe a la cumbre de Pittsburgh "en detalle de las propuestas específicas". Será la cumbre presidencial la que deba resolver, más por cuestiones políticas que técnicas, si las toma en cuenta o, eventualmente, las incorpora a algún esquema más ambicioso de supervisión y control.

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