El peor momento para el campo mendocino

Unos 15 mil productores locales ya empiezan a sufrir los efectos de la crisis financiera y la inacción estatal. Caída de los precios y de la demanda, aumento de los insumos y la competencia feroz de países como Brasil y Chile, acorralan a nuestra gente de campo. El "efecto damasco" puede trasladarse a durazno, ciruela, olivo... Y uva. El análisis, los números y los testimonios de los protagonistas en video, en esta nota.
La inacción estatal y la crisis internacional hacen blanco en estos días en parajes tan lejanos de las grandes ciudades como La Dormida. Ese pueblo de Santa Rosa, que nada sabe de las bolsas ni las hipotecas truchas de los grandes centros mundiales, se levantó esta semana ante la inminente pérdida de su producción de damasco.

Hablamos de un mercado minúsculo, pero que es el botón de muestra de lo que le puede pasar al resto de la producción frutihortícola mendocina: uvas, duraznos, ciruelas y aceitunas, entre otros productos. Esos frutos están por madurar y las reacciones de los productores buscan evitar una postal triste, pero real: la de los campos teñidos de naranja en Santa Rosa, por los damascos que maduran, caen al piso y se pudren.

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La desesperación aprieta por estos días las chacras. Pero la crisis comenzó a visualizarse hace unos cuantos meses. En abril, el mercado internacional para la producción del campo mendocino comenzó a cerrarse a tal punto, que hoy no entran todos. Antes, el objetivo fijado por la política de salvataje -luego de la crisis de 2001- era precisamente la internacionalización de los productos argentinos y la recuperación de la industria nacional devastada.

El conflicto del campo hizo lo suyo, ya que los 120 días que duró profundizaron la sensación de crisis. Ahora, la cosecha de damasco, al menos buena parte de ella, está perdida y el manto naranja hoy viste las hermosas plantaciones con un inusual color que no es precisamente de vida. El fruto del trabajo de miles de familias está muriendo: durante la semana se supo de que en una finca de La Dormida habían comenzado a cortar más de cien árboles de damasco.

Estado de situación

En Mendoza hay unos 15 mil productores (más la gente que trabaja con ellos, y sus familias) que viven de cultivar la tierra. Ganan dinero sí. Ganan cuando consiguen enfrentar las heladas, el año que no les toca el granizo, y cuando las frutas u hortalizas que producen tienen un precio adecuado.

En total, el valor de lo que cosechan los mendocinos alcanza casi los 1.388 millones de pesos, según datos del Comité Frutihortícola de Cuyo. Dentro de estas cifras, los cuatro principales productos son el ajo (con $210 millones), el durazno ($290 millones), la ciruela ($142 millones) y el tomate ($139 millones).

El damasco, en realidad representa sólo el 6% de la producción frutihortícola de la provincia. Pero mueve 17,3 millones de pesos ese fruto, que tiene la traicionera habilidad de madurar antes que ningún otro y “de golpe”, todo junto.

Durante los últimos años, alentados por el tipo de cambio y un auge general de la economía en el mundo, aquellos productores que tenían capacidad para operar con grandes volúmenes consiguieron posicionarse en el exterior. Y como el mendocino tiene la capacidad de entusiasmarse rápido con sus éxitos, las quintas de frutales se expandieron por medio de la reinversión.

Entre enero y octubre de 2008, según las estadísticas que maneja el Senasa, salieron desde Mendoza 32 mil toneladas de fruta en fresco, rumbo a Brasil (el 74%) y también hacia Italia, Rusia, Italia, Holanda y Paraguay, si lo nombramos en orden de importancia.

Pero el negocio cambió radicalmente en los últimos meses. La economista Claudia Escartín, a cargo de la empresa Frutas Escartín, de General Alvear, explica que “Brasil ha devaulado su moneda, pero los importadores pretenden pagar lo mismo que el año pasado en reales, que significa para nosotros un 50 por ciento más barato; mientras que los costos han subido un 25%”.

Además, en los mercados europeos los exportadores argentinos deben competir con aquellos de otros países que también han devaluado su moneda, como Chile, y por lo tanto son más competitivos en cuanto a precios.

La situación es realmente grave.

El rebote de la crisis en los campos

[Damasco-Productores-La Dormida-NOTA]

Los productores que invirtieron millones ahora quieren que alguien se haga cargo, no de toda la crisis que está en marcha claro, sino de la inacción frente a las advertencias de quienes de reojo ya venían mirando hacia "la boca del río". Los chacareros saben de la expresión y entienden, todos, que eso significa "peligro".

El asunto no es nuevo porque desde hace unos años se pueden observar fincas abandonadas, que se mezclan con hectáreas en plena producción. Para colmo, los dos años anteriores fueron castigados por la naturaleza y los precios fueron buenos, pero por una merma en la oferta.

Los que cultivan ajo comparten las preocupaciones de los que siembran damascos, donde hay algunos que ya comenzaron a arar la tierra con el manto naranja por temor a la aparición de la mosca del mediterráneo. Se sabe que, tras la muerte de un ser vivo, siempre viene la peste.

La sostenida caída de la rentabilidad del sector productivo estuvo anunciada, por ejemplo, por lo que le sucedió al mosto. El valor de la tonelada en el exterior cayó de u$s 1.400 a u$s 900. Pero hoy ya se habla de una fuerte posibilidad de que se cierren operaciones a $ 700, ya que la tracción del jugo de manzana proveniente desde Oriente es tan grande que la nivelación de los precios internacionales sigue a la baja.

En el caso de la pulpa de fruta, los precios en el mercado exterior marcaron la caída de distintos planes de ventas y, ahora, de producción, ya que no se puede financiar la cosecha. La tonelada de ese producto cayó al igual que el mosto, pero de unos u$s 1.700 a u$s 800.

Y la retracción en el consumo contribuyó a que también los planes, por ejemplo, de los fabricantes de mermeladas, sufrieran un duro golpe. Ahora, las elaboradoras tienen el stock suficiente para suspender la compra de fruta, cuyo precio es hilarante para quienes han estado todo el año bajo las inclemencias del tiempo cuidando el crecimiento de las frutas en las plantaciones.

Por eso, en Santa Rosa, primero tiraron fruta a la ruta por bronca, y después la embolsaron para no estar desperdiciando la única posibilidad de utilidad que podían llegar a rescatar los productores.

Cero ganancia y sólo pérdidas es la realidad de muchos. Y dicen que falta alguien que desde el Gobierno los mire directamente a los ojos. "Es duro tener que ver todo en el suelo. ¿Usted cree que a uno le gusta llegar a su lugar de trabajo y no saber qué hacer? De alguna manera no quiero que se desaproveche. No quiero cometer un crimen", dijo a inicios de la semana René Fornasín, productor de La Dormida.

Así es que aquellos productores que poseen fincas más pequeñas ahora estudian colocar la cosecha en los mercados de concentración (Mercado Cooperativo de Guyamallén, Mercado Cooperativo de Godoy Cruz, Mercado Cooperativo del Acceso Este, entre otros), a través de intermediarios, para que se venda dentro de la provincia.

Algunos también envían al resto del país, principalmente a Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Todo, con precios que se mueven a diario, hacia arriba o hacia abajo según la cantidad de fruta que haya en el mercado -con condimento especulativo- del mismo modo que sucede con las hortalizas.

Como cuando hay exceso de oferta el fruto madura sin conseguir clientes, la opción que les queda a los productores es recurrir a las 12 fábricas que quedaron en la provincia, luego de que a fines del los años ’90 acumularan deudas que las llevaron a la quiebra.

Para colmo, la inflación en los insumos

La historia también dice que los insumos, en forma opuesta a la depreciación del fruto de la tierra mendocina, han venido creciendo y, en algunos casos, agroquímicos y fertilizantes han tenido subas cercanas a un 200%. Esto, en una extraña suerte de inflación irreal con una progresiva ausencia del financiamiento.

Esta situación ha afectado, por ejemplo, a quienes siembran aceituna. Los dueños de los olivos ya esperan con temor la llegada de los meses de marzo y abriil, cuando madura la variedad Arauco (la que posee la mayoría de los productores en Mendoza).

Esa variedad que en la provincia se difundió merced de la demanda de Brasil, uno de los principales compradores de productos locales, ahora mira con preocupación hacia el país tropical. Es que Brasil ha sido afectado por la crisis global, ha dejado de programar compras y los productores ya lo saben. Observan a sus colegas del damasco y parece que se miran en el espejo.

En quince días, llega el momento de cosechar el durazno, luego comienza la uva –en sus distintas variedades-, seguida por la pera, el membrillo, la ciruela y la cereza y la realidad para todos es la misma. En términos de programación de negocios internacionales, los meses son segundos y ya se siente el dolor por adelantado.

Brasil y Chile sufren el mismo mal que Argentina. Pero el problema para los productores locales es que, como deciámos antes, ambos países han devaluado y son más competitivos con sus frutas.

En cambio, en nuestro país, no se avizora una devaluación del peso. "Entonces hablemos de un seguro de precios a futuro", disparó Carlos Quinteros, industrial del durazno para industria durante la semana.

Pero ya es tarde para hablar de planes para enfrentar la crisis con holgura. El problema está encima y el efecto dominó inició la ola. Por eso el inicio de la protesta en departamentos del Este.

¿La cura? No hay tal y el Gobierno no parece atinar en la búsqueda siquiera de una receta. Sólo espera una señal desde el centro del poder del país, "que parece no sobrepasar los 30 kilómetros a la redonda desde la Residencia de Olivos", ironizó Quinteros, el de los duraznos.

Lo único bueno que entonces puede llegar a suceder es que la población urbana se traslade ahora hacia el campo mendocino, a buscar fruta que seguro le van a regalar y así entre todos puedan armar una cadena para que "el postre" llegue a los hospitales, los hogares de ancianos, los comedores comunitarios, las escuelas, pero nunca a quienes no la merecen. De paso se conoce en directo lo que está sucediendo y no sólo a través de los medios y se recrea la vista.

A lo sumo habrá que esperar una media hora para retomar la marcha sobre la ruta, si está cortada en algún punto de abastecimiento de frutas para el viaje.

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