Un mal peor que la gripe porcina

Por: Ricardo Roa

Si no fuese porque da vergüenza sería un sainete. En un brote de furia, vecinos de un barrio mendocino se movilizaron hasta un hospital para impedir que un chileno fuese atendido. Apedrearon a un micro y se trenzaron con la Policía. Presumían que el extranjero tenía gripe porcina y que viajaba en ese ómnibus. Pero ninguna de las dos cosas eran ciertas. Y por la misma sospecha, un diputado del PJ provincial pidió que cerraran la frontera

El chileno, un instructor de tenis de 29 años que venía de su país con su hija, tenía fiebre. Fue detectado en la frontera y enviado por las autoridades argentinas a un hospital junto al resto de los pasajeros. El micro que los transportaba fue precintado. Al chileno le dieron un antiviral y quedó en observación. Hasta ahí todo razonable.

Los demás pasajeros retomaron el viaje en otro ómnibus. Para entonces la gente de la zona había comenzado a inquietarse como si una epidemia se le viniese encima. Y atacó el micro equivocado.

El temor de esos vecinos era injustificado aunque comprensible: creían que sus familias podían contagiarse. Pero ¿qué pretendían? ¿que no se le diese asistencia a un enfermo? ¿o que no se la diese sólo porque era chileno?

Que en medio de esta psicosis, incluso un diputado reclamase bloquear la frontera corre parejo con la decisión del Gobierno de suspender los vuelos directos a y desde Méjico. Lo hizo apenas un puñado de países. Y nada impedía viajar acá si se hacía en viajes con escala. Todo irrazonable.

La xenofobia es una enfermedad peor que la gripe porcina. Como en todas partes, la nuestra es selectiva. Odiamos a chilenos, bolivianos, paraguayos, peruanos. No hay nada que lo justifique. Y justamente por eso, es posible un sainete como el que ocurrió en Mendoza.

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