La peor "bicicleta" del diputado Duretti

El caso que vamos a tratar, es un compendio –real, desacantonado y cruel - de lo único que un político, por pillerías que puede hacer, no puede hacer, valga el juego de palabras.

Por Jorge Cagliani

Publicado en Bragado Informa

La noticia pasó casi inadvertida en las páginas del matutino La Voz de Bragado el sábado último y se siguió perdiendo tapada por la polvareda del drama dominical que produjo cuatro muertos en la patética ruta Nacional Nª 5.

Una carta de lectores que firman tres educadoras de una escuela local y que describen, con minucioso oficio docente – y tal vez sin saberlo – la cuasi perversa personalidad del diputado provincial Darío Duretti.

El texto, el cual recomendamos leer en su totalidad en el adjunto de esta nota, relata la odisea de una familia cuya pequeña asiste a la institución educativa y que, por causa de un serio accidente acaecido hace unos años, perdió parte de movilidad de uno de sus miembros inferiores.

Observando las docentes sus numerosas faltas a las clases y preocupadas porque no interrumpa su ciclo en este el ultimo año, se anoticiaron que para el traslado de la pequeña le era necesaria una bicicleta la cual en la situación que se encontraba la familia –con tratamientos en la salud de la pequeña – les resultaba imposible comprar.

Se les ocurre, según sus propias palabras, "la mala idea" de pedir ayuda a un político y aquí se hace menester hacer un alto para aclarar algo que siempre acotamos; Los políticos no son ni buenos ni malos, sino el resultado de la sociedad en la cual vivimos y de la cual forman parte activa.

Nadie nace de un repollo, lo que si es necesario aclarar es que los hay menos malos, teniendo en cuenta de que genéricamente el hombre, como la historia de Giges, solo practica la bondad cuando es controlado.

Todo esto para llegar al nudo de la cuestión: acosados por la necesidad de resolver el problema de la niña se contactaron el diputado Darío Duretti quién les tomó la dirección de la familia para entregarle en forma personal el rodado.

En un par de semanas, un secretario del legislador, se habría comunicado a la escuela ara hacerles saber que la bicicleta ya estaba, pero que debían arbitrar las medidas para que en la entrega de la misma a la beneficiaria Duretti pudiera tomarse una foto, en este sencillo pero no menos emotivo acto.

La situación se complicó cuando las docentes se anoticiaron que la niña no pudo formalizar el petitorio del Legislador, por lo menos en forma perentoria, por estar en tránsito varios días a la ciudad de La Plata a cumplimentar tratamiento y que a pesar de ello había sido necesario amputarle un dedo del pié.

Ante esta complicación el rodado se hacía cada vez mas necesario, razón por la cual se intensificaron los pedidos al presunto titular de Tierra Fértil a fin de agilizar el trámite, que requería el simple contrarecibo de una humilde foto para el catálogo de buenas acciones con dinero ajeno del dirigente.

Pero las excusas continuaron cada vez con más creatividad e ingenio, a fin de esquivar la entrega del rodado que, a estas alturas el hábil lector colegirá el porqué de tanta vuelta para hacerlo. Porque simplemente nunca la adquirió.

Esta actitud de crueldad supina trasciende los límites aún de los incumplimientos de promesas aceptables de la clase política y salpica a todos, buenos y no tanto.

Las clases no obstante ya terminaron, y la niña, como pudo y con la ayuda de familiares, se desplazó a la escuela, mientras que el bien comido legislador camina por los pasillos alfombrados del poder sin contemplar en su agenda tiempo ni en su chequera la exigua – para su presupuesto – suma del costo del rodado.

Un viejo profesor de filosofía explicaba esto de la bondad en el hombre, aduciendo que el hombre no es bueno porque realice actos buenos – mucho menos que se saque fotos en cada uno de ellos, digo yo –sino que realiza actos buenos porque es bueno. Y el valor moral se realiza a espaldas de la acción. (ya hubo dos comerciantes que le obsequiaron la bici)

Y retornando al mito de Giges, el pastor que halló un anillo de oro que puesto en su mano se hacía visible según lo colocara hacia adentro o fuera de su mano y entendiendo como la prueba máxima para el hombre justo, quién pudiendo obrar sin temor, sin ser visto, prefiere hacer el bien y no el mal, creemos que el legislador hizo su peor elección. Porque no se puede ser tan miserable con los más débiles.

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