Pensamientos íntimos de Carrió frente a una elección crucial.

Son días de incertidumbre para Elisa Carrió. Pero dice que está tranquila y segura. Sólo en la intimidad admite que podría darse un resultado personal adverso. "Estoy en manos de los porteños. Hay que esperar", confesó en las últimas horas en el living de su departamento de barrio Norte. Eso no la angustia, aunque le encantaría ser reconocida, como dice ante sus íntimos: "Después de tantos años de lucha, sería una injusticia que no nos voten".
La mayoría de las encuestas no dan los números que el Acuerdo Cívico y Social esperaba para dos distritos clave: la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.

"Lilita" nunca confía en las encuestas y sólo cree en lo que ve en la calle, en cada provincia que visitó con su socio político, Gerardo Morales. De él suele decir que es la "mejor pareja política" que tuvo en todos estos años. Se llevan bien y los que la conocen saben que eso no es fácil.

Hoy Carrió siente que ya no está apocalíptica, como otras veces en las que anunciaba cosas trágicas. Esa sensación de confianza y serenidad la atribuye a que "está más grande". También cree que es porque, como le gusta definir tiene un "desapego budista". En ese clima transita en estos tiempos. Fue una de las políticas más temidas por muchos dirigentes con poder, los denunció en la Justicia a muchos de ellos.

Ahora apuesta a que la fuerza que lidera salga fortalecida después de la elección para dar la pelea y ganar el 2011. Ella puede estar o no, mucho depende del resultado del domingo próximo.

Su ambición es que la fuerza política que integra el ARI, la UCR y el socialismo dupliquen las bancas que tienen en el Congreso y que sean la alternativa opositora con más votos en todo el país.

La opción del proyecto nacional del Acuerdo Cívico es su prioridad. Regresa a una banca en el Congreso no es, en realidad, algo que le agrade; siempre dijo que no volvería más. Lo toma casi como un sacrificio, un servicio.

Está contenta de haberse puesto tercera en la lista porteña, aunque recibió muchas críticas internas por esta decisión.

Su relación con Margarita Stolbizer, primera candidata del Acuerdo Cívico y Social es algo distante. Una fuente encumbrada de la UCR dijo que escuchó estas semanas las intensas quejas de Stolbizer sobre Carrió. Lilita siempre dice de "Marga", "es una chica muy seria, muy formada", pero entiende que tienen estilos diferentes.

En el entramado de relaciones en la oposición, la más difícil Carrió la tiene con el vicepresidente Julio Cobos. No en lo personal, porque no tienen trato. Ella se enojó con la foto de Cobos que sacó con Francisco de Narváez y para ella eso terminó por mostrar "el verdadero rostro del vice".

Cobos, por su lado, masticó bronca contra ella. Se queja en privado de que le quiere marcar la cancha todo el tiempo.

La cuestión de fondo es otra: la pelea electoral de 2011 que, en parte y para muchos de los protagonistas, se pone en juego en las próximas elecciones.

Si la lista que encabeza Alfonso Prat Gay hace una buena elección, Carrió mantendrá vivo su proyecto presidencial. En ningún caso se ha imaginado disputando con Cobos nada para 2011.

"No vamos a otra experiencia como la de la Rúa. No entregamos la causa", dijo en medio de la paz que le da estar en su casa después de tantos viajes de campaña.

Carrió está dispuesta a apoyar a otros radicales como Morales o el senador mendocino Ernesto Sanz. Pero no a un hombre que "se hizo famoso una noche en Senado" y que además eligió a los Kirchner en 2007. "Más radical que yo no hay. Nosotros somos de los radicales libres, como los del cuerpo", suele decir entre risas delante una de sus íntimas colaboradoras. Pero en ningún plan y ante ningún escenario está volver a la UCR.

Su inicio en la política fue en 1994 como convencional constituyente, apadrinada por Raúl Alfonsín. Un año después ganó una banca y después fue reelecta. En 2001 se fue de la UCR -"me fui para no traicionar", dijo una vez-, y luego fundó el ARI. Fue dos veces candidata a presidente y creo la Coalición Cívica, primer paso para otro nuevo acuerdo: con radicales y socialistas. Hoy está frente la posibilidad de quedar, incluso como ella dice, fuera del Congreso, si no alcanzan los votos. ¿Qué hay después?

Carrió también imagina una vida fuera de la política, no de las "causas" como dice en estas horas. No abandonará a la Coalición Cívica porque cree que quizá su misión ha sido ser, construir, pero no llegar. "Amo la libertad, no el poder", es una de las frases predilectas de la candidata a diputada.

"La derrotas no me tocan", aclara siempre, recordando las dos veces que perdió las presidenciales. En 2007 se había prometido no ser más candidata, casi cansada de que la gente la apoya en sus denuncias pero no la terminen votando.

Dice en la intimidad que nada de lo que ha hecho en estos quince años de vida política, hubiera sido posible sin la fuerza que le da la eucaristía diaria. Nunca dejó de hacerlo.

Hoy su imagen está muy lejos de la Carrió vestida de negro y con una enorme cruz en el pecho, por lo que recibía duros ataques de algunos políticos.

Años después admite que por ahí se le fue "un poco la mano con la religión", en esas épocas en las que llorando en su banca le dijo al ya fallecido dirigente socialista Alfredo Bravo: "Me voy de la UCR, les doy mi banca pero no tendrán mi conciencia".

Los que la conocen hace mucho tiempo saben que, además de su inquebrantable fe religiosa, Carrió es muy perceptiva. Cuando era chica solía tener sensaciones de cosas que le pasaban a otro. Ahora le pasa que recibe "la energía de la gente", de políticos. La buena y la mala, por eso, nadie lo sabe, pero hay días en los que se baña muchas veces por la "energía negativa" que recibe de algunas personas, más que nada de la política.

Después de las elecciones se irá al mar, como hace siempre y allí espera sacarse los nuevos kilos de más que le dejó la elección. Tiene salamines y quesos a montones. Patricia Bullrich, jefa de campaña del Acuerdo Cívico, la carga: "Lilita pará de hablar de los salamines, que cada vez que vamos a algún lado, nos llenan de comida".A Carrió le encantan las comidas en campaña y en los pueblos.

Cuando piensa en un futuro sin ella protagonista en la política se ve con sus hijos, sus amigas de toda la vida, con las que se ve siempre. También con su música, sus libros, y el infaltable "burako". También no descarta volver a su profesión original de abogada. Tuvo un estudio en su provincia natal, Chaco, que le dejó muy buenos recuerdos.

Pero si los resultados son buenos para ella en Capital, el sueño presidencial otra vez tomará vuelo. Por tercera vez. "Eso sí, yo hago un servicio por cuatro años y me voy", dijo. Estaba sentada en su sillón preferido.

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