El péndulo ahora estará del lado de la oposición

Por Jorge Rosales

¿Podrá salir la Argentina alguna vez de la trampa del péndulo? La búsqueda del equilibrio político, la discusión sin ataques personales y la construcción del consenso son materias pendientes en la política argentina. De siempre. Son parte ya de la historia. Parece que en la mente de los dirigentes políticos no se imagina otro escenario que el de andar a los saltos.

Esta semana se presentará un nuevo panorama. Jurarán el jueves los futuros diputados nacionales y la mayoría de la cámara quedará, en términos numéricos, en manos de la oposición. A partir de ese día los argentinos veremos un anticipo de la pelea permanente que -al menos es lo que se vislumbra hoy- dominará el escenario político de 2010. El péndulo pasará de un kirchnerismo sin contrapeso a una oposición con ansias de revancha por seis años de haber sido considerada por el poder un actor menor e innecesario.

La oposición pretende tomar el control del Congreso para arrinconar al Gobierno. El kirchnerismo intenta, frente a esta embestida, retener el mayor número de legisladores utilizando las herramientas de siempre y de las que el gobernador electo de Corrientes, Ricardo Colombi, puede dar fe: el apriete y la cajita feliz.

¿La embestida opositora para controlar el Congreso es lo que pide sociedad? Uno de los mensajes centrales de la elección de junio fue la necesidad de alcanzar consensos. Por eso inclinó la balanza en favor de la oposición para poner un contrapeso a un Gobierno sin freno. Un resultado adverso, en un escenario teórico, obliga al gobierno derrotado a buscar acuerdos para poder seguir adelante con la gestión. Pero el kirchnerismo respondió con un mensaje definitivo: la gente votó la profundización del modelo. Y le dio la espalda al resultado y avanzó, como quien se queda sin tiempo, para tratar de conseguir todo antes del recambio legislativo. Así, se aceleró la brecha entre el espíritu de lo votado en junio con la realidad de todos los días.

En pocos días, oficialismo y oposición estarán casi igualados, en términos numéricos, en el Congreso. Los primeros seguirán teniendo la obligación de gobernar y los segundos, la de controlar los actos de gobierno. La oposición tendrá una enorme responsabilidad. En ella buena parte de los argentinos depositan sus esperanzas, por eso tendrá que hacer un esfuerzo para convencer a la sociedad que su arremetida en el Congreso es mucho más que una búsqueda desesperada de espacios de poder en la pelea por la Casa Rosada en 2011.

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