Peñarol igualó la serie y le puso más suspenso a la final.

En otro duelo parejo, marcó la diferencia en el tercer cuarto. El martes va el quinto partido en Córdoba.
Los lobos marinos pidieron piedad todo el santo día en la Rambla. La sudestada y la llovizna hicieron de la costa un calvario. Pero el Polideportivo fue una hoguera: 7.500 fanáticos de Peñarol vieron el segundo tiempo de pie, con el corazón a mil y la garganta desahuciada. La disfonía de hoy vale la pena, porque el 77-68 de anoche sobre Atenas igualó 2-2 la final de la Liga Nacional, que seguirá el martes en Córdoba.

Hay que tener aguante y buena salud para seguir esta serie. Que la NBA siga con el showtime. Acá se defiende al límite, se bajan manitos de más, se suda cada punto y se paren las victorias. Como lo vivió anoche Peñarol, que recién se desahogó a dos minutos del final.

Nervios y más nervios. Nervios de Sergio Hernández, que se mete en la cancha y no llega al cara a cara con el fantasma de David Jackson (1-7 tiros de cancha) sólo porque Pablo Estévez le grita. Nervios de Rubén Magnano, "sacado" con Bruno Lábaque, que lo enfrenta y "come" banco por un rato. Es una final y mandan las pulsaciones en todo el estadio.

Se dan duro desde temprano y Atenas suma 5 faltas en cuatro minutos. Pero funciona el tiro de cinco metros de Andre Laws (9 en el primer cuarto) y Leo Gutiérrez dice presente para que su equipo no decaiga. Tato Rodríguez y Román González son la manija de Peñarol y ninguno saca ventaja.

Hasta que Gutiérrez clava dos triples y Osella da de comer con su gancho para que Atenas se adelante 30-22. Tiempo muerto. Entra Sebastián Vega y comienza a jugar el partido de su vida: 8 puntos para un parcial de 10-0 que le da ventaja al local (32-30). Pero Atenas cierra mejor con Locatelli y termina 40-37 el primer tiempo.

El Polideportivo espera expectante, mientras arreglan los bollos de los aros, después del 3-18 en triples de ambos equipos. Con una rachita de Johnson, más el aporte de Rodríguez y González, Peñarol sacó 8 tantos de ventaja (55-47) a un minuto y medio del final del tercer cuarto. Y Atenas masculló bronca son sus escuálidos 8 tantos en el período.

Figueroa encabezó la remontada visitante con tres bandejas y a volver a empezar. Otra vez más la paridad, la definición cerrada, la tensión al tope. Hasta que Tato bombardeó a distancia para el 71-66 a dos minutos del final y todo cambió. Locura en las tribunas, dominio psicológico local en la cancha y una tremenda tapa de Vega a Locatelli para sacar el pasaporte a por lo menos dos partidos más. Que siga esta fiesta...

Comentá la nota