Peña, más cómodo en la retaguardia

Por: Pablo Sirvén

Un brazo derecho no es lo mismo que un cerebro", quien lo dice es alguien que conoce a Marcos Peña como si lo hubiese parido. La afirmación tiene doble lectura: la primera exculpa al jefe de Gabinete de los desaguisados del gobierno de Cambiemos y coloca la responsabilidad exclusiva en el presidente de la Nación; la otra manera de ver el tema apuntaría a que el puesto que tiene Peña y que, según dispuso la reforma constitucional de 1994 le asigna la administración del país, podría quedarle grande en circunstancias tan complicadas como las que atraviesa actualmente el país.

Esa persona que lo conoce bien desde hace tanto tiempo destaca su capacidad para preservar la calma, saber contemporizar y ser firme y tenaz. Pero ¿es suficiente?

No solo Marcos Peña sobrevivió al tsunami que redujo al megagabinete de Mauricio Macri a tamaño mediano, en 2018, sino que al replegarse y salirse del primer plano pudo esquivar mejor las balas mediáticas que buscaban sacarlo de circulación.

¿Qué pasa dentro de su cabeza en estos días en que el mercado cambiario volvió a agitarse? Por cierto, un alivio por no tener que salir a poner la cara siempre a favor de Cambiemos en medio de las nuevas "tormentas" (tal como el presidente Macri describe las sucesivas turbulencias). Prefiere comunicarse a la distancia con la "Carta de Jefatura", su periódico envío por mail, más impersonal, en el que expone temas sucintamente y con datos duros.

Peña le encontró rápido el gusto al perfil bajo resguardado en la retaguardia, que le deja más tiempo al trabajo de puertas para adentro, lejos de micrófonos y cámaras, ahora hiperconcentrado en las estrategias para la campaña electoral en ciernes.

Sin embargo, tras varios meses de sostenerse lejos de la gran vidriera mediática, hoy Marcos Peña retorna a ella mediante sendas entrevistas otorgadas a LA NACION y aClarín con su habitual estilo apocado y poco dado a las revelaciones contundentes. Por eso le resultó cómodo en los últimos tiempos que la vocería rotara entre los ministros de manera de no empoderar a ninguno en particular.

Así, en la semana corta pero intensa que pasó, le tocó ese mal trago al ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, quien dijo que el Gobierno no estaba preocupado por la taquicardia cambiaria. Tuvo la pésima suerte de que saliera a cruzarlo alguien que llama la atención de los públicos más populares: Marcelo Tinelli.

Ventajas de un Peña retraído: esquivó la cachetada mediática del popular animador. "Es una parte menos de la que me tengo que ocupar que da mucho desgaste", suele explicar el jefe de Gabinete a quien todavía se sorprenda por su actitud minimalista de los últimos meses y que hoy decidió romper.

El funcionario que goza de la mayor confianza del presidente Mauricio Macri se cura en salud de la fatiga de tantos años de ser el que siempre daba la cara. El primer diseño del Gobierno, con un gabinete amplio y una mesa de control manejada por Peña, secundado por Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, con una concentración enorme en la vocería, lo exponía a ser chivo expiatorio de todos los problemas, que se acentuaba por su optimismo excesivo a la hora de teorizar sobre una realidad que a todo el mundo le resultaba mucho peor. Es que siendo hijo de un prestigioso especialista en relaciones económicas internacionales -con quien hizo sus primeras armas como asistente ad honorem en tiempos del menemismo- y de una catequista, sobrino de una monja y de un sacerdote, y él mismo, monaguillo de pequeño, en Peña "evangelizar" con alegría y sin matices a favor de Cambiemos es algo innato, pero que puede resultar contraproducente en tiempos de marcado malhumor social porque a muchos irrita más que convence.

"Son etapas -suele explicar cuando le preguntan sobre ese cambio tan ostensible-; cuando estábamos en la Ciudad sucedió igual y arrancamos con mayor centralización de las decisiones. Ahora pasó lo mismo. Hubo un tiempo de aprendizaje y de crecimiento. La crisis, probablemente, generó clarificar roles y la actual mayor delegación permite fortalecer los ministerios".

Menos expuesto, por decisión propia, a la vidriera pública, Peña maneja más cómodo y sin tantas interrupciones las estrategias electorales y los distintos armados de listas.

No se quiso ir de vacaciones al sur -recorrió con su familia 2500 kilómetros por Santa Cruz y Chile- sin dejar antes resuelto uno de los enigmas del verano que más lo preocupaban: el amague de desdoblar las elecciones bonaerenses de las nacionales pasó a ser solo un recuerdo, y Peña se pudo ir a descansar tranquilo. Son los momentos que el jefe de Gabinete más disfruta, "el tiempo del alineamiento con todos tirando para el mismo lado". Es cuando el vínculo intenso con Jaime Durán Barba más se estrecha. Y no lo oculta: "Pensamos, charlamos, analizamos; es parte de la reflexión permanente".

Siempre atento al tema de la comunicación, su atención está más puesta en "el aumento de la conectividad digital que marca un cambio en los consumos de la audiencia" que en los medios tradicionales. Lo fascina: "Es un terreno que cambia permanentemente, pero lo más importante al fin del día es la consistencia". Una asignatura aún pendiente.

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