En pelotas

En pelotas
Pipo se cansó y tiene decidido irse mañana pase lo que pase frente al Ciclón. El DT cerró su teléfono y plantel y dirigentes se enteraron por la prensa...
"Se cansó. Siente que lo traicionaron. ¿Quiénes? Todos: los dirigentes y también los jugadores".

River no deja de sorprender, de superarse en situaciones insólitas, inesperadas. ¿O cómo puede definirse que la misma persona que diez días atrás aseguró que no renunciaba porque "le haría mucho daño a la institución", ahora tenga tomada la decisión de irse pase lo que pase mañana frente a San Lorenzo? Sí, Néstor Gorosito, el de las pelotas suficientes para quedarse a cumplir su contrato, se quiere ir. Está convencido de hacerlo. ¿Por qué? Se hinchó esas pelotas que hasta hace poco le sobraban. En estos días vio la realidad de otra manera, la vio, y se dio cuenta de que ya no tiene nada más que hacer en el banco de suplentes. ¿Qué harán los dirigentes a los que ayer no les respondió los incesantes llamados? ¿Irán hoy al entrenamiento matutino para intentar hacerlo cambiar de parecer? ¿O, como algunos propusieron, se adelantarán a la jugada de Pipo y no lo dejarán dirigir mañana? ¿Qué le dirán los jugadores que le prometieron respaldo y se enteraron por la prensa de la noticia?

"Me pidió que les confirmara el equipo, les diera la lista de concentrados y se disculpó porque se tiene que ir rápido y no va a dar la conferencia", avisó Ricardo Dasso, el coordinador de prensa, sobre el cambio de la rutina habitual cuando todavía la bomba no había explotado. Así, Gorosito se fue en silencio del predio de Ezeiza y al rato sí, la noticia ya rebotaba en todos lados provocando un desconcierto generalizado entre los jugadores y los dirigentes. Ninguno de ellos sabía nada. Mucho menos, entendía nada. "No puede ser, si hace una semana nos reunimos todos y quedamos en tratar de sacar esto juntos", se escuchaba en el Monumental. "No puedo opinar, a nosotros no nos dijo nada", admitía, sorprendido, el capitán Marcelo Gallardo, el último en salir del vestuario.

La gran pregunta es ¿por qué? Y hubo varias respuestas. La traición fue un sentimiento que nació desde alguien muy cercano al técnico, que explicó que el hombre de los rulos se dio cuenta de que los dirigentes sólo lo respaldan por una comodidad política mientras tientan a otros entrenadores para el 2010 y que el grupo de jugadores que lo banca es mucho menor al de los que no lo pueden ni ver. Con esa mirada se conjuga el rumor de que le cayó mal que algunos players le cuestionaran el cambio de Fabbiani por Villalva ante Gimnasia, aunque suena extraño teniendo en cuenta que antes no le había molestado que le pidieran que borrara al Ogro del equipo titular. "No le cuestionamos nada, no hubo quilombos con él", sentenció un referente. Por otro lado, se dijo que Pipo bajó los brazos en el mismo instante en que el domingo, Juan Cuevas transformó en 2-2 un 2-0 a favor que estaba para goleada, que ése fue el click que le hizo notar que --aunque su mensaje no llegaba desde antes-- ya no podía dar vuelta la historia.

Cuesta entender este desenlace cuando hace diez días se firmó el Pacto del (no) Olivo entre los dirigentes, Gorosito y los jugadores, representados por Almeyda, Gallardo y Ortega. Cuesta entender que las palabras del técnico ("lo más fácil sería sacarme la responsabilidad de encima y dejarles el problema a los jugadores y a los dirigentes", "tenemos material y la entereza suficiente para hacer lo imposible para revertir la situación") duraran tan poco. Cuesta entender por qué no renunció cuando los dirigentes pedían su cabeza, cuando quedó afuera de un torneo internacional por segunda vez en el año en primera fase o cuando reconoció que no sabía cómo transmitirle su mensaje al plantel.

Lo cierto es que su decisión cayó pésimo en todo el Monumental. "No nos puede hacer esto, cómo se va a ir. Y cómo les va a avisar a ustedes antes que a nosotros", repetían, indignados, los futbolistas, mientras los dirigentes se cansaban de marcar el número de celular de Gorosito y sólo escuchaban el "Néstor" que Pipo grabó en su contestador. Como el lunes posterior a la derrota ante Arsenal, el técnico apagó su teléfono. ¿Qué pasará hoy? Gallardo y Almeyda se comunicaron con Mario Israel y Fito Cuiña y quedaron en hacer otra cumbre durante el entrenamiento matutino para que ahí el entrenador blanquee la idea que viene meditando desde hace unos días y que solamente le había contado a su entorno más íntimo. ¿Hasta adónde llegará la bronca? ¿Le mostrarán la puerta de salida hoy mismo? ¿O, todo lo contrario, tratarán nuevamente de convencerlo para que siga poniéndole el hombro a la situación? Sobre esta última opción, no hay que olvidarse de una experiencia que suele contar José María Aguilar. "Cuando alguien se quiere ir, hay que dejarlo. Yo le insistí a Astrada para que se quedara y después renunció a la cuarta fecha. Fue un error", repite el presidente.

Gorosito tiene la decisión tomada. Se quiere ir mañana, gane, pierda, empate, se suspenda el partido, lo aplaudan o lo sigan insultando. Ya no le importa cómo viene el San Lorenzo de Simeone, casualmente, su antecesor. Ojo, hace un mes, Pipo también estaba convencido de sacar a Vega y poner a Navarro, y después reculó al ver las reacciones que se generaron. Así, en River cualquier cosa puede pasar... Hoy, Pipo dijo basta en la intimidad. Se quedó y dejó a más de uno en pelotas.

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