Las pelotas no se doblan

ECUADOR 1 - URUGUAY 2: La Celeste estuvo dos minutos fuera del Mundial, pero en la altura de Quito resurgió de las cenizas. Con inteligencia y coraje lo dio vuelta y llega vivo a la batalla del Centenario.
No puede ser cuento. No. Algo hay. Y llamalo como quieras, mística, historia, estirpe. Sangre. Aunque tampoco te rompas el marote, ni falta que hace desempolvar el diccionario para darte cuenta de que lo que hizo Uruguay se llama, lisa y llanamente, tener los huevos bien puestos. Lisa y llanamente, pese a que lo haya demostrado en la altura. Ya lo dijo Passarella: en Quito, las pelotas no se doblan.

La Celeste estuvo durante casi dos minutos fuera del Mundial (los mismos que le aseguraban el Repechaje a Argentina). Y ni eso lo desmoronó. Al baldazo de Valencia, a la sensación de injusticia por todo lo que venía realizando y el grosero penal que no le dieron, llegó la impensada bocanada de frescura. Las incansables piernas de Forlán para alcanzar el fondo y la astucia de Suárez para dormir a Espinoza en la estocada. Resurgió de las cenizas, Uruguay. Volvió a nacer y sepultó el epitafio.

Ya estaba hecha con el porotito la selección de Tabárez. Es lo que fue a buscar a los 2.850 metros de Ecuador, porque sabía que para llegar con vida a la batalla del Centenario, primero debía no velar las armas en el Atahualpa. Y el Maestro dio cátedra de cómo se plantea un partido en la altura, con paciencia y, sobre todo, solidaridad. Pues el coraje encontró su capítulo épico, milagroso si se quiere, gracias a que en ningún momento los pupilos charrúas se apartaron del libreto. Todos se comprometieron con la causa, todos corrieron, todos metieron, todos jugaron como si hubiesen nacido en las nubes, al punto tal que el aire les sobró para ganarlo en el último minuto del descuento, con una contra letal que no fue penal, pero en cual se cobraron aquél que le debían. Y Cachavacha, claro, no por nada doble Botín de Oro en Europa, evidenció que es el distinto de Uruguay: como si estuviera en un potrero de Montevideo, pateó el penal perfecto en la situación más dramática. Y, de paso, la Celeste triunfó en Quito luego de 24 años.

Uruguay jugó su primera de estas dos finales rumbo a Sudáfrica. Argentina también. Uruguay la ganó 2-1. Argentina también. Uruguay lo hizo con el último respiro. Argentina también. Pero entre tantas similitudes hay una diferencia sustancial y tiene que ver con los modos. Si el miércoles en Montevideo, Uruguay juega como en Quito y Argentina como en Núñez, la única que le queda a Maradona es prenderle una vela a la Roja de Bielsa. A no ser que los muchachos de Tabárez hayan dejado su última gota en Ecuador.

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