La pelota se puede manchar

Por: Néstor O. Scibona.

Los seis meses de transición hasta la conformación del nuevo congreso no serán un período de duelo para el kirchnerismo tras su derrota electoral.

Ante la impotencia de la oposición, ya se aseguró allí dos de sus objetivos más preciados para no resignar el poder que le otorga el uso discrecional de la caja: el manejo de las retenciones por un año más y la ampliación efectiva de los superpoderes para reasignar partidas presupuestarias.

Con esta base, Cristina Kirchner pudo cumplir, en sociedad con la AFA, el mayor sueño de cualquier político populista: estatizar la transmisión por TV del deporte que más pasiones y televidentes convoca, y subsidiarlo en buena medida con la publicidad oficial, cuyo manejo también pasó a estar monopolizado desde hace pocas semanas por la Casa Rosada.

Tal vez el entusiasmo que provocó esta movida en el oficialismo llevó a la Presidenta a su desafortunada comparación del secuestro de goles con el de víctimas de la última dictadura militar. Claramente, el forzado argumento no favorece su decisión de reemplazar un monopolio privado por otro estatal: en aquella época, la televisación oficial del fútbol se encargaba de ocultar las pancartas que denunciaban las desapariciones, al tiempo que los avisos proclamaban que los argentinos eran derechos y humanos. Poco después del Mundial ?78, Julio Grondona iniciaba su reinado de 30 años al frente de la AFA.

Néstor Kirchner tampoco se privó de utilizar al fútbol como medio propagandístico: meses atrás, las barras bravas de Boca y de River coincidieron insólitamente en mostrar banderas de idéntico diseño y tipografía reclamando fútbol gratis por TV, que la transmisión privada del clásico se ocupó de pasar por alto. En aquel momento comenzaba la ofensiva contra el Grupo Clarín a través de la polémica reforma a la ley de radiodifusión de 1979.

Ahora, con la ayuda de la AFA y sin pasar por el Congreso, el kirchnerismo estatizó la televisación del fútbol para subsidiar con el dinero de todos el desmanejo de muchos clubes. Como prueba de buena voluntad, y a través de los superpoderes, ya les anticipó casi 100 millones de pesos que desvió de la asistencia a provincias, algunas de las cuales -como Buenos Aires-tienen problemas para pagar sueldos a sus empleados, como los clubes a sus jugadores.

El matrimonio Kirchner y Grondona comparten la misma vereda: no tienen límites para comprometer gastos, ni tampoco para romper reglas o contratos a la hora de buscar recursos para cubrirlos.

Los 600 millones de pesos anuales que el Gobierno le garantiza a la AFA por 10 años no podrían ser atendidos exclusivamente por la publicidad oficial, que en 2008 alcanzó la friolera de casi 400 millones, después de multiplicarse por nueve en los últimos seis años de gobierno kirchnerista. Sería un despropósito que esta cifra aumente aún más y se concentre sólo en la televisación del fútbol como subsidio. Pero tampoco la publicidad privada podría solventar ese gasto, teniendo en cuenta que el total anual apenas supera los 1000 millones y menos de una quinta parte se destina al fútbol. La venta de derechos a la televisión privada, abierta y por cable, es la pata que aún resulta una incógnita para determinar si este "gran negocio", como lo definió CFK, puede cerrar razonablemente o significará una nueva carga para el incipiente déficit fiscal, que en 2009 terminará con un invicto de seis años de superávit kirchnerista.

Señales contradictorias

Para todos aquellos que tratan de descifrar las claves de lo que vendrá en materia económica, esta cuestión es un motivo más de desconcierto. Por lo pronto, la falta de liderazgo opositor y de una estrategia articulada frente a este período de "mayoría transitoria" oficialista, hacen que el tránsito hasta el 10 de diciembre se presente tan imprevisible como muchos temían.

Detrás de cada avance del kirchnerismo hay una justificación político-ideológica que aporta más desconfianza, justo cuando la actividad económica parece haber dejado de caer y no hay señales internas que faciliten el despegue.

La prórroga de las facultades que permiten al Ejecutivo el manejo irrestricto de las retenciones es un desincentivo para la producción de trigo y maíz, cuyos saldos exportables se han derrumbado. Lo mismo ocurrirá con el previsible veto presidencial a la ley que, tras una inexplicable distracción oficialista, se coló para suspenderlas o reducirlas en casi la mitad del territorio bonaerense. Paradójicamente el kirchnerismo apuesta, para mejorar la recaudación de 2010, al éxito de la próxima cosecha de soja, el único cultivo rentable. Pero como contrapartida, también amenaza con modificar el régimen legal de arrendamientos rurales, que contribuyó al "boom" sojero. No es todo: incluso podría avanzar con un anacrónico proyecto de regulación de alquileres urbanos presentado por la senadora Teresita Quintela, que desconoce que el principal problema en este mercado es la inflación.

Con una perspectiva fiscal cada vez más estrecha, el ministro Amado Boudou apela al pragmatismo para conseguir financiamiento fuera del sector público. El canje de bonos ajustables por CER es un ensayo limitado (involucra vencimientos por algo más de 2000 millones de dólares), que implica reconocer sin autocrítica que el índice del Indec no es creíble. Pero será un problema extenderlo a todos los títulos con esta cláusula en poder de organismos públicos (casi 40.000 millones de dólares), ya que quedarían indexados a la tasa de interés y obligarán a la amortización anual de capital, con mayor costo fiscal. La transparencia estadística también será crucial para normalizar la "relación institucional" con el FMI que intentará iniciar Boudou.

Por ahora, en tanto, el Tesoro recibe como ayuda extra las utilidades transferidas por el Banco Central por diferencias de cambio. Según un cálculo realizado por un banco privado de primera línea, implica que por cada 50 centavos anuales de aumento en el tipo de cambio nominal, el ingreso fiscal es de unos 15.000 millones de pesos. También el BCRA busca la forma jurídica de destinar al Tesoro la cuota que ingresará en los próximos días por el aumento en el capital del FMI (unos 2400 millones de dólares). El argumento es que se trata de un aporte extraordinario por única vez, que el Tesoro destinará a pagar obligaciones externas sin efecto monetario y ello evitaría una mayor volatilidad en el nivel de reservas, que bajaron tras el último vencimiento de Boden 2012. Todo puede ser válido cuando se trata de tapar baches en las necesidades de financiamiento de un aparato estatal que hace del aumento del gasto a dedo su razón de ser.

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