La pelota en la otra cancha

La pelota en la otra cancha
El Gobierno consiguió cerrar la semana con una perspectiva favorable, desactivando de momento el enfrentamiento con los sectores agropecuarios.
Todo indica que se tratará de un alivio pasajero: lo más probable es que mañana Catamarca haga volver las caras serias a Olivos.

El factor que incidió en el cambio de clima fue la irrupción de la presidenta Cristina Kirchner en la reunión que la Mesa de Enlace mantenía con los ministros Florencio Randazzo y Débora Giorgi. Los propios ruralistas contaron que hasta ese momento el encuentro transitaba por senderos ya gastados y que fue la aparición presidencial lo que permitió que horas después pudiera anunciarse un acuerdo, aunque sea parcial.

Se sabe que los Kirchner son muy dados a las sorpresas. La Presidenta venía criticando a los productores en sus discursos –por cierto, en un tono general más conciliador– y nada hacía pensar que pudiera resolver darse una vuelta esa tarde por el despacho de la ministra de Producción. Para que el golpe ideado en Olivos tuviera efecto, también influyeron en el ánimo de los dirigentes ruralistas los gestos amigables con los que vino acompañado. Por ejemplo, que quedara en suspenso el proyecto de participación estatal en el comercio de granos, que las entidades rechazan aun antes de saber de qué se trata. También, que Cristina Kirchner los invitara formalmente a sumarse al Consejo Económico y Social en preparación. El Gobierno no necesitó hacer más concesiones: el acuerdo no va más allá de lo negociado por Julio De Vido y el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, en aquellos ya famosos encuentros reservados del verano.

Aunque limitado a la carne, la leche y el trigo, el anuncio sirvió para bajar los decibeles de un conflicto que la oposición se muestra ansiosa por mantener en lo alto, como en aquellos gloriosos días de la lucha contra la 125. El primer indicio de esa avidez opositora fue la audiencia pública de la semana pasada en el Congreso, convertida en escena en un acto de fe antikirchnerista.

La confirmación la ofrecieron al otro día del acuerdo, que para algunos cayó como una bomba, casi una muestra de traición. La estentórea pelea entre Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli patentizó las internas que existen entre las entidades agropecuarias en general y, en este caso, la Federación Agraria en particular, por la extensión de la rebeldía. Por su lado, en el frente “pro-campo” que conforman los dos principales bloques opositores se generó una brecha y buscaron primerear al otro en su reacción.

Elisa Carrió, junto al radical Gerardo Morales, llevó lo suyo un paso más allá al asegurar que tomaría la representación de “los que quedaron a la vera de la ruta”, como si los problemas de los productores ya fueran más su competencia que de la Mesa de Enlace. Peronistas disidentes y macristas, aconsejados por el inefable Jaime Durán Barba, vienen exhibiendo un perfil más moderado. Se reunieron con los ruralistas en el Congreso y apuntaron a elaborar un proyecto de “consenso” para bajar las retenciones.

El desfile de ayer en la emblemática Expoagro, que continuará hoy y seguirá en los próximos días, dio otra muestra cabal de dónde están cifradas las expectativas de la oposición.

Sin el conflicto acaparando la atención mediática, el Gobierno gana aire. Cada vez hay menos dudas de que Néstor Kirchner será el candidato del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Habitual punta de lanza de las movidas K, Carlos Kunkel adelantó que la postulación del ex presidente es un reclamo generalizado dentro del justicialismo. De inmediato, se difundieron encuestas que ubican a Kirchner trece puntos por encima de su más cercano perseguidor, el diputado multimedia Francisco de Narváez. Kirchner ya ensayó palabras amistosas hacia los “dirigentes patronales” del campo, bastante diferente al tono que prevaleció en los actos del año pasado durante la pelea.

Sin el conflicto en el tapete, al oficialismo le resulta más creíble sumar para su cosecha los votos del justicialismo de provincias como Santa Fe y Córdoba, donde Carlos Reutemann y Juan Carlos Schiaretti marcan diferencias con la Casa Rosada sobre esta cuestión.

Gancho opositor

Sin la bandera del campo, a la oposición le cuesta horrores encontrar un discurso con gancho, sobre todo en estos tiempos de crisis planetaria. En ese sentido, nada más raro que escuchar a Carrió proponiendo que la Argentina vuelva a endeudarse con el FMI para cubrir el bache en las cuentas fiscales que provocaría la eliminación de las retenciones, en un momento en el que el mundo entero habla pestes de los organismos financieros internacionales.

En esa misma conferencia, Carrió se mostró disponible para encabezar las listas de la Coalición Cívica en la Capital Federal, una jugada de la que algunos en su entorno no quieren saber nada. Las encuestas ubican a Carrió unos quince puntos por debajo en intención de voto respecto de la vicejefa de Gobierno Gabriela Michetti. Una derrota de ese calibre tacharía anticipadamente a la líder de la Coalición Cívica de la lista de los presidenciables para el 2011, dejándoles el terreno allanado a otros aspirantes de esa alianza, básicamente Julio Cobos. En su favor hay que decir que el candidato alternativo que imaginó para la CC, el ex presidente del Banco Central Alfonso Prat Gay, ni siquiera asoma la cabeza en los sondeos.

“La verdad es que estamos en problemas. La perspectiva hoy es salir segundos en la Capital y terceros en la provincia, con muchas chances de perder también en Santa Fe si va Reutemann”, analizaba esta semana un ladero de Carrió.

La otra entente opositora también tiene sus bemoles. En la provincia de Buenos Aires el clima quedó espeso con el misterioso paso al costado del primo Jorge Macri, que coincidió con la insólita aparición de un PRO “disidente”. En el distrito aún deben resolver la disputa entre Felipe Sola y De Narváez por ver quién encabeza la lista. Mauricio Macri ya elaboró la propuesta de que el ex gobernador abandone esa pretensión quedándole a cambio la jefatura del bloque de diputados, con el protagonismo que ello implica. Además, la mujer de Solá tendría un lugar expectante en la boleta.

El otro problema es convencer a Michetti de ser candidata a diputada en una elección unificada. Jefe y vicejefa tienen pendiente una reunión, aunque la creencia en las filas macristas es que Michetti ya no tiene espacio para insistir en una idea –la del desdoblamiento– que sólo parece cuadrarle a ella.

Aires de oficialismo

La resolución parcial del conflicto le dio aire al Gobierno y lo puso más en línea con las aspiraciones de “la gente”, con la que tan mal se llevó durante el año pasado. Según un sondeo elaborado esta semana, más del 60 por ciento de las personas quieren que se terminen las protestas en la ruta y desean que los dirigentes rurales lleguen a un acuerdo a sus reclamos. Que en Olivos conocen esos datos se notó en los últimos discursos de la Presidenta, insistentes en sus pedidos de fin de los cortes y de las “confrontaciones estériles”.

Pero eso no significa que los entuertos del oficialismo estén todos encaminados. Sería largo ir al detalle del distrito por distrito, pero, por ejemplo, en Santa Fe, todavía no consiguieron encarrilar las diferencias entre Reutemann y Agustín Rossi. El jefe del bloque de los diputados K amenaza con encabezar una lista paralela que le serviría el triunfo en bandeja al socialismo en octubre. Otro caso: en Capital, el kirchnerismo ni siquiera consigue consensuar un candidato y cada semana se echa a rodar un nombre diferente. Ningún ensayo convence al ex presidente.

Como hacía cuando aún estaba en la Rosada, Kirchner resolvió ponerle el cuerpo a una disputa provincial, en este caso la elección en Catamarca, la que inicia el año electoral. Es una lógica en la más arraigada tradición K: se pelea donde haga falta, sin regalarle un metro a nadie aunque también pagando los costos en caso de un traspié, como ocurrió en Misiones la vez del intento reeleccionista de Carlos Rovira.

El ex presidente convocó tiempo atrás a las diferentes líneas de peronismo provincial que llegaron a Olivos de la mano de su ex cuñado, Armando “Bombón” Mercado, y del operador justicialista Juan Carlos Mazzón. En Gobierno se preocuparon en destacar que no hubo una alianza con Ramón Saadi y Luis Barrionuevo, sino que los dirigentes que estaban con ellos se sumaron a la cruzada K. Como fuera, la unidad se consiguió y Kirchner aceptó participar el jueves del cierre de campaña.

El ex presidente tiene una espina con el gobernador Eduardo Brizuela del Moral, un ex radical K a quien considera haber tratado bien y que no le respondió de la misma manera. Brizuela fue de los primeros aliados que desertó de la Concertación Plural. Para más, se lo considera tropa propia de Cobos. Aunque entusiasmado con la posibilidad de anotarse un poroto en la pelea “grande”, el gobernador a último momento dejó afuera al vice de la campaña.

Con estos condimentos, los comicios habían sido nacionalizados por los medios. Pero Kirchner cristalizó eso en los hechos y con su advertencia de que la de mañana no es una elección más. Las encuestas conocidas les dan una ventaja a los candidatos del Frente Cívico por diferencias de entre 5 y 15 puntos. Con todo, queda por saber qué efecto puede haber tenido el sprint final de la campaña, arenga del ex presidente incluida. Si se confirma la derrota, el Gobierno habrá empezado con el pie izquierdo el año electoral.

Corte final

Un párrafo final para la discusión abierta entre la Presidenta y algunos ministros de la Corte Suprema del que ya largamente opinan dirigentes de los organismos de derechos humanos (ver página 2). En este diario se ha elogiado el rol asumido por la “nueva” Corte Suprema, que gusta ir más allá del rígido esquema judicial para meterse en temas de otras jurisdicciones, más en contacto con las preocupaciones de –otra vez– “la gente”. Así, falló a su gusto sobre la movilidad de las jubilaciones, la limpieza del Riachuelo y la libre elección de los delegados gremiales, en ocasiones indicándoles a otros poderes cómo debían actuar y hasta fijándoles plazos para hacerlo.

Sin embargo, los integrantes del Tribunal no reciben con la misma amplitud cuando desde otros poderes opinan sobre su labor. Que más allá de las recomendaciones que puedan hacerles a los jueces, que ellos también actúen para que las causas no se eternicen en los vericuetos de la burocracia judicial. No debe haber organismo del Estado que no tenga válidas razones para quejarse de su presupuesto, pero eso no lo exime de sus obligaciones. La idea es que de las cuestiones de la Justicia, la primera responsabilidad recae en quien es cabeza del Poder Judicial.

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