La pelota no dobló.

COPA LIBERTADORES / CUENCA 1 - BOCA 0: Boca tenía todo bajo control en la altura de Ecuador y a 13' del final Cuenca se puso 1-0. Tuvo el empate en los pies de Noir, pero la bola siguió derechito y se fue al lado del palo. Ahora define en la Bombonera, el jueves ante Táchira, y pasa de fase hasta perdiendo por dos goles.
Allá arriba, como dijo el Kaiser argentino, la pelota no dobla. Nunca dobla. Ricardo Noir, el entrerriano que casi que estaba enterrado por la cantidad de delanteros que andaban por encima suyo, puede dar fe de que la comba, en la altura, no existe. Faltaban siete minutos, el Cuenca hacía historia y ganaba 1-0: fue ahí cuando Noir picó desoyendo la ausencia de oxígeno en los 2.800 metros de altura y sacó un derechazo cruzado. El arquero Alvarez, vencido, se encomendó a Dios. La pelota, caprichosa, se fue cerquita del palo derecho. Era el gol de la clasificación, el de la tranquilidad para cerrar el grupo. Pero no... Boca perdió, el partido y el invicto en la Copa. Y si se analiza el partido globalmente, es probable que se llegue a la conclusión de que lo más justo hubiese sido un empate. Pero fue el Cuenca el que convirtió y chau.

Esta vez, la autoridad y la chapa copera no le alcanzaron al equipo de Ischia. Ese oficio, en el primer tiempo, le había sido suficiente para no pasar sobresaltos. Después de unos minutos que necesitó para acomodarse, Boca jugó el partido que quería. Sin el control de siempre, pero agazapado para sacar enseguida la contra vía Gaitán y Mouche. Este último fue el que tuvo la más clara en ese lapso, luego de una aceleración y habilitación de Nico.

La elección del DT de poner a Gaitán como enlace fue toda una declaración de principios. Apostó por un desequilibrante en el uno contra uno en lugar de ir con un conductor (Gracián, de bajo rendimiento, no estuvo ni en el banco). El tema es que Gaitán sigue siendo intermitente. Tiene una zurdita picante, como para patear de afuera y generar algún uhhhh. Pero esa falta de continuidad se siente. Entonces, más allá de la intención de que corriera la pelota en vez de las piernas, Boca no tuvo profundidad. Mouche y Battaglia, por ejemplo, tuvieron dos chances en el PT pero pateando desde afuera.

El Cuenca de Duró nunca lo dejó en paz. Ejerció una presión casi constante en el medio y hasta en la defensa de Boca, a la que siempre le costó salir limpio. Sin embargo, a los ecuatorianos no se les caían los conejos de los bolsillos. Texeira, lejos, era el más talentoso. Y el brasileño fue el que inventó el gol al matar con clase un pelotazo y asistir a Preciado, una carta de Duró.

Ischia metió mano y por poco no festeja con ese tiro de Noir. La altura pudo haber influido, pero Boca no perdió por ella. A lo sumo, no empató por ella. Si no, que lo diga Noir...

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