Pelo y barba

Pelo y barba
HURACAN 3 - RACING 1: En la publicidad de El Gran DT, Cappa le había apostado a Caruso que si su equipo ganaba, el de Racing debía afeitarse: Huracán, con tiki-tiki, rapó a la Academia.
Triunfó el más claro. Si este Huracán-Racing, este Cappa-Caruso llegó a la categoría de "duelo de estilos", lo ganó el más previsible, pero no porque sus jugadas sean anunciadas sino porque, simplemente, era más previsible que ganara Huracán. ¿Por qué? Dentro de la pobreza de resultados que ambos acumulaban (de hecho, la Academia tenía tres puntos más que el Globo, que recién ahora lo alcanzó), con las falencias técnicas que acarreaban como lastre insoportable, Cappa tenía sobre Caruso una ventaja: claridad conceptual, certeza de saber a qué juega. Por eso el Gran DT es Angelito: ganó y su triunfo fue consecuencia del trabajo previo incluso con una catarata de resultados en contra. Por eso la gente lo corona aun sin tener el título de rey.

Y cuesta sostener una estructura de conducción con tanta derrota junta, si no que lo diga Caruso, quien todavía no recibió la personalización de la reprobación hasta ahora global, pero sí escuchó cómo los hinchas cantaron y silbaron al equipo, su equipo (el de Caruso), su obra, su criatura. Este Racing, por concepción, es más de Caruso que el del Clausura, por eso llamó la atención la pasividad con la que se plantaron los jugadores. Un equipo muy retrasado ante otro que, con poco peso ofensivo, lo que mejor hace es controlar la pelota. Se la controló a Estudiantes y a Vélez, aunque con ellos haya perdido, cómo no se la iba a controlar a Racing, si encima no le opuso una resistencia igualitaria. Si ni siquiera tuvo la picardía de avasallar a Huracán con pelotazos frontales que, demostrado está, son como meteoritos para los defensores quemeros.

Huracán contó con la generosidad de la Academia, que nunca logró comprender de qué manera pararse frente a su rival que, en cuanto lo embocó con una piña, lo dejó casi en condición de que le tiren la toalla. Ojo, el Globo tampoco es Nicolino Locche, que se defendía gambeteando los golpes y pegaba lo justo con un estilo inigualable. Pero sí es de los que, en lenguaje de boxeo, pegan cortito y te desgastan. Está claro que si Huracán tuviese un jugador hecho y derecho adelante, y un toque de menos ingenuidad defensiva, volvería a ser candidato a campeón. Pero sin esto, va a pucherear. O a disfrutar de lo que hay. Por algo la gente de Huracán ovaciona a su técnico y hasta se da el lujo de cantar el utópico "que de la mano, de Angel Cappa, todos la vuelta vamos a dar..." Pero si algo enseñó este entrenador a sus hinchas es que la utopía no es, al menos para él, una palabra irrealizable, sino un sueño siempre posible.

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