El peligroso juego que practican los chinos

Paul Krugman

The New York Times

WASHINGTON.? Los viajes internacionales de los líderes del mundo son más bien gestos simbólicos. Nadie espera que el presidente Obama vuelva de China con acuerdos importantes, en el terreno de la política económica o en cualquier otro.

Pero esperemos que cuando las cámaras no estén filmando, Obama y sus anfitriones se embarquen en alguna franca conversación sobre política monetaria. Porque el problema de los desequilibrios comerciales internacionales está a punto de empeorar significativamente, y se avecina un enfrentamiento potencialmente feo si China no cambia su actitud.

Algunos antecedentes: casi todas las principales monedas del mundo "flotan" comparativamente entre sí. Es decir, su valor relativo sube o baja según las fuerzas del mercado.

Eso no significa necesariamente que los gobiernos tengan una política de absoluta no intervención: los países a veces limitan las salidas de capital cuando hay mucha presión sobre su moneda (como hizo Islandia el año pasado) o toman medidas para desalentar la entrada de capitales especulativos cuando temen que los especuladores estén actuando con excesiva voracidad (como está haciendo Brasil en este momento). Pero, en la actualidad, la mayoría de las naciones trata de mantener el valor de su moneda siguiendo premisas económicas de largo plazo.

China es la gran excepción. A pesar de sus enormes superávits comerciales y del deseo de participación de muchos inversores en esa economía de rápido crecimiento -fuerzas que debieran haber fortalecido el yuan, moneda de China-, las autoridades chinas han mantenido esa moneda persistentemente débil.

Lo han hecho principalmente cambiando yuanes por dólares, que han acumulado en grandes cantidades.

Y en los últimos meses, China ha instrumentado una devaluación del tipo "política de pauperización", manteniendo fijo el cambio yuan-dólar pese a que el dólar ha caído fuertemente con respecto a otras monedas importantes.

Esto les ha dado a los exportadores chinos una creciente ventaja competitiva sobre sus rivales, especialmente sobre los productores de otros países en desarrollo.

Lo que hace que la política monetaria de China sea particularmente problemática es el estado deprimido de la economía mundial.

El dinero barato y el estímulo fiscal parecen haber evitado una segunda Gran Depresión. Pero las decisiones políticas no han logrado generar suficiente gasto, público o privado, como para conseguir algún avance en el problema del desempleo masivo.

Y la política monetaria china, con su tendencia a mantener una moneda débil, exacerba el problema, pues drena una demanda muy necesaria y la aleja del resto del mundo para concentrarla en los bolsillos de los exportadores chinos, artificialmente competitivos.

Pero ¿por qué digo que este problema está a punto de volverse aún más grave? Porque durante el último año, la verdadera magnitud del problema chino quedó enmascarada por factores temporarios.

Si miramos hacia adelante, podemos esperar que tanto el superávit comercial de China como el déficit comercial de Estados Unidos aumenten aún más.

Ese, en todo caso, es el argumento expresado en un nuevo estudio académico de Richard Baldwin y Daria Taglioni, del Instituto de Graduados de Ginebra. Tal como ellos señalan, los desequilibrios comerciales, tanto el superávit chino como el déficit estadounidense, son mucho más pequeños de lo que eran unos años atrás. Pero alegan: "Estas mejoras en el desequilibrio global son ilusorias, son un efecto colateral transitorio del mayor colapso comercial del que el mundo ha sido testigo".

Comprar sólo lo necesario

De hecho, la caída del comercio mundial en 2008-2009 merece figurar en los libros de récords. Lo que esa caída reflejó fue el hecho de que el comercio moderno está dominado por la venta de productos manufacturados durables. Y ante la grave crisis financiera y la incertidumbre que esta generó, tanto los consumidores como las corporaciones postergaron la compra de cualquier producto que no fuera inmediatamente necesario.

¿De qué manera redujo esto el déficit comercial de Estados Unidos? Las importaciones de productos como automóviles cayeron a pique, lo mismo que algunas exportaciones estadounidenses. Pero como entramos en la crisis importando mucho más de lo que exportábamos, el efecto neto fue una pequeña caída comercial.

Pero ahora que la crisis financiera empieza a aplacarse, este proceso se revertirá. El informe comercial estadounidense de la semana pasada reveló un marcado aumento del déficit comercial en los meses de agosto y septiembre. Y habrá muchos más informes similares.

Entonces, éste es el cuadro: mes tras mes de titulares que yuxtaponen el creciente déficit comercial de Estados Unidos y el creciente superávit comercial de China con el sufrimiento de los trabajadores estadounidenses desempleados. Si yo fuera el gobierno chino, estaría realmente preocupado por esa perspectiva.

Sermones de Pekín

Desafortunadamente, los chinos no parecen entender la situación: en vez de enfrentar la necesidad de cambiar de política monetaria, han preferido sermonear a Estados Unidos, diciéndonos que debemos subir las tasas de interés y reducir el déficit fiscal? es decir, empeorar aún más nuestro problema de desempleo.

Y tampoco estoy seguro de que la administración de Obama entienda la situación. Las declaraciones de los funcionarios del gobierno sobre la política monetaria china parecen más pro forma, carentes de cualquier sentido de urgencia.

Todo eso debe cambiar. No le critico a Obama los banquetes ni las sesiones fotográficas: son parte de su trabajo. Pero es mejor que, detrás de escena, les esté advirtiendo a los chinos que están jugando un juego peligroso.

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