Las peligrosas similitudes con los errores de Bush en Irak

WASHINGTON.- Parece una repetición de 2007. Una guerra diferente, un presidente diferente, pero la expresión "refuerzos" está otra vez de moda.
El cambio de estrategia del presidente Barack Obama en Afganistán incluye enviar al frente -más rápidamente de lo que tal vez sea posible- 30.000 soldados más para el próximo verano. Esta súbita inyección de tropas estadounidenses tiene como objetivo infundir impulso a una guerra que se ha arrastrado durante más de ocho años, sin producir demasiados resultados duraderos.

Obama quiere impedir que los terroristas planeen nuevos ataques y también encaminar a Afganistán para que logre mayor seguridad y autogobierno.

"Estoy convencido de que nuestra seguridad está en juego en Afganistán y Paquistán", dijo ayer Obama dirigiéndose al país. "Por la seguridad de nuestro pueblo, Estados Unidos debe triunfar en Irak", dijo en enero de 2007 el presidente George W. Bush, tras ordenar un incremento militar de 20.000 efectivos.

Tanto en el procedimiento como en objetivos y detalles específicos, el nuevo plan bélico de Obama es inquietantemente similar al de Bush. En Irak entonces, como ahora en Afganistán, el presidente invirtió semanas de reflexión para establecer una nueva política, provocando críticas por demorar su toma de decisión.

Tanto entonces, en el caso de Irak, como ahora, en el de Afganistán, la guerra se ha vuelto más prolongada, costosa e impopular. Las fuerzas encabezadas por Estados Unidos depusieron rápidamente al gobierno talibán de Afganistán después de los ataques terroristas de 2001, pero los extremistas de Al-Qaeda y los talibanes se han reagrupado ahora en el vecino Paquistán.

En ese entonces en Irak, tal como ahora en Afganistán, la violencia invade el país, avanzan los insurgentes, y los gobernantes son incapaces o no quieren gobernar con eficacia. Gran parte de la población tiene una actitud suspicaz hacia los soldados estadounidenses. Algunos cooperan con los insurgentes por puro miedo y otros lo hacen por la paga en medio de una economía muy débil.

En Irak entonces, tal como ahora en Afganistán, todo el mundo se convierte en adiestrador. Ya sea en las unidades de combate o en las misiones específicamente de entrenamiento. El comandante en jefe espera ahora que todos los soldados estadounidenses entrenen a sus contrapartes afganas, saliendo de patrulla con ellos e integrándolos a sus propios destacamentos.

Tanto en Irak entonces, como ahora en Afganistán, se proclama que una estrategia "de base" es la mejor. Dar seguridad a los centros urbanos afganos es una nueva prioridad para que la gente tenga menos motivos para respaldar a los insurgentes. La ayuda financiera estadounidense se canalizará directamente hacia las provincias y distritos, y no al ineficaz gobierno de Kabul.

¿Acaso el presidente que hizo su campaña sobre la base del cambio simplemente está rescatando lo hecho por su predecesor? Sí. Y, en algunos pocos aspectos importantes, también no. La mayor diferencia entre el Afganistán de Obama y el Irak de Bush, de hecho la parte más conflictiva de la nueva estrategia de Obama, es la insinuación de una retirada.

Una lógica falsa

Al anunciar el refuerzo de tropas, Obama también dijo que algunos efectivos empezarán a regresar a casa en julio de 2011, un año después de que los últimos refuerzos hayan llegado al frente y las fuerzas estadounidenses hayan sobrepasado los 100.000 efectivos. Incluso entonces fue específico en dos aspectos, revelando la fecha del inicio de la retirada, y negándose a especificar la cantidad de efectivos involucrados en esa retirada.

Eso es lo contrario de Bush. El ex presidente se negó a ceder a las presiones que le exigían establecer una fecha de retirada de la guerra de Irak, manteniendo obstinadamente que eso sería como darle al enemigo un esquema para planificar su estrategia mientras esperaba la retirada estadounidense.

Obama dice que esa clase de resistencia se basa en una lógica falsa. "La falta de encuadre temporal para la transición nos privaría de cualquier sentido urgente en nuestro trato con el gobierno afgano", dijo anteayer. "Estados Unidos no tiene interés en combatir una guerra interminable en Afganistán."

Sin embargo, se trata de un enfoque típico de Obama, que está entre la necesidad de enfrentar con energía la deteriorada situación afgana y un reconocimiento de los peligros de producir la escalada de una guerra que concita la creciente desaprobación del público y, especialmente, de los propios demócratas.

"Afganistán no está perdido, pero durante varios años hemos retrocedido allí", dijo anteayer el presidente. Agregó que su objetivo es "terminar exitosamente esa guerra" y no conseguir las victorias que Bush prometió.

Ahora, sin embargo, reina un amplio escepticismo con respecto a la posibilidad de que la nueva estrategia pueda funcionar; de hecho, de que algo pueda funcionar en un país con tan pocos recursos, tantos problemas y una historia de caos tan prolongada.

Igual que en Irak.

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