Los peligros del voto Kaos

Por Maximiliano Montenegro.

Al mejor estilo Menem-Cavallo, cuando asustaban con la posibilidad de volver a los tiempos de la hiperinflación, el matrimonio presidencial optó por la estrategia "nosotros o el caos". El riesgo de profundizar la recesión y la corrida al dólar.

Es un estilo que Carlos Menem y Domingo Cavallo llevaron al extremo del ridículo: "Nosotros o el caos". Durante el menemato, el riojano y su ministro asustaban a la sociedad con la posibilidad de un regreso a los tiempos de la hiperinflación –la crisis previa en la memoria colectiva– si los votos no afluían al oficialismo.

Esta semana, Kirchner revalidó esa estrategia de asustar a la sociedad con el regreso de hecatombes del pasado. Primero, en el Luna Park, habló del peligro de una vuelta a 2001 si el oficialismo perdía la mayoría legislativa y, al otro día, en San Nicolás, advirtió que si tal cosa ocurría "esto explota". En lugar de enmendar a su marido con una pizca de sensatez en su rol institucional de presidente, Cristina elevó la apuesta: dijo que en las elecciones del 28 de junio estaba en riesgo "la estabilidad democrática". Las dos hiperinflaciones no barrieron con la estabilidad democrática. En cierto sentido, tampoco el estallido de la convertibilidad: según el propio Kirchner, el quiebre institucional se debió a la ineptitud de la Alianza y de De la Rúa, quien escapó en helicóptero, algo que –dijo más de una vez– el peronismo nunca haría. Duhalde y Kirchner se encargaron de asegurar la continuidad democrática.

¿En qué piensa Cristina cuando apela a la suma de todos los miedos? ¿La atemorizan Mariano Grondona y Hugo Biolcati, dos dinosaurios políticos, ventilando en un programa de cable sus ansias de que Julio Cobos la reemplace?

(Entre paréntesis, en la Casa Rosada admiten que en esta elección se empieza a dirimir la sucesión del kirchnerismo dentro del peronismo. Nada más, ni nada menos. Mientras, gobernadores y ex gobernadores –Scioli, Reutemann, Schiaretti, Busti, Das Neves y Gioja, entre otros– dialogan por estos días sobre cómo garantizar, en un escenario de recesión y reclamos sociales, la gobernabilidad hasta 2011. Si Kirchner zafa en Buenos Aires, se sentará a esa mesa a negociar también su sucesor).

CUALQUIER COSA. "Están en campaña, se dice cualquier cosa", justifica un ministro del Gabinete nacional. La banalización de las palabras que, con razón, se le critica a Elisa Carrió cuando pronostica cada tanto el Apocalipsis es infinitamente más grave cuando esas palabras se pronuncian desde el vértice del poder político. La estrategia "yo o el caos" significa crear un abismo de incertidumbre después del 28 de junio. Sobre todo porque, aun si Kirchner triunfara en Buenos Aires, es probable que el oficialismo resigne la mayoría propia en el Congreso.

No hace falta ser economista para entender que ante los exabruptos del matrimonio presidencial la reacción inmediata, de particulares y empresarios, será postergar toda decisión de consumo o inversión que no sea imprescindible para después de esa fecha. Esperar y ver cómo reaccionan los Kirchner ante la eventualidad de un cambio en la correlación de fuerzas legislativas es, desde esta semana, lo que indica el sentido común. A manera de profecía autocumplida, mayo y junio se convertirían así en dos meses perdidos. Para una economía en recesión, no es poco costo. ¿Para qué convocar desde un atril a la clase media a tomar préstamos para comprar autos o electrodomésticos, si desde otra tribuna se espanta con la posibilidad de que todo explote?

Llamar a los fantasmas de 2001 implica también atizar el proceso de dolarización iniciado hace un año y medio. A diferencia de la convertibilidad, que vivía de los préstamos del exterior, la economía poscrisis de 2002 generó, vía superávit comercial (las exportaciones de bienes y servicios menos las importaciones), las divisas suficientes para sobrevivir sin depender de los capitales externos. Pero aun la economía más sólida puede desmoronarse si la desconfianza en la moneda se evapora.

Entre 2005 y 2007, la oferta de dólares en el país (superávit comercial y entrada de capitales), rondó en promedio los U$S 15 mil millones por año, frente a una demanda anual de U$S 2.000 millones. La diferencia la acumuló el Banco Central en sus reservas. En aquel entonces, los depósitos en pesos crecían a paso firme, y eran pocos los que preguntaban todos los días por las pizarras de la City. Desde fines de 2007, todo cambió. En 2008, la fuga –la demanda de dólares– superó los U$S 21 mil millones. Todos los dólares que ingresaron por la ventanilla comercial (en un año de exportaciones y turismo extranjero récord) huyeron del peso. Se fueron por la ventanilla financiera: al exterior, al "colchón" (cajas de seguridad) y, en menor medida, a depósitos en dólares, que en el último año saltaron del 10% a más del 18% del total de plazos fijos. Durante el primer trimestre de 2009, la corrida sumó U$S 4.500 millones. Este año, tal vez el derrumbe de las importaciones –por la recesión– mantenga un superávit comercial suficiente para abastecer semejante demanda de dólares. De no ser así, la sangría de reservas del Banco Central proseguirá. Después de las elecciones, además, habrá que efectuar cuantiosos pagos de deuda en divisas.

Si el Gobierno no revierte la dolarización de ahorros, la política económica perderá los grados de libertad necesarios para morigerar el daño de la recesión y acortar su duración. No es casual que en los últimos meses se hayan explorado fuentes alternativas de (endeudamiento) ingreso de dólares al país: préstamos del Banco de Basilea tomados por el Central, para disimular la caída de reservas; el swap de monedas "contingente" con el Banco Central chino; créditos de organismos internacionales (Banco Mundial y BID), y hasta la posibilidad de un retorno al FMI después de las elecciones. Algunos economistas –buena parte, kirchneristas– creen que el Gobierno deberá, después de las elecciones, retomar el sendero de devaluación del peso, ya sea por motivos reales (el país está todavía caro en dólares frente a los socios comerciales) o financieros (encarecer la cotización lo suficiente como para terminar con la corrida). ¿Para qué agitar más fantasmas, desde Olivos, sobre el día después?

En lo que va del año, el dólar subió 7,5%, mientras los plazos fijos rinden un 13% anual. ¿Por qué renovar un depósito en pesos, cuando encima del resultado de una elección dependen no sólo la estabilidad económica sino también el orden institucional? Los límites entre una corrida cambiaria y una bancaria son difusos. Desde el Banco Central reconocen que en el último año y medio lograron frenar tres episodios de retiro de depósitos bancarios. Desde esta semana, ¿quiénes favorecen más la corrida al dólar: Néstor y Cristina, Carrió o Cobos?

CINCO INDICADORES. Es curioso, pero el Gobierno que juguetea con que todo puede explotar si no lo votan es el mismo que afirma que la economía está recuperándose. Tal vez porque niega la realidad se permite semejante imprudencia. Cinco indicadores de la recesión:

* El índice de obreros ocupados en la industria, según el INDEC, cayó dos trimestres consecutivos: -0,8% en el cuarto trimestre de 2008, por primera vez desde fines de 2002, y -2,6% en el primer trimestre de 2006. Hace seis meses que se registran despidos en la industria.

* La construcción, según el INDEC, se contrajo en un 2% en el cuarto trimestre de 2008, por primera vez en seis años, y un 1,3 por ciento en el primero de 2009.

* Según datos del Ministerio de Trabajo, desde el segundo trimestre de 2008 disminuye el empleo en el sector formal de la economía.

* Las ventas reales en supermercados –descontada la inflación real, no la calculada por Moreno– caen desde el cuarto trimestre del año pasado.

* El gasto en turismo de residentes retrocede también desde el cuarto trimestre de 2008.

A propósito, Néstor y Cristina repitieron en los últimos días un error conceptual. Desde sendas tribunas de campaña destacaron como un dato de prosperidad que el turismo de argentinos en el exterior aumentó un 4% durante el primer trimestre de 2009, en contraste con la baja de turismo receptivo (de extranjeros en la Argentina), como consecuencia de la crisis internacional. Que argentinos de clase media acomodada viajen más a Miami, a Brasil o a Chile, porque resulta más barato que veranear en el país no es una señal de pujanza económica. En el mismo "error" incurrieron Martínez de Hoz, en épocas de la tablita cambiaria, y Domingo Cavallo, en tiempos del 1 a 1. Entonces era evidencia inequívoca de atraso cambiario. Tal vez también lo sea ahora.

Comentá la nota