Peligro por mala señalización en Pueyrredón y Las Heras

Peligro por mala señalización en Pueyrredón y Las Heras
Diariamente, los peatones hacen malabares para cruzar, con riesgo de ser atropellados
Se paran los autos en la esquina de Las Heras y Pueyrredón. En la vereda, una joven busca en vano el semáforo peatonal que le indique si caminar o detenerse. Mira para ambos lados: nada. Entonces, cruza Las Heras.

De pronto, desde el nuevo contracarril de Pueyrredón surge un colectivo de la línea 41 que dobla hacia ella. La chica pega un salto, esquiva el colectivo y acelera el tranco para llegar a la otra esquina antes de que "larguen" los autos por Las Heras.

La escena se repite decenas de veces al día y no por la habitual imprudencia del peatón: esta intersección, que fue modificada a partir de la instrumentación de un contracarril en Pueyrredón, es un verdadero catálogo de errores de señalización vial.

Sendas peatonales superpuestas y confusas, rejas mal colocadas, carteles con información desactualizada y obstáculos en los accesos a las sendas son algunas de las complicaciones que deben enfrentar los peatones al cruzar la avenida Las Heras, una de la arterias con más caudal de colectivos de la ciudad.

La situación es la siguiente: con la doble mano en Pueyrredón el gobierno porteño creó un nuevo giro a la izquierda hacia Las Heras, que a su vez obligó a instalar un nuevo semáforo y a correr de lugar una de las sendas peatonales (ver infografía).

Sin embargo, las sendas peatonales viejas no fueron correctamente removidas: están tapadas con pintura gris más clara que la del asfalto, con lo que parece que siguen vigentes, lo que invita a la gente a cruzar por allí.

Ir por el camino errado

Si a eso se le suma que las rampas para discapacitados todavía dan a las sendas viejas y que la valla de hierro que indica dónde cruzar también las comprenden, las señales casi que obligan a tomar el camino equivocado. "Está complicado para la gente. Todos cruzan por cualquier lado", dijo a LA NACION una comerciante con negocio sobre la esquina en cuestión.

Pero los errores no terminan allí: en la senda peatonal nueva, los accesos están obstruidos por un árbol y por un quiosco de revistas. Para colmo, el cartel señalizador, que debería indicar la doble mano de Pueyrredón, todavía tiene una sola flecha.

Desorientados, las mujeres con cochecitos para bebes y las personas mayores se disponen a cruzar por la senda antigua y buscan en vano el semáforo que les indique si pueden caminar o deben detenerse. Al no encontrarlo (ahora está a 30 metros, sobre la senda nueva) la gente espera a que se detengan los autos y cruza como puede, sin saber que, por Pueyrredón, doblan dos líneas de colectivos, además de autos.

"Si un señor no me avisaba que parara, me pasaba el colectivo por encima", dijo una señora mayor, que pasaba por el barrio. Mientras tanto, los agentes de tránsito -que estuvieron presentes durante los primeros días de la instrumentación del contracarril- en las últimas horas aparecieron esporádicamente y, según pudo comprobar LA NACION, poco se dedican a ordenar el paso peatonal.

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