Un peligro latente: en pleno centro abundan las cajas de luz abiertas

Cables y tapones expuestos. Tapas ausentes, rotas o desvencijadas. Y, sólo en el mejor de los casos, marcadas con cintas que indican el peligro. Ese es el aspecto que lucen las cajas de luz instaladas en pleno centro de la ciudad. Una postal de la desidia y la irresponsabilidad que, el sábado pasado, casi le cuesta la vida a un chico de 12 años que sufrió quemaduras severas tras la explosión de uno de esos aparatos en Corrientes y Córdoba.
No hay que ir demasiado lejos para ver la falta de mantenimiento de estos elementos. Las veredas de San Luis, Entre Ríos, Rioja, Corrientes, Paraguay, San Lorenzo y la peatonal Córdoba, por donde pasan cientos de personas diariamente, son una pequeña muestra del estado de las cajas que guardan los cables de luz. Algunas directamente no existen. Otras están atadas con hilos o con cintas de seguridad. En algún lugar optaron por cerrarlas con cartones y tela adhesiva. Los más temibles son los huecos que exhiben tapones y cables.

Altura. La cajas de luz no tienen una altura definida. Algunas están en el piso, otras a un metro del suelo o 50 centímetros más arriba. Pero todas aparecen accesibles, incluso para los más chicos. Ayer, en la zapatería de Córdoba al 1200 un nene de unos tres años se aferraba a las rejas del local, mientras sus padres miraban la vidriera. Justo donde terminaba la reja había una tapa de luz a medio cerrar, atada con una cinta que indicaba peligro. Si el niño daba un manotazo más adelante, sus manitos podrían haber penetrado el hueco de cables pero salió corriendo tras sus padres. Fue una maniobra en el momento justo.

En Sarmiento al 1000, detrás del quiosco de diarios, una gruesa columna lucía rodeada por fajas rojas. Las cajas de luz estaban sobre el piso, destapadas y los cables al alcance de un chico, de quienes se refugian allí o de cualquier distraído.

Paradojas. Frente a la oficina de la EPE de Rioja al 1300, hay un gran hueco en la pared con una tapa sólo apoyada en forma inclinada y cables y tapones a la vista.

Un lugar de encuentro es la plaza Pringles. Allí se hacen recitales y actos con gran convocatoria. Detrás de un arbusto se levanta un poste de ladrillos con dos tapas atadas con alambre oxidado y otra sin cerradura. Adentro hay un interruptor y cables. Por detrás, hay otro hueco semicubierto por una tapa desvencijada. Detrás del escenario hay otro hueco con cables que carece de tapa.

La plaza Sarmiento también tiene lo suyo. En ese lugar donde transitan cientos de personas hay varias cajas de luz sin sus tapas. Otro ejemplo más: Rioja al 900, atada con hilos plásticos hay una caja desde donde sale una extensión de cables tendidos hasta un receptáculo de la EPE donde se lee "Cuidado hay tensión". Los casos son inagotables. Urge una toma de conciencia.

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