Hay peligro de ir hacia un colapso en hospitales

La situación en la Salud pública neuquina se agrava cada día que pasa. Hay factores políticos y gremiales que juegan en contra de las soluciones. Los anuncios de renuncias en cirugía del Castro Rendón suman razones a una situación que ya supera la formal “emergencia” declarada el año pasado.

El año no comenzó bien, decididamente, para el sector de salud pública en Neuquén. La guerra declarada entre los dos sindicatos que representan a empleados estatales –ATE y UPCN- más los parches que se le siguen poniendo al sistema, más la ineficacia una vez más probada de la burocracia política (la comisión de emergencia formada desde la Legislatura no ha logrado nada concreto), no auguran nada bueno. Y es concreto que –a solo ocho días de iniciado el año- se está de frente a una crisis agravada.

El último suceso se inscribe en este contexto. La anunciada renuncia de la plana mayor de cirugía en el Castro Rendón –la confirmó el director del hospital, Adrián Lammel- es una derivación, en parte, de un nuevo “acuerdo” salarial que es pactado por dos ministros –Daniel Vincent y Walter Jonson- con uno de los sectores gremiales en pugna, en este caso, ATE. El acuerdo en sí tal vez no sea ni bueno ni malo: lo peor es que no tiene el consenso suficiente.

En el manejo de la cuestión salarial, no ha habido hasta ahora ninguna propuesta que pudiera ser respaldada tanto por ATE como por UPCN. El gobierno ha oscilado entre los dos gremios sin conseguir nunca una negociación armónica. La única instancia que la podría haber hecho posible –la paritaria general- no prosperó y terminó siendo anulada por el propio gobierno.

Más allá de las estrategias políticas, lo cierto es que cada día que pasa la crisis se agrava un poco. Y el meollo de la cuestión pasa sin duda por el manejo del recurso humano, que está quebrado, fragmentado, dividido, y sobre todo, descontento. Y por la constatación –tal vez por primera vez en Neuquén- de que los profesionales no se desviven por trabajar en la administración pública, sino que prefieren muchas veces la actividad privada.

Si se concretan las renuncias en el equipo de cirugía del Castro Rendón (Javier Areta, jefe del servicio, había expresado su decisión de irse), sólo puede pronosticarse más crisis, hasta un virtual colapso.

Esto, en un contexto en el que los hospitales del resto de la provincia siguen sin soluciones. Sin ir más lejos, el hospital de Plottier –con edificio nuevo- sigue esperando para ser puesto en funcionamiento, y esto no es un detalle: implicaría una gran ayuda para reforzar el sistema de atención en el área metropolitana

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