El peligro del "compre nacional"

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Según la opinión generalizada, la provisión de "compre estadounidense" aprobada por el Congreso norteamericano ha sido diluida lo suficiente como para evitar una guerra comercial como la que condujo a la Gran Depresión. Sin embargo, yo no estoy tan seguro.

Es cierto que después de las fuertes protestas de varios gobiernos extranjeros y de la declaración de Barack Obama en el sentido de que el Congreso no debía aprobar una ley que podría desencadenar una guerra comercial, los legisladores redujeron el alcance de la cláusula de "compre estadounidense", incluida en el paquete de estímulo de 787.000 millones de dólares.

Según la nueva versión, esta cláusula no sólo requiere garantizar que los proyectos de infraestructura del gobierno, como rutas y puentes, empleen acero, hierro y productos hechos en el país, sino también que eso se haga "en cumplimiento con las obligaciones de Estados Unidos en tratados internacionales´´.

Los partidarios del "compre estadounidense" dicen que la versión final de la cláusula satisface tanto al Partido Demócrata y a los sindicatos que la propusieron como a quienes la criticaban porque sería vista como una medida proteccionista y daría lugar a una guerra comercial global.

Hasta la Cámara de Comercio de Estados Unidos, que encabezó la lucha contra esta cláusula en las últimas semanas, terminó respaldando la versión final de la ley.

"Es un triunfo importante", me dijo el vicepresidente de la Cámara de Comercio, John Murphy, en una entrevista desde Washington. "Hubo una protesta airada de la comunidad empresarial y de los gobiernos extranjeros, y cuando el presidente Obama se hizo eco de ella, el Congreso acordó, inequívocamente, que la provisión cumpliera con los requisitos establecidos en nuestros acuerdos internacionales."

Los partidarios de la cláusula señalan que, aun con la nueva provisión, Estados Unidos seguirá teniendo uno de los sistemas de licitaciones gubernamentales más abiertos del mundo.

Según la ley, 42 países signatarios de un acuerdo de la Organización Mundial de Comercio sobre las licitaciones gubernamentales -incluyendo la Unión Europea, Japón y Corea del Sur- pueden participar en casi todas las licitaciones convocadas por Washington para obras públicas, salvo unas pocas excepciones, como los proyectos que incluyen hierro y acero.

Las leyes de licitaciones gubernamentales europeas, en cambio, contemplan muchas más excepciones. Y otros países que no son signatarios del acuerdo -como China, Brasil y la India- tienen legislaciones más restrictivas que el "compre nacional´´, alegan.

"No se puede exigir que Estados Unidos sea más papista que el papa", dijo Murphy.

Peter Hakim, director de Diálogo Interamericano, me dijo que la ley probablemente no perjudique a los países latinoamericanos.

Sin embargo, muchas fuentes del Congreso y algunos economistas temen que la cláusula haga más mal que bien.

Varios expertos comerciales del Congreso me dijeron que, aunque las leyes anteriores establecían que un producto estadounidense podía ganar una licitación gubernamental si su precio era hasta un 6% más elevado que el de un producto extranjero, la nueva ley eleva ese porcentaje hasta 25%. Eso significa que un producto norteamericano podría ser hasta un 25% más caro que un producto extranjero y ganar una licitación.

Más importante aún, el gobierno estadounidense podrá elevar barreras proteccionistas sin necesidad de violar sus obligaciones internacionales, afirman los críticos.

Todos perjudicados

En otras palabras, es probable que Washington adopte medidas que, aunque legales, igual restrinjan el acceso de productos extranjeros al mercado estadounidense, señaló Gary Clide Hufbauer, del Instituto Peterson de Economía Internacional. Esto impulsará a otros países a responder de manera semejante, provocando una reducción del flujo comercial mundial que dará como resultado menos empleos en todas partes. "El peligro es que todo el mundo diga «yo también voy a hacer lo mismo»", dijo.

Mi opinión: Obama merece crédito por haberse enfrentado a los líderes de su partido en el Congreso y haber exigido cambios para debilitar los alcances del "compre estadounidense". Pero aunque la versión final de la ley cumpla con los acuerdos internacionales, no me extrañaría que muchos industriales en todo el mundo, ansiosos de tener mercados cautivos, exigieran a sus gobiernos que adoptaran leyes más duras de "compre nacional". Lo harán, y todos podríamos salir perjudicados.

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