Una pelea de espías, el otro motivo de la salida

Por: Daniel Santoro

Ariel Lijo proviene de la prolija escuela de las cámaras de apelaciones, no de la caótica escuela de los juzgados de instrucción. Desde que asumió como juez federal hace 4 años mantiene esas mismas reglas que implican indagar como sospechoso a alguien y no más de uno o dos meses después decidir su situación procesal.

A Palacios, Lijo lo indagó en mayo del año pasado y todavía no lo procesó, sobreseyó o le dictó la falta de mérito. En tribunales dicen que es porque "no tendría elementos" para procesarlo y no quiere aparecer contra el humor de un amplio sector de la opinión pública enemistado con el comisario. También, que hay malestar contra el fiscal Nisman quien, golpeado por el reciente fallo de la Corte que ordenó volver a investigar a Telledín y en sintonía con el gobierno nacional, dijo el lunes que "no tiene dudas que Lijo procesará" a Palacios y a otros denunciados por supuestas irregularidades en la investigación de la AMIA. Ningún fiscal anticipa las decisiones de un juez por una cuestión de procedimientos y respeto. Por eso hay otra razón de peso, además del desgaste político y personal, detrás de la renuncia. Sucede que Palacios fue jefe de la dirección antiterrorista de la Federal a cargo del caso AMIA y es un enemigo de un sector de la SIDE que apoya a Nisman. Además, el fiscal acusa a Palacios de encubrir a Kanoore Edul -quien llamó a Telleldín cuando se publicó en un clasificado que estaba en venta la Trafic usada como coche-bomba- pero éste nunca fue procesado. Todo sobre el legítimo reclamo de los familiares de las 85 víctimas del atentado.

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