Pelea entre dos derrotados

Por Joaquín Morales Solá

La política se nutre también de imágenes. Falsas imágenes, a veces. Aparecieron los primeros carteles con la candidatura presidencial de Néstor Kirchner para 2011. Un rebaño político y periodístico se embriagó al analizar el suceso por los cuatro costados. Eduardo Duhalde se convenció tanto de la noticia que terminó asegurando que él le ganará la candidatura presidencial peronista a Kirchner. Por fin alguien lo enfrenta al actual mandamás, pareció decir aquella congregación de expertos. Kirchner y Duhalde son, así las cosas, los únicos políticos que ya se han subido a la carrera de las próximas presidenciales.

Los dos están fuera de carrera. Son dos boxeadores vencidos que se siguen insultando en el vestuario, definitivamente lejos del ring. Una seria encuesta muy reciente, que llegó con reserva a importantes despachos de funcionarios y legisladores, informó que tanto Kirchner como Duhalde sólo luchan por no desaparecer hasta de los últimos lugares de la lista de políticos que la sociedad considera. En ambos casos, la imagen negativa supera en más del doble a la positiva. No hay vueltas. Ningún político puede volver de semejante situación social , señaló un reconocido analista de opinión pública.

¿Será candidato Kirchner? Algunos creen que tratará de liderar con su candidatura cierta opinión progresista para incidir en un eventual ballottage del que no participará. Otros, que lo conocen más de cerca, descartan directamente su candidatura. Kirchner no está dispuesto, dicen, a enfrentar lo que sería la tercera derrota consecutiva de su vida. El ex presidente nunca ganó personalmente una elección de importancia nacional. Menem le ganó en 2003 y Francisco de Narváez lo derrotó en 2009. Cristina Kirchner fue quien ganó en las legislativas de 2005 y en las presidenciales de 2007.

Esos conocedores de las covachas del oficialismo aseguran que Kirchner sólo quiere retener poder para los últimos dos años de su esposa. Está seguro de que no le quedaría cerca ni la familia si anunciara un plácido retiro en El Calafate a partir de 2011. Pero, ¿por qué a Lula, a Bachelet o Tabaré Vázquez nadie les discute el poder y, sin embargo, todos saben que se irán muy pronto? Son políticos populares. Gobernaron sin abrir fisuras entre la gente común. La popularidad de ellos es producto de un espontáneo consenso social. Esa podría ser la primera respuesta.

Fue un error habernos desprendido de Lavagna y no haberlo cuidado más a Scioli , lo escucharon decir hace poco al propio Kirchner. Se estaba criticando él mismo porque el kirchnerismo no se preocupó de que la herencia política cayera en manos confiables, aunque no necesariamente propias. Quizá sólo lo hace en breves instantes como relámpagos, pero Kirchner es consciente a veces del límite que le aguarda.

¿Será candidato Duhalde? El propio Duhalde suele describir su desánimo cuando observa el desierto del peronismo. Nada se mueve. Los candidatos presidenciales se amontonan, pero no hay un candidato potente en su partido. Confió en Carlos Reutemann, pero Reutemann no sabe aún si disputará en 2011 la presidencia o la gobernación de Santa Fe. Se reunió con Felipe Solá y lo alentó, como alienta a todo el mundo. Hizo lo mismo con el gobernador salteño, Urtubey, pero reconoce que a éste le falta instalación nacional. Lo llamó a Alberto Fernández y lo exhortó a seguir trabajando por la candidatura de Urtubey. Punto. Mucho más no puede hacer.

Duhalde cambió de opinión en 45 días. Antes aseguraba que no volvería a ser candidato a presidente, tal vez porque es el único político que acepta el resultado de las encuestas. Sus malas mediciones las atribuye, eso sí, a la intensa campaña de desgaste que le propinó el kirchnerismo durante seis años. Soy el único político al que la sociedad valoraba más cuando era presidente que cuando no es nada , suele ironizar. Pero cambió cuando entrevió que nadie en el peronismo está en condiciones de demarcarle el poder a Kirchner. Quiere movilizar a los peronistas de nuevo, llegar hasta donde están los pobres, arrebatárselos a Kirchner y construir una alternativa al kirchnerismo. Ese es el plan que esconde detrás del pavoneo presidencial.

Ninguno de los dos se bajará fácilmente. También eso es cierto. El rencor mutuo los une. Ni Kirchner quiere que Duhalde vuelva a la presidencia ni Duhalde quiere que Kirchner retenga el poder después de 2011. Ellos son los primeros confundidos por las falsas imágenes. Pero los dos saben, también, que el límite de la política, de cualquier política, es la opinión social, con la que ellos no cuentan. Juegan a que juegan, aunque ambos conservan la esperanza, insignificante y famélica, de que se les abra en medio del juego la fantástica oportunidad de volver.

Las encuestas nacionales colocan claramente a Julio Cobos, a Mauricio Macri y a Reutemann como las figuras más populares del país. Los tres están cerca en un primer pelotón. En un cercano segundo grupo están Elisa Carrió y Hermes Binner. Según distintas mediciones, De Narváez integra, en algunas, la primera cuadrilla y, en otras, la segunda. Kirchner y Duhalde no figuran en esas listas de asistidos por la simpatía social y, sin embargo, la política sólo habla de ellos.

Cobos cree que será el próximo presidente elegido del país. Tiene argumentos para esa ilusión. Pero tiene también un problema: su nombre desaparece cuando cobran protagonismo los dirigentes opositores. La ausencia es una mala noticia para los políticos con ambiciones. Cobos es el vicepresidente de la Nación y su cargo conlleva responsabilidades institucionales ineludibles. ¿Cuándo renunciará para meterse de lleno en la competencia electoral? El riesgo es, en ese caso, que la notoriedad desaparezca junto con el iridiscente cargo.

Elisa Carrió recibió mejor de lo previsto el proyecto de reforma política, aunque más no fuere por las internas abiertas y obligatorias. En esas condiciones, está dispuesta a disputar con Cobos dentro del radicalismo. No lo haría en otro escenario: teme que la estructura del radicalismo se vuelque en masa a Cobos en una interna cerrada.

Carrió quiere reformar aquel proyecto del Gobierno hasta extraerle la médula de la intención (o de la mala intención) kirchnerista. Reformar la reforma le permitiría además, deduce, enlazar a la izquierda en un proyecto más ambicioso: conseguir que el actual Congreso prorrogue las sesiones ordinarias. Si este Congreso no lo hace, después del 30 de noviembre sólo el Ejecutivo podrá llamar a sesiones extraordinarias. No lo hará.

¿La dejarán a Carrió? Tendrá que convencer a algunos radicales: La prioridad es preservar la unidad de la oposición en momentos de extrema resistencia. Hay que rechazar de plano ese proyecto , adelantó a título personal Oscar Aguad, jefe de los diputados radicales. Los radicales con poder parlamentario no quieren ningún acercamiento con el Gobierno porque, simplemente, sería un pésimo negocio político.

Macri nunca dice que será candidato presidencial; esos anuncios corren por cuenta de sus dirigentes más cercanos, voceros inconfundibles del jefe capitalino. Queremos ganar y con Kirchner perderemos. ¿Por qué no te presentas vos? , lo incitan algunos intendentes peronistas del conurbano. Macri sabe de la danzarina lealtad de esos barones. Toma sus recaudos. Ya estuvo en Mendoza y en La Pampa cumpliendo un plan visiblemente presidencial. Macri detesta el proyecto de reforma política del Gobierno. Por lo menos en una idea lo asiste la razón: un sistema bipartidista no se crea por ley; será la conclusión de anhelos sociales o nunca existirá.

De Narváez está pensando si no sería mejor para él meterse en el peronismo y desafiarlos a Kirchner y a Duhalde juntos. Es el que más reparos políticos e institucionales le ha puesto al proyecto reformista del Gobierno. El Gobierno manejará todo, la publicidad y la elección. ¿Quién podría confiar en un sistema electoral así? , se desespera. Binner no tendrá otra salida que buscar un rol para él en las próximas elecciones nacionales; deberá ayudar a conservar Santa Fe para los socialistas, donde tiene vedada la posibilidad de su reelección. Sólo Reutemann es una incógnita; no le ha dicho nada a nadie sobre su proyecto esencial.

El destino les pertenece más a ellos (o a alguno de ellos) que a Kirchner o a Duhalde. Duhalde es el único que parece dispuesto a desafiarlo a Kirchner en el terreno que éste elija. Duhalde acordó con Kirchner, porque no cuestionó la reforma y la aceptó de hecho , desliza la natural paranoia de la política. Tranquilos. No pasa nada. O sólo pasa que la obsesión del odio se parece demasiado a la del amor.

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