La pelea por 2011 ya desató la interna radical.

Cobos y Morales buscan fuerzas para llegar a la conducción de la UCR.
Con más recelos que disimulo, esta semana se largó la interna por la conducción de la UCR.

Inesperadamente la presidencia del partido de Leandro Alem se convirtió en un botín muy disputado: el que la obtenga tendrá la llave de la candidatura presidencial del panradicalismo para el 2011.

Acorde con su ambición de convertirse en el candidato ungido por la UCR, el vicepresidente Julio Cobos tuvo un repentino interés por la vida partidaria, y está decidido a colocar a una persona de su máxima confianza al frente del radicalismo.

Cobos piensa en el economista radical Raúl Baglini, un hombre clave del radicalismo en el Congreso en los últimos 25 años, que asesora al vicepresidente desde que era gobernador en Mendoza, pero sobre todo desde su llegada al Senado.

El "candidato suplente" del vicepresidente es el titular de la bancada de la UCR en el Senado, Ernesto Sanz, su candidato triunfador en Mendoza en las últimas elecciones.

"Necesitamos garantizar una organización política proactiva a la candidatura de Cobos, no que lo chantajee permanentemente", le dijo a La Nacion el intendente de Junín Mario Meoni, uno de los principales operadores del vicepresidente.

En la otra vereda de la pelea, el actual titular de la UCR, Gerardo Morales ya le dijo a Cobos, en público y en privado, que no va a permitir que el partido sea liderado por alguien vinculado o propuesto por el ya extinto radicalismo K, que el vicepresidente lideró en su momento.

"Tiene que ser alguien del radicalismo orgánico, que haya estado en los momentos complicados del partido", sostuvo Morales a La Nacion.

El senador jujeño cree que el cordobés Mario Negri o el chaqueño Angel Rozas, sus aliados incondicionales en el grupo de renovación federal que integran, serían los hombres ideales. También piensa en el bonaerense Ricardo Alfonsín y en el propio Sanz, el único candidato de consenso que aprueban cobistas y radicales orgánicos.

Pero el tema no es tan sencillo. Sanz siempre integró el núcleo duro del partido que lidera Morales, pero necesita trabajar codo a codo con Cobos si quiere convertirse en gobernador de Mendoza.

Por eso le dijo a los dos que no piensa quedar en el medio de las tensiones (se prevé que serán muchas) que habrá entre la UCR y el vicepresidente y que no aceptará presidir el partido.

Mientras en el Congreso y en la sede del partido entran y salen dirigentes para "rosquear" en la interna, en el interior del país los dos grupos empezaron una batalla para seducir a los delegados al comité nacional, que en diciembre serán los responsables de elegir al nuevo presidente de la UCR.

Las espadas

El cobismo apeló para eso a los interminables contactos de Enrique Nosiglia, que desde el voto "no positivo" de Cobos en el Congreso trabaja incansablemente por su candidatura presidencial, y al propio Baglini.

Cerca del vicepresidente ya computan de su lado al flamante senador correntino Nito Artaza, a los gobernadores radicales Arturo Colombi (Corrientes) y Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca), al rionegrino Pablo Verani, y a los radicales de Tierra del Fuego, Neuquén y Chubut.

En la provincia de Buenos Aires los alfonsinistas Leopoldo Moreau y Federico Storani hace rato le llevaron su apoyo al vicepresidente, igual que el cordobés Oscar Aguad.

La mayor fuerza de Morales se estructura en torno a Rozas, Negri, el ex gobernador correntino Ricardo Colombi, el mendocino Roberto Iglesias y los radicales que lideran en Formosa, Misiones, Santa Fe y Tucumán.

"Si no llegamos a un acuerdo votamos, gana el que tenga más delegados y acá no paso nada", se plantó Morales en las últimas horas. Pero Cobos no parece muy convencido de que la definición de su candidatura quede a disposición de un radical "poco amigable".

Sólo por eso se guarda en la manga su fluida relación con el peronista Francisco de Narváez, cada día más interesado en que sus socios de Pro escuchen sus elogios al vicepresidente.

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