Pelado de gol.

Fabbiani se rapó justo el día en que Gallardo agarró la tijera. "No tenemos un delantero que haga 10 ó 12 goles por torneo", dijo el Muñe y otra vez afeitó al Ogro. ¿Los dirigentes traerán un 9 o se enojarán por el pedido...?
¿Lo habrá hecho en honor al Pelado Díaz? ¿O acaso porque, al igual que los más novatos del plantel, está de estreno en algo llamado pretemporada? ¿O lo movilizará la idea de no ser reconocido por los papparazzi canadienses?

La respuesta sólo está en la cabeza de un Fabbiani que quedó pelado. Y pelado de gol, también, parece estar el nuevo River.

Hace tres días nomás, el Ogro decía que quería llegar a los 15 goles en el torneo. Tal vez le faltó ser más convincente. Su deseo no ha tenido el mismo efecto sorpresa que su nuevo look. Ortega le reclama más compromiso. Gorosito sigue suplicando por un 9. Y ahora, mientras el rasurado se impone en Canadá, aparece Gallardo. "Hoy no tenemos un delantero que nos garantice 10 ó 12 goles. Salvo que haya algún tapado".

Es la continuidad de una historia que arrancó en la anterior pretemporada. Falcao había reclamado en enero por la llegada de un conductor de equipo. Le puso nombre y apellido: Marcelo Gallardo. Llegó Gallardo. Pero ahora se fue Falcao. River, otra vez, parece destinado a sufrir de gataflorismo: el Muñeco es el que ahora exige por un tipo como Radamel. ¿Y Fabbiani? Fabbiani tiene en sus pies la oportunidad histórica de justificar lo que tantas veces prometió y de vaciar las dudas de todos los que lo rodean.

Al Ogro ya no le piden que no se coma tres tarros de ensalada. Ahora le piden que no se coma goles. Que los haga. Lleva dos gritos en 21 partidos. Es un dato insoslayable al proyectar su posible marca para el próximo semestre. En el mismo sentido aparecen otros argumentos estadísticos de su pasado: en Lanús llegó a los 16 sumando sus dos etapas; su máxima en torneos cortos estuvo en los seis del Clausura 05; en Palestino se anotó con 16, pero en 25 encuentros.

"Está a la vista que Fabbiani no es un goleador característico -declaró Gallardo en La Red-. Los volantes vamos a tener que pisar seguido el área". El diagnóstico del Muñeco no se sustrae solamente a una opinión acerca del único punta de peso de River. Su mensaje, más sutil que diplomático, debe ser leído como una contestación a la política de austeridad obligada que se impuso en River. "Nosotros tenemos plantel para pelear los dos campeonatos", aseguró el secretario del club, Mario Israel, molesto con los jugadores preocupados por la falta de refuerzos.

Lo concreto es que en el plantel no rebasan los especialistas del gol. Gorosito tampoco parece dispuesto a ayudar a que esto suceda. Además de Fabbiani, a Canadá llevó a dos juveniles. Uno de ellos es Gustavo Fernández, en cuyo olfato confió al comienzo del año hasta que se le pasó el amor. El otro es Gonzalo Gil, que casi no jugó en toda la temporada por una fractura, aunque igualmente le causó muy buena impresión a un Pipo que realizó gestiones ante los dirigentes para que le firmaran su primer contrato. Curiosamente, el DT se olvidó de hacer el mismo trámite por Eial Strahman, un 9 devoto del área chica.

River apenas convirtió 24 goles en todo el Clausura. Y en cualquier esbozo matemático a futuro se deben descontar los ocho gritos que Falcao se llevó a Portugal. Los que recientemente dejaron el Monumental experimentaron una particular inspiración con la red. Sand, Fuertes y Montenegro, en ese orden, encabezaron la tabla de pichichis del último torneo.

En la coyuntura financiera de River no se advierte la llegada de un Cvitanich ni un Pavone, dos de los 16 nombres que escribió Gorosito en su papeleta de posibles refuerzos, dos 9 que sí le podrían garantizar una cuota de gol de dos cifras. "Los respeto, pero la camiseta no me la va a sacar nadie", saca pecho un Fabbiani que, a tono con esa idea, hoy presenta un 99 redondo en la balanza. El mismo Fabbiani al que Gallardo y Ortega le ruegan más acción y menos dicción. El que a partir de ahora deberá llenarse la cabeza de gol. Hoy no tiene a la caspa como excusa.

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