Al G-7 le pegó el efecto "Rattazzi"

Las declaraciones del titular de Fiat contra la política económica terminaron por debilitar al presidente de la Unión Industrial, Héctor Méndez, que propiciaba la vuelta de las corporaciones empresarias como bloque de poder frente al Gobierno.
El "episodio Rattazzi" tendrá consecuencias más relevantes en el mundo empresario que la sola amonestación del presidente de Fiat por parte de sus colegas de la Unión Industrial Argentina. Sus declaraciones en contra del modelo económico provocaron un realineamiento en la central fabril que amenaza con dejar en el camino la avanzada de las cámaras patronales para reconstituir el Grupo de los Siete. La nueva conducción de la UIA, encabezada por Héctor Méndez, había sido una de las promotoras de la reunificación de las corporaciones empresarias que en los ’80 –entonces como Grupo de los Ocho– constituyeron un polo de poder en defensa de sus intereses y en los ’90 operaron en favor de las políticas neoliberales. El bloque de industriales enfrentado a Rattazzi, que necesita las medidas de protección del Gobierno y reconoce los beneficios del dólar competitivo, aprovechó la movida en contra del ejecutivo italiano para forzar a Méndez y su grupo a abandonar el proyecto del G-7. Julio De Vido, ministro de Planificación, se movió en la misma dirección.

"No sé para qué convocó al G-7, que es un remedo de los ’90", protestó públicamente la semana pasada Osvaldo Rial, vicepresidente sexto de la UIA y titular de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires. El reproche era para Méndez, que acababa de asumir como presidente de la central fabril acompañado por otros dirigentes de perfil liberal, como el propio Rattazzi, el abogado Daniel Funes de Rioja –un militante de la flexibilización laboral– y Federico Nicholson, de Ledesma, empresa que el año pasado celebró sus cien años junto a José Alfredo Martínez de Hoz y la Mesa de Enlace en medio del conflicto con el campo. Lo primero que dijo Méndez al tomar el cargo fue que sería crítico del Gobierno. Una semana más tarde fue el protagonista central de la primera reunión del G-7 en más de dos años.

La reaparición de ese grupo en escena se produjo a dos meses de las elecciones y cuando el Gobierno está nombrando directores estatales en grandes empresas privadas por las acciones que la Anses heredó de las desaparecidas AFJP. El presidente de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, advirtió que "hay que cuidarse de la avanzada del sector público". Esa cámara, junto a la UIA, fue crítica el año pasado con la Mesa de Enlace, cuando empezaron a propagarse los cortes de ruta por el lockout rural. Ahora, en cambio, manifestó su comprensión y acompañamiento a los reclamos de los hombres de campo en el cónclave del G-7.

Los movimientos iban todos en la misma dirección hasta que habló Rattazzi. Su discurso en la conservadora Fundación Libertad, de Rosario, sacudió el tablero. El empresario dijo que la Argentina es el único país que no aprendió nada de la crisis del ’29, que vivir con lo nuestro lo único que trajo fue pobreza, que el Gobierno insiste con el proteccionismo y las prebendas y que cuando él iba a las juntas de la UIA bajo la anterior conducción se aburría y se dedicaba a leer el diario. Fue demasiado. El sector de la UIA que ocupaba la presidencia hasta hace tres semanas –con Juan Carlos Lascurain a la cabeza– reaccionó con vehemencia. Industriales de sectores "sensibles" como calzados, textiles, siderúrgicos, metalmecánicos, jugueteros, marroquineros y dirigentes de las federaciones de Buenos Aires y Santa Fe coparon la última junta, del martes pasado, y forzaron a la actual conducción a sumarse a su repudio a las palabras de Rattazzi.

El presidente de Fiat ni siquiera atinó a defenderse y lo único que se supo de él desde ese día fue que llamó al economista Aldo Ferrer para disculparse por haber utilizado el título de su libro, Vivir con lo nuestro, en tono socarrón. Rattazzi hizo saber a la cúpula de la UIA que de ahora en más guardará silencio, y que espera que eso sea suficiente como para dar el hecho por terminado. En realidad, la central fabril resolvió la semana pasada que su vicepresidente quinto deberá ratificar o rectificar sus dichos, y que si no se corrige, será sancionado.

Pero Rattazzi no es el único que quedó en mala posición. A Méndez también le tembló el piso. Ante la embestida interna, el presidente de la UIA lo primero que hizo fue sumarse a los reproches al titular de Fiat. En segundo lugar, prometió desactivar cualquier otro encuentro del G-7, lo cual repitió ante su principal interlocutor en el Gobierno, el ministro De Vido. Después de la reunión de junta de la UIA en la que arremetieron contra Rattazzi, Méndez fue a encontrarse con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para formalizar su arribo a la jefatura de la central fabril ante el Poder Ejecutivo. Fue allí que De Vido le sugirió archivar la vuelta del G-7.

Méndez fue más allá. En ese encuentro aseguró que el índice de actividad industrial que elabora la UIA dejará de ser un factor de tensión con el Gobierno. El dirigente plástico anticipó que el indicador arrojará en marzo una caída menor al 2 por ciento, resultado en línea con la estimación oficial del Indec. La cámara fabril empezó a publicar ese índice en noviembre del año pasado para marcar su discrepancia con las estadísticas públicas, reflejando caídas de actividad muy superiores a las relevadas por el Indec. Para el Gobierno, el dato de la UIA busca influir en favor de sus demandas. La baja de 2 por ciento en marzo no daría lugar a controversias. Sin embargo, fuentes de la entidad revelaron a Página/12 que el índice de marzo refleja un retroceso en la producción de más del 6 por ciento. Los próximos días en la UIA serán tensos por esta cuestión. La discusión ahora mostraría a Méndez haciendo equilibrio para no volver a enemistarse con la Casa Rosada.

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