A pedido de Obama, Bush solicita el resto del plan de rescate

El presidente hizo el reclamo al Congreso; en su última conferencia de prensa admitió errores
WASHINGTON.- El presidente saliente de Estados Unidos, George W. Bush, accedió ayer a un pedido de su sucesor, Barack Obama, y reclamará al Congreso que apruebe el desembolso de los 350.000 millones de dólares que restan del paquete de rescate financiero aprobado a fines del año pasado para enfrentar la crisis económica.

El mandatario había anticipado horas antes, en su última conferencia de prensa oficial, en la que esbozó un mea culpa de sus años al frente de la Casa Blanca, que estaba dispuesto a solicitar el desembolso si su sucesor lo requería.

Obama, que asumirá el 20 del actual, pidió a Bush ayer por la mañana que "notifique oficialmente" en su nombre al Congreso su intención de utilizar esta segunda parte del fondo, indicó la vocera de la Casa Blanca, Dana Perino. Se trata de una situación extraordinaria en la cual un presidente saliente actuará por cuenta de su sucesor. "El presidente Bush aceptó la demanda del presidente electo", confirmó Perino.

El plan de rescate de 700.000 millones de dólares fue aprobado con la idea de contener los daños de la crisis financiera, pero el destino de la segunda mitad ha creado un fuerte debate en el Capitolio. Los demócratas, que tienen la mayoría en ambas cámaras, ahora quieren redireccionar la ayuda y utilizarla para asistir, por ejemplo, a personas que perdieron o están por perder sus viviendas a causa del estallido de la burbuja inmobiliaria.

El Congreso podría votar el pedido durante esta semana, según dijeron ayer senadores que recibieron información de Larry Summers, el asesor económico de Obama.

Durante el encuentro con la prensa, Bush se mostró ayer inusualmente reflexivo al hacer un repaso de sus años al frente de la Casa Blanca. "La historia mirará hacia atrás y determinará qué se pudo haber hecho mejor o, ustedes saben, qué errores cometí", dijo el presidente saliente, que dará su último mensaje al país pasado mañana.

Bush admitió que haber puesto un cartel con la frase "Misión cumplida" cuando habló en directo por televisión a bordo de un portaaviones en mayo de 2003, poco después de la invasión de Irak, "claramente fue un error".

En cambio, defendió su actuación durante el paso del huracán Katrina, en agosto de 2005, y su decisión de enviar más tropas a Irak en la escalada de 2007. A aquellos que en su momento le reclamaron que hiciera aterrizar el Air Force One cuando sobrevoló Luisiana para observar los destrozos causados por el huracán desde el suelo, Bush les respondió que hubiera requerido usar la policía para protegerlo a él y no para auxiliar a las víctimas.

"Cuando se escriba la historia de Irak, se analizará, por ejemplo, la decisión de enviar más soldados" durante 2007, se defendió, en alusión a la medida que contribuyó a mejorar la seguridad.

Impulsar la reforma del sistema de seguridad social después de haber logrado la reelección en 2004 también "fue una equivocación", dijo Bush. "Tendría que haber argumentado en favor de la reforma migratoria", afirmó.

Bush usó seis veces la palabra "historia" durante su conversación con los periodistas. "Los historiadores mirarán hacia atrás y estarán en condiciones de tener una mejor visión de nuestros errores después de que haya pasado algún tiempo", dijo el presidente, quien consideró "una enorme decepción" los episodios de torturas y maltratos en la prisión iraquí de Abu Ghraib. "No existe la historia a corto plazo -insistió Bush-, y no creo que sea posible captar toda la amplitud de un gobierno hasta que haya pasado algún tiempo."

Bush también advirtió a Obama sobre la posibilidad de un nuevo atentado en suelo norteamericano. "La amenaza más urgente con la que tendrá que tratar, al igual que los presidentes después de él, es un ataque contra nuestro territorio", dijo.

También habló de su futuro y de lo difícil que es dejar las funciones presidenciales, con obligaciones cotidianas que formaban parte integral de su vida durante ocho años, incluso durante sus vacaciones. "No se escapa nunca de la presidencia. Nos sigue a todos lados, adonde vayamos. Cuando salga de aquí, dejaré la escena política. Pienso que debe haber una sola persona a la vez debajo de los proyectores. Ya tuve mi tiempo", dijo.

Sentado en una playa

Al ser interrogado sobre si pensaba descansar, el mandatario contestó que no se jubilaría inmediatamente en su casa de Crawford, Texas. "No puedo imaginarme con un gran sombrero de paja y una camisa hawaiana sentado en una playa, sobre todo desde que dejé de beber", dijo riendo. El año pasado el mandatario reconoció que la religión lo había ayudado a salir del alcoholismo. Ayer dijo que hasta el momento sus planes para el 21 del actual son levantarse y "hacerle un café a Laura", su esposa.

El presidente, que deja la Casa Blanca con un piso histórico de popularidad de alrededor del 30 por ciento, se despidió deseándoles "todo lo mejor" a los periodistas que cubren la Casa Blanca. "Dios los bendiga", rogó por última vez en su traje de presidente de Estados Unidos.

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