PECHITO LOPEZ: No tiene techo

De punta a punta, el imbatible cordobés apabulló en Alta Gracia después de un sobresalto y festejó trepado al Mondeo.
Faltaban un kilómetro y monedas para cerrar otro fin de semana perfecto. Nada malo debía ocurrir. Pero esa rueda derecha se subió al pasto, y junto a esa nubecita de polvo, se voló el corazón de todo cordobés que estaba a un tris de ver ganar a su ídolo moderno. Al flamante ícono del automovilismo argentino. Al mejor de todos, hoy.

Pechito López venía arrasando desde el mismo momento en que salió a la pista, el sábado, para el primer entrenamiento. Otra vez, con su estilo contundente. "Es producto de un gran auto y un grupo muy lindo, que deja todo y que me ha apoyado mucho". Dice que es mixtura de capacidad y camaradería. Lo cierto es que estuvo, por lo menos, medio segundo abajo de todos, incluso en su serie, la primera de una mañana tan fría como su antecesora, pero que permitía despuntar algún rayo de sol.

Se escapó solo: en la segunda, en cambio, hubo lucha y el Gurí tardó 11 segundos más. Una eternidad. Ese mismo Gurí que osó intentar pelearle la primera curva de la final, pero que acabó tercero cuando Spataro se paró en el acelerador en la primera recta. A la caza de Pechito. Había anticipado Emiliano: "Es casi imposible". Pero es el campeón y tenía la obligación moral de intentarlo... Cuando se lo propuso Pechito, le sacó segundo y pico.

Hasta que en la 5ª vuelta, Iglesias quedó enganchado en el aceite de la última curva del Cabalén y entró por primera vez el pace car. Todo se reanudó en la 7ª. Pechito salió un instante antes. Pero duró dos curvas: se pegó serio Furlan y otra vez el auto de seguridad. Se perdió tiempo suficiente para quitarle dos vueltas a la carrera. "Me perjudicaron las dos entradas. Hacía el desgaste y perdía esa diferencia. Volvíamos a cero. Encima había mucho aceite en pista... No fue una carrera fácil. A medida que van pasando las vueltas los autos se vuelven cada vez más inestables".

A partir de la 10ª hubo libertad para picar. Spataro le había tomado la medida y se le puso en los escapes. Duró lo que un suspiro, algunas vueltas, hasta que entendió que las leyes de la naturaleza son para ser respetadas.

.........................................

Faltaban un kilómetro y monedas para cerrar un nuevo fin de semana impecable y Pechito pisó el pasto. ¿Aceite? ¿Falla en los frenos? "No sé, hice todo lo mismo que venía haciendo pero se me fue el auto. Lo dejé ir, pero lo pude sacar rápido. Tal vez fue una desconcentración, un error..."

-¿Te lo hubieras perdonado?

-Sí, claro que me lo iba a perdonar... Hay que aprender de los errores.

Auto de seguridad. Da una rara sensación de imbatibilidad. Esa conjunción muñeca-auto con aureola de insuperable. Salvando las distancias, como en algunas épocas pasó con Fangio o Schumacher. Dos grandes. Sí, la comparación es exagerada. La sensación de imbatibilidad no lo es, en absoluto. "El momento lo da el conjunto. Es difícil lograr esto en una categoría: un grupo así, un auto tan rápido. Y lo logré en tres categorías, lo que es más difícil todavía".

-Definiste este momento tuyo como el soñado...

-Insisto, es producto de muchas cosas. Sí, yo he crecido, aprendido y disfrutado. Quiero seguir aprendiendo. Y divirtiéndome...

-¿Vas por tres de tres?

-Uhhh... falta mucho. Voy a intentarlo, a aprovechar el momento que se me da en los tres campeonatos. Ojalá que las ansias por querer ganar los tres, no me deja afuera de ninguno.

-Hasta ahora casi siempre largaste adelante y resultaste imparable.

-Es una forma de correr. Mi sangre, mi estilo me hace correr así siempre. Cometo errores, pero son parte de mí...

-¿Qué pasaba si la carrera duraba un par de vueltas más?

-La verdad, no lo sé. Pero se dio. Fue la carrera que uno quería ganar.

.........................................

El humito había quedado atrás. El susto, también. Recorrió ese kilómetro final con pies de plomo y manos de algodón. Cruzó la bandera de cuadros y golpeó furioso el aire. Se desquitó. Se sacó de encima el peso de ganar en su tierra.

Cuando regresaba de la vuelta de honor clavó los frenos, estacionó en plena recta, delante de su tribuna y saltó de su asiento. Saludó a su gente con los dos brazos en alto. Vote a José María López, el mejor, parecía clamar. En dos pasos, el también piloto de avión estaba subido al techo de su auto. Justo Pecho, que no tiene techo.

Comentá la nota