Peces gordos se pelean por el biodiesel

El Gobierno deberá adaptar la ley porque casi todos los fabricantes del combustible vegetal son exportadores. La guerra gaucha dejó afuera del negocio a los productores agropecuarios. Peligra la provisión del mercado interno si sube el precio internacional.
Con una capacidad para producir 1,6 millones de toneladas, las aceiteras ubicadas en el Gran Rosario, en una franja que va desde la localidad de Timbúes hasta Villa Constitución, acaparan el mercado de biodiesel en el país. Desde hace más de cinco años, los representantes del imperio sojero realizaron fuertes inversiones por más de 500 millones de dólares con el objetivo de exportar el combustible vegetal al mercado europeo y aprovechar el know how que cimentaron a lo largo de tres décadas sobre la base de la industria aceitera.

Pero más allá de las ventas al extranjero, a las terminales sojeras se les abrió una nueva puerta para ingresar al mercado interno de la mano de la implementación de la ley 26.093 –promulgada hace cuatro años–, que comenzó a regir a partir del 1º de enero pasado.

Esa norma establece que las expendedoras de combustible deberán vender nafta y gasoil con un 5 por ciento de biocombustible. Por ahora sólo se está cumpliendo en el interior del país el corte de nafta con etanol, que proviene de nueve ingenios azucareros tucumanos.

Pero hay más incertidumbre que certeza sobre lo que pasará con el biodiesel. Según el presidente de la Asociación Argentina de Biocombustibles, Claudio Molina, recién en marzo podría empezar a venderse en las estaciones de servicio gasoil con un 5 por ciento de este combustible que se obtiene del aceite de soja.

Las trabas en el cumplimiento de la ley pasan por las diferencias que las petroleras y los fabricantes de biodiesel mantienen con respecto al precio de la materia prima. El gobierno quiere evitar que el agregado de biodiesel incremente el precio final del combustible.

JUEGAN LOS GRANDES. Inicialmente, el gobierno había pensado que las 600 mil toneladas que se necesitan para abastecer el mercado interno no fueran aportadas por los grandes jugadores del negocio sojero, sino por una red de pequeños y medianos productores –vinculados al agro– que estarían habilitados para proveer biodiesel a las petroleras. Pero después de los extensos desencuentros entre el campo y la administración de Cristina Kirchner, esta idea –que en su momento tuvo aportes interesantes de Federación Agraria Argentina– quedó al costado del camino. Ahora el resultado es otro: la gran mayoría de los fabricantes que quedaron en pie y consolidados son las aceiteras. Por eso, según opinan fuentes del sector, al gobierno no le quedará otra alternativa que ir al pie de los exportadores y habilitarlos masivamente para abastecer al mercado interno.

Actualmente, hay sólo cinco empresas habilitadas para la comercialización de biocombustible: Oleaginosa Moreno Hermanos, Bunge, Aceitera General Deheza, Terminal 6 y Agroindustrias Madero. Y hay 20 habilitadas para la elaboración de este biocombustible, entre las que se destacan las grandes aceiteras.

Hoy, el precio internacional del biodiesel se encuentra por el piso, pero las principales consultoras del mundo pronostican que su valor se irá por las nubes en 2010, a causa de una mayor demanda en Europa, principal comprador de este tipo de biocombustible elaborado en Argentina. El precio en el mercado externo es tan bajo ahora que fue superado por el aceite (856 dólares contra 833), producto a partir del cual se obtiene el combustible. Por eso, las aceiteras no quieren apurarse en fijar un precio para el mercado interno en este momento.

El biodiesel tiene como destino casi exclusivo el mercado exportador estimulado por los beneficios impositivos de tasas de exportación del 20 por ciento. La retención efectiva es del orden del 14 por ciento, por deducciones de otros impuestos. El aceite paga 32 por ciento de retenciones y la exportación del poroto, 35.

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