La Patria como pasión cotidiana

Por: Osvaldo Pepe

Hoy es 25 de Mayo. Se cumplen 199 años de la gesta libertaria a la que asomamos en los entrañables actos escolares de antaño, hasta ir entendiendo de a poco el sentido de aquella revuelta de los vecinos notables de la ciudad de Buenos Aires y sus estrenadas rebeldías ante la corona española.

Es un día para asumir, por qué no, que estamos en deuda con la Patria. No hace falta que nadie cante el Himno en ayunas, pero sería deseable que el día nos acercara a la conciencia patriótica. A propósito, hoy algunos descendientes de aquellos revolucionarios nos cuentan cómo es llevar el apellido de los próceres, cuando el común de los argentinos no tenemos una relación amigable con la Patria. Es como si su mención nos generara actitudes culposas, y hasta vergonzantes, aunque cierta sublimación, a veces exultante, de los simbolismos nacionales nos brote a raudales en los Mundiales. O en emotivos actos como el de anoche en el Obelisco (ver: Música patria y una multitud en el arranque del Bicentenario). Se trata de hacer de ese fervor legítimo una serena pasión cotidiana.

Si de chicos la Patria fue aquella representación en el patio de la escuela, de grandes vimos cómo se iban apropiando de ella más los militares y sus socios que la civilidad. La sociedad y los partidos creyeron entonces que la Patria era más un cuartel que una conciencia común.

Traumáticas experiencias históricas nos mostraron que la Patria somos todos o no es nadie. Por eso hoy debería ser un día de fiesta y compromiso. Todo aquello que hagamos por los demás y no por uno mismo, todo lo que aportemos a la idea de la vida en común, esa energía que nos mueve a creer que "este país" no es otro que "nuestro país"; y que hay que asumirlo, en verdad, justicia y memoria, con todas las glorias y remordimientos del pasado a cuestas. Eso, justamente eso, resume la Patria.

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