Patopúfete

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CENTRAL 2 - BOCA 1: Boca se cayó en Rosario, Abbondanzieri tuvo culpa en los dos goles de Central y la Copa se aleja. "No me pueden convertir en el palo del arquero", dijo el 1. ¿Y ahora?
Mirá si habrá sido cruel la noche rosarina para el Pato, que en la previa dijo que él en la cancha de Central disfrutaba jugar. Ayer, sufrió. Y como nunca. Sufrió por otro tiro libre (esta vez el de Méndez, el domingo pasado el de Gallardo) que volvió a dejarlo expuesto. Sufrió por un segundo gol en el que tiene absoluta responsabilidad, más allá de la virtud de Castillejos y de la desidia en la marca de Monzón. Sufrió por una derrota que lo sienta nuevamente en el banquillo de los acusados. Y sufrió, como si fuera poco, por ser esclavo de sus propias palabras. Acaso lo mejor que mostró ayer (y como siempre), fue su nivel de autocrítica. Cuestionó Abbondanzieri sus fallas: "No me pueden convertir al palo del arquero". Y dijo, además, otra realidad: "Este puesto es muy ingrato. Si no te reponés enseguida, no podés estar". Deberá reponerse rápidamente, entonces, de este Patopúfete.

¿Sería injusto adjudicarle a Abbondanzieri toda la responsabilidad en la derrota de Boca? La historia es la de siempre. Si Gaitán no erraba ese gol que le sacó un rendido Ambrossi, Boca quizá ganaba. O se llevaba un empate. Pero la red de contención del Pato es, justamente, la de su propio arco. Esa es la ingratitud de la que habla. Y ahí falló él. Con un agravante (o con dos). En la semana, justo cuando el arquero había roto ese silencio al que recurrió por críticas que consideró excesivas (sobre todo tras el amistoso con Manchester, en la gira europea), había limpiado toda culpa en el gol de Gallardo marcando que el tiro libre no había ido a su palo. "Si me lo hacía así, yo me muero, al otro día no vengo a entrenarme". Y el de Méndez, ayer, fue precisamente ahí donde él dijo que no se lo perdonaría. ¿Lo habrá leído Jesús? Luego reconoció que Castellano se lo sugirió. Encima, Abbondanzieri dio un paso hacia el otro palo (el que tapaba la barrera) y, cuando quiso volver, se resbaló, lo que hizo todavía más imposible su reacción. "Son cosas que te pasan. Daría la sensación que más hablás y más te lo hacen. Parece que lo hice adrede y eso es lo que más me duele", se lamentó ayer.

Sin embargo, el 2-0 lo deja peor parado aún, justamente. Porque ahí el Pato tampoco hizo lo que marca el manual: cubrir su palo. Castillejos amagó con tirarla atrás y el toque al gol lo encontró desacomodado y, prácticamente, vencido. "El pibe fue muy inteligente. Yo pensé que iba a tirar el centro, porque es lo que se hace siempre en esa jugada. Lamentablemente para mí fue una gran definición. Reconozco que no me pueden hacer ese gol", insistió. Había que verle su cara, al salir del vestuario, para entender su dolor por una actuación que, sabe, lo deja muy cuestionado. Y de eso, él, también buscó defenderse: "Fue un día en el que me salieron mal las cosas, justo cuando mejor las quería hacer. Pero no me voy a meter más presión por eso. Tuve muchas satisfacciones con esta camiseta como para matarme en este momento".

Es cierto que ese colchón de multicampeón y el respaldo del Coco asoman hoy como sus puntos de sostén. Es muy difícil de imaginar que, por su modus operandi, Basile tome la decisión de sacarlo. Al contrario. Ya lo dejó claro hace poco, cuando su disfonía le permitió hablar por radio con gente amiga: "A los titulares que andan mal se los banca más. Al Pato muchas veces le doy (palos). En privado, claro. Pero es un arquerazo y un tipo bárbaro", dijo justo cuando Abbondanzieri había levantado su nivel. Por otra parte, hay que ver si Javi García o Josué Ayala son garantías de seguridad hoy para el técnico.

Otra vez, claro, el Pato deberá levantarse de este momento. Y Boca también. Otra no le queda si quiere hacer del título o de la clasificación a la Libertadores un objetivo posible.

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