Una patagónica en el Camino de Santiago

Una patagónica en el Camino de Santiago

Es veterinaria, vive en España hace siete años. Un día descubrió que podía hacer la ruta jacobea junto con su perra. Así, ambas recorrieron 400 kilómetros a pie hasta llegar a Santiago de Compostela.

Elida Guzmán es patagónica de pura cepa. Es una NYC, esto es: "nacida y criada" en el sur argentino, como dicen por allí para marcar diferencia. Lleva el viento patagónico en el alma y se le nota. Serán esas ráfagas las que hace unos siete años la empujaron al viejo continente con su título de veterinaria, para descubrir su verdadera vocación: especializarse en el manejo de ovinos. "Cuando llegué a España y vi como trabajaban con las ovejas, dije: ‘esto es lo mío’, y me quedé", comenta con sencillez esta riogalleguense de 39 años.

Afincada en tierras de Castilla y León, donde la actividad ovina constituye la principal ganadería, su trabajo profesional la llevó a recorrer diariamente las carreteras de Burgos, Palencia y León. Así, pudo descubrir algo que la atrapó y literalmente la movilizó: el Camino de Santiago, la ruta jacobea que todos los años millares de peregrinos recorren hasta llegar a la tumba del apóstol, en Santiago de Compostela (Galicia).

"A mi el Camino me encontró de casualidad. Por mi trabajo, una de mis rutas pasa por el Camino Francés (existen varios trayectos), y cuando empieza el buen tiempo se ven muchos peregrinos", dice. Y agrega con entusiasmo: "Al principio me resultaba extraño, no sabía bien de qué se trataba, yo la única peregrinación que conocía era la de la Virgen de Güer-Aike, allá en mi querida Patagonia, pero esto era diferente: no se sale de un lugar determinado, ni en un fecha especial, ni en grupo de personas. Un día, trabajando, iba por el tramo entre Carrión de los Condes y Villalcazar de Sirga, ahí el camino es recto, va paralelo a la carretera y es duro porque en verano no hay nada de sombra, es Tierra de Campos pura y dura. En toda esa soledad veo a una peregrina caminando con su perro. ¡Me pareció una imagen tan bonita! No sé qué me pasó pero sé que fue en ese momento cuando el Camino se me metió en el cuerpo". Desde ese día supo que debía largarse a caminar, pero también de un modo muy particular: con su perra Malena, de raza pastor catalán y con nombre tanguero.

De este modo, comenzó para Elida una experiencia que califica como maravillosa, como "un reencuentro con el alma", llena de historias, personajes, anécdotas y curiosidades, que plasmó en un diario de viaje personal durante los dieciséis días que duró su peregrinaje desde Ledigos (Castilla y León) hasta la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela.

La magia del Camino

Recuerda con alegría la entrada a Santiago, con la gente acercándose para darle la enhorabuena, peregrinos con los que había coincidido, o no, pero que habían escuchado hablar de "la peregrina con su perra". Sucede que caminar con un perro durante 400 kilómetros no fue tarea sencilla. Hubo trayectos a pleno sol, algunos demasiados largos, y, sobre todo, la odisea de conseguir albergues de peregrinos donde aceptaran a Malena. En algunas ocasiones fue complejo, con puertas que se cerraron; pero en otras, vivió situaciones muy gratas "gracias a la perra".

La rutina de los peregrinos cuando llegan a los albergues es ducharse, lavar la ropa y después comer. Su hábito era muy diferente: darle de comer a la perra, ponerle agua y después revisarle entre los dedos, quitando alguna espiga y ponerle el protector de plantillas. Justamente, su primera historia del camino tuvo que ver con esta rutina: "Un día estaba en el patio de un albergue de peregrinos en Mansilla de las Mulas (León), con Male, mirándole las patas, por si tenía alguna espiga clavada, como hacía todos los días. Un peregrino me preguntó que tal llevaba lo de las patas, le conté de los cuidados que le hacía cada vez que llegaba a un albergue, y que estaba un poco desesperada porque había perdido el pote con el líquido que le ponía para protegerle las almohadillas. Había salido por el pueblo buscando alguna clínica veterinaria para comprar otro, pero no había ninguna. El problema es que ese líquido se lo tenía que poner todos los días, para que no se le agrieten los pulpejos, ya que sin ese protector se le iban a lastimar las patas, y no íbamos a poder seguir juntas. Pero mi ilusión del Camino, era hacerlo con mi perra. Entonces, este peregrino me dice que no me preocupe, que me va a dar algo para las patas. En ese momento presentí algo y le dije: ‘¿no me digas que lo tienes tú?’. Cuando apareció con mi pote me tiré encima de él dándole abrazos y besos. Resulta que lo había encontrado en el camino, cuando se sentó en una piedra a comerse un bocadillo; entonces lo vio y lo guardó por si encontraba a alguien que lo necesitase. En ese mismo lugar yo me había sentado a comer una manzana y el frasco se me cayó de la mochila. Se me podía haber caído en un lugar donde no lo viese nadie, lo podía haber encontrado él al día siguiente y ya no coincidíamos en el albergue… y podría haber sido también que él hubiese parado en otro albergue; pero no, a él en ningún albergue le habían dicho que yo había perdido eso, sólo lo encontró y llegó hasta mí. Yo alucinaba, y todos me decían: "es la magia del Camino". El hospitalero (dueño del albergue) sostenía que, por lo visto, Santiago quería que yo terminara el camino con mi perra".

Final del camino

"Cuando llegué al Santo –dice- le di un abrazo, no se porqué pero me emocioné. Pensé en toda la gente que estuvo pendiente de mi, agradecí el apoyo que me dieron con sus mensajitos y llamadas, tanto de aquí, de España, como los que están del otro lado del Océano. Agradecí la fortuna de haber vivido esta experiencia alucinante, que es imposible contar, sólo lo saben los que han hecho el Camino. Especialmente le pedí a Santiago que cuide de mi familia, allá en Río Gallegos", concluye.

La peregrinación hasta el sepulcro del apóstol Santiago el Mayor se ha transformado en el acontecer religioso y cultural más destacable y más profundamente vivido desde la Edad Media. Esto ha sido reconocido recientemente por el Parlamento Europeo que designó al Camino como "Primer Itinerario Cultural Europeo", y por la UNESCO, que lo declaró "Patrimonio de la Humanidad".

Es una larga ruta surcada por millones de peregrinos desde tiempos inmemoriales y desde los últimos rincones del mundo. Su historia está jalonada de hechos singulares, cada uno con sus particularidades, como la experiencia de ésta patagónica que pudo vivirla de un modo especial, con la seguridad de que "uno no busca a Santiago, sino que es el Camino quien que te encuentra".

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