La pata deportiva del camionero más mentado: el Moyano Fútbol Club

La pata deportiva del camionero más mentado: el Moyano Fútbol Club
Destina $1,2 millón al año para sostener a tres clubes del ascenso. Uno de ellos se llama como el sindicato que lidera. Paga sueldos de lujo para la categoría. Hinchada y militantes, confundidos en el tablón.
A Hugo Moyano no le basta con ser el sindicalista más poderoso de la Argentina, ni con sentarse al lado de Néstor Kirchner como vicepresidente del Partido Justicialista. Su proyecto de acumulación de poder cuenta con una pata deportiva, visible en cuatro clubes del fútbol argentino a los que destina una cifra estimada en $1,2 millones al año. Moyano es protagonista de la vida institucional de Independiente, mantiene hegemonía absoluta en Barracas Central, de la Primera C, maneja los destinos de Alvarado de Mar del Plata, que milita en el torneo Argentino B, y hasta se dio el lujo de ponerle el nombre de su gremio a otro equipo, en el que digita todo: Mutual de Camioneros 15 de Diciembre, que debuta en el torneo Argentino C.

“En cinco años, la Mutual podría jugar la Copa Libertadores”, aventuran los moyanistas ortodoxos. Este club de camiseta verde y blanca –como la histórica lista del clan en el sindicato de Camioneros– jugará en la categoría más baja de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) luego de ganar la liga de Luján. “Sección Remolque” es una bandera infaltable cada vez que la Mutual, fundada en 2005, juega de local en General Rodríguez.

Corresponden a líneas internas del sindicato, donde el apoyo a papá Hugo es casi una obligación. Formado con algunos jugadores que regresaron de su exilio en ligas menores –Guatemala, Ecuador–, el equipo goza de ciertos beneficios. Pese a ser una categoría amateur, los sueldos (viáticos) son aceptables (entre $1.500 y $2.000).

Y la pretemporada se hizo en Mar del Plata. “Para tener un equipo en esa categoría necesitás entre 150 y 200 mil pesos”, evalúa un dirigente allegado a la AFA.

La inversión se retroalimenta en actos políticos y en partidos de fútbol. Hinchas y militantes se confunden en las mismas personas. Cuando Moyano habla, aparece la bandera “Moyano Conducción”. Cada vez que juega la Mutual, el trapo deviene en “Sección Transporte de Caudales”. Por regla general, la ligazón entre dirigentes sindicales o políticos con el fútbol está asociada a la necesidad de ampliar los núcleos de influencia. El caso más paradigmático es el del gastronómico Luis Barrionuevo, que mientras estuvo al frente de Chacarita Juniors acumuló denuncias por los presuntos vínculos con la barrabrava del club.

Desde lo formal, y como hincha declarado del Independiente, Moyano apostó todas sus fichas a su alianza con Julio Comparada y ganó. El 14 de diciembre, el hijo del fallecido empresario asegurador José Miguel “Cholo” Comparada fue reelecto al frente de la institución de Avellaneda con el 76% de los votos, un porcentaje récord en la historia del club. Los ejes de esa alianza con el gremio fueron Pablo Moyano, hijo del líder sindical y adjunto del sindicato, que supo ser vocal, y Héctor “Yoyo” Maldonado, encargado desde el sector denominado “Camioneros Rojos” de la campaña electoral. Hugo se reserva un lugar en la asamblea de representantes y fue el único orador del oficialismo cuando se aprobó el concurso de acreedores, hace tres años.

“Yoyo” Maldonado era un representante de la rama de Correos del gremio y fue ubicado por los Moyano como cabecera de playa del sector en Independiente. Para apuntalar un proyecto que comenzó tímidamente en 2003, Moyano aportó fondos del sindicato en el predio del club en Villa Dominico.

Ese predio de 27 hectáreas, ubicado en tierras que pertenecían a la provincia de Buenos Aires, fue cedido gentilmente por el ex gobernador Felipe Solá a instancias de una negociación encarada por el propio Moyano, y pasó a formar parte del patrimonio del club. La intervención del sindicato derivó en reformas edilicias en los vestuarios, compra de indumentaria y la llegada de nuevos espónsores ligados a las actividades de los camioneros, como el correo privado OCA.

Más abajo en la cadena evolutiva del fútbol, la siguiente escala es Barracas Central. Su presidente es Claudio “Chiqui” Tapia, yerno de Hugo Moyano. Revistaba como barrendero y creció como dirigente en los 90 hasta hacerse cargo de un corralón en Palermo que funcionaba como teatro de operaciones de esa rama del sindicato. Su ascenso en la estructura del gremio, sumado al matrimonio con María Isabel Paola Moyano, fueron demasiado para Pablo, el primogénito.

El jefe del clan familiar decidió intervenir para evitar males mayores y derivó a Tapia al club Barracas, elegido por los Moyano porque es el barrio donde más empresas transportistas están presentes. Lo puso al frente de Barracas Central. Empezó bárbaro: le dio un campeonato de la Primera C en 2003. A fuerza de sueldos impagables para la categoría –un goleador puede llegar a ganar entre 4 y 6 mil pesos por mes; hace unos años, el cuerpo técnico cobraba 1.500 dólares–, Barracas se transformó en permanente animador de la C. Su presupuesto para la temporada 2008-2009 ronda los 500 mil pesos. A nadie le importa que buena parte de sus hinchas respondan más al magnetismo de los Moyano que a la pasión por el rojo y el blanco, los colores de la camiseta barraqueña.

El vínculo con Alvarado tiene más que ver con la ciudad que vio nacer a Moyano, Mar del Plata. El apoyo económico al club representa uno de los orgullos familiares de los Moyano y alcanzó su pico máximo con la rutilante contratación de Raúl “Lalo” Maradona como miembro de una dupla técnica que completa Horacio Yonadi, a principios del año pasado. La presentación se hizo en la sede local del sindicato. Pablo Moyano suele jactarse de haber impulsado un crecimiento del club al punto de superar en convocatoria al histórico rival en la ciudad, Aldosivi. Además de estampar su logo en la camiseta, el sindicato se encarga de pagar los sueldos de todo el cuerpo técnico. A cambio de cerca de 500 mil pesos por temporada, el Sindicato de Camioneros auspicia el club de los amores de Moyano. Y da una buena mano cuando hay que contratar nuevos jugadores.

La incorporación más reciente al proyecto futbolístico del núcleo familiar es Mutual Camioneros. A fin de año, en una definición electrizante, obtuvo el ascenso al torneo Argentino C luego de disputar con otros gremios, como Mutual UTA y Atilra (el gremio de los lecheros). El equipo promete darle renovadas alegrías a Moyano, un dirigente que no conoce de techos. Así en el gremialismo como en el fútbol.

El trono de la Primera C para el yerno

En julio de 2007, Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de Barracas Central, yerno de Hugo Moyano y ocasional DT de su equipo luego de la renuncia del entrenador de turno, tuvo su tarde de gloria. La mesa directiva de la Primera C iba a elegir a su nuevo presidente, y Tapia era uno de los candidatos. Sin embargo, una denuncia cambió todo: según los presidentes de otros clubes, había en la sala “15 barrabravas de Dock Sud, llevados para que Tapia ganara la elección”. La por entonces presidenta de San Martín de Burzaco, Gladis Ruifernández, declaró que los barras la llamaron “traidora” y que el ambiente que se vivió ese día en el edificio de la calle Viamonte “no era muy cordial”.

Se inició una investigación y, días más tarde, hubo una nueva elección. A pesar de la oposición de varios clubes por los incidentes, la AFA aprobó un nuevo acto eleccionario. José Luis Meiszner, secretario ejecutivo de la entidad, supervisó la reunión. El gerente, Hugo Cotz, también buscó que no hubiera desmanes. Allí, Tapia (10º vocal del sindicato de camioneros) fue ungido oficialmente presidente de la categoría casi por unanimidad. Sólo votó en su contra el presidente de Excursionistas, Armando Mainoli. “La casa está en orden”, declaró esa noche el secretario Meiszner, parafraseando al ex presidente Raúl Alfonsín luego de un intento de golpe de Estado. La categoría comenzó a disfrutar del poder de Tapia, que en realidad es el de los Moyano, en 2008. Por primera vez, los partidos de Primera C se transmiten por TV para Capital y Gran Buenos Aires.

Independiente, su gran amor

Hugo Moyano alardea de su sangre roja, rojísima. “La herencia más grande que le dejo a (mi hijo) Pablo es haberlo hecho hincha de Independiente”, dijo alguna vez. Sin embargo, sus lazos con el equipo de Avellaneda van mucho más allá de la pasión. Gracias a su fluida relación con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Moyano acercó al club a Forjar Salud, empresa de salud asociada con el sindicato. Durante la temporada 2005/2006 y a cambio de 375 mil dólares, la cobertura médica de todos los jugadores del club y el servicio de ambulancia durante los partidos, Forjar estampó su logo en la camiseta del Diablo. El importe triplicaba lo que abonaba Taranto, que auspició al equipo en la campaña 2004/05.

Forjar Salud aceptó firmar con el club de los amores de Moyano a espaldas de su consejo directivo. El secretario de Relaciones Públicas de la UOM, Francisco Barba Gutiérrez, declaró en su momento que la obra social “debería invertir dinero en temas de salud, como mejorar las prestaciones de sus afiliados”, en lugar de auspiciar una camiseta.

El influjo moyanista también se siente en la tribuna. Cuando Independiente juega de visitante aparecen las camperas con la leyenda “Moyano Conducción” en honor al mecenas sindical que tanto hizo por el equipo. “A Independiente hay que ayudarlo de cualquier lado”, reflexionó Moyano cuando le preguntaron sobre su accionar en el club de sus amores. De todas formas, el gremialista más poderoso del país no sabe de límites: cuando Pedro Troglio dirigía a un tambaleante equipo de Independiente, Moyano lo fustigó en público. “El técnico es medio debilucho”, dijo.

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