Un paso para recuperar el equilibrio político

Por Carlos Pagni

Elisa Carrió pisará de nuevo hoy el Comité Nacional de la UCR. El gesto pretende ser el comienzo de una síntesis que vaya decantando en distintas alianzas destinadas a enfrentar al Gobierno en las elecciones legislativas de 2009.

Ni Carrió ni su anfitrión, Gerardo Morales, querrán ir tan lejos en sus declaraciones. Apenas hablarán de un contacto institucional entre fuerzas que ya tienen una gimnasia de coincidencia en el Congreso.

Sin embargo, lo que hoy se inicia, si prospera, está destinado ser decisivo para la configuración de la vida pública en la Argentina de los próximos años. La crisis que estalló en 2001 afectó a todo el sistema de partidos, pero fue más dramática allí donde los sectores medios habían encontrado representación por más de un siglo.

Si algo cambió en el país a partir de aquel año fue que la sociedad ya no contaría con una alternativa organizada, de alcance nacional, a la que le seguía ofreciendo, aún sumido en la dispersión, el PJ.

Es probable que la política argentina sólo se reencuentre con el equilibrio, es decir, sólo alcance un nuevo orden, cuando ese contrapunto se restablezca, es decir, cuando el no peronismo se reorganice.

Los contactos entre Carrió y sus antiguos correligionarios son numerosos y antiguos. Mario Negri, Víctor Fayad, Ricardo Gil Lavedra, Enrique Nosiglia, Ernesto Sanz, Horacio Jaunarena o Daniel Salvador, por citar sólo un grupo, dialogan más de lo que se sabe con Carrió, Margarita Stolbizer, Alfonso Prat-Gay, María Eugenia Estensoro y Enrique Olivera.

Pero el bautismo de esta secuencia se celebró el 30 de octubre pasado. Ese día, Carrió, Olivera -histórico militante de la UCR porteña- y Prat-Gay -nieto de un caracterizado líder de ese partido, diputado y senador por Tucumán- asistieron al homenaje que el radicalismo le hizo a Raúl Alfonsín en el Luna Park, por el 25° aniversario de las elecciones que restauraron la democracia.

La figura de Alfonsín fue decisiva para la reunión de hoy, y no sólo por su capital simbólico. Carrió dialoga casi a diario con el ex presidente desde que lo visitó en su lecho de enfermo, hace 40 días. Y la cumbre esta tarde es, en buena medida, la respuesta al ruego que Alfonsín formuló desde su casa a los asistentes al Luna Park, impedido de concurrir al homenaje: "La oposición debe dialogar". Sonreirá don Raúl hoy por esta nueva jugada, que agregará a su colección, al parecer infinita.

La ingeniería electoral es, aunque de eso no se hable, uno de los motores de este reencuentro entre Morales y Carrió, quienes ya habían mantenido una larga conversación en Rosario durante la protesta agropecuaria del 25 de mayo.

A diferencia de lo que sucedió en la genética de la Alianza, en 1997, la confluencia en listas comunes es un mandato de la sociología en la que se asientan la Coalición Cívica de Carrió y la UCR. Cualquier dispersión la pagarían ambos y beneficiaría al gobierno nacional y al PJ de cada distrito. Es la experiencia del año pasado, cuando los radicales impulsaron a Roberto Lavagna para la presidencia.

Al contrario, las combinaciones que surjan a partir de hoy encenderán luces de alarma en Olivos. Para empezar: en Santa Fe, Córdoba y Mendoza, la UCR y la Coalición Cívica irán unidas el año próximo. En la primera provincia el acuerdo incluirá, claro, al socialismo de Hermes Binner y de Rubén Giustiniani, quien asistió a la última convención nacional de la UCR. El triunfo del peronismo en esas provincias dependía mucho, hasta ahora, de que estas asociaciones no se produjeran.

Pero el experimento que hoy ensayarán Carrió y Morales tendrá su principal banco de pruebas en la provincia de Buenos Aires. Allí los Kirchner ejercen su mayor resistencia. Las conversaciones entre Stolbizer y los radicales avanzaron mucho. El año próximo habrá una lista bonaerense integrada por Stolbizer y Ricardo Alfonsín, quien tuvo un duro enfrentamiento con Leopoldo Moreau el fin de semana pasado, durante una convención provincial. Moreau es quien más se niega al acercamiento con Carrió, y eso alimenta la fantasía de quienes sospechan que busca un contraacuerdo con Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez. La presencia de Duhalde es uno de los límites de Carrió para cualquier frente opositor.

En Pro, de Mauricio Macri, hay quienes creen que hasta esa barrera podría caer. Son diputados nacionales entrenados en la coincidencia con la Coalición Cívica, la UCR y el PJ disidente de Felipe Solá. ¿Existe un paraguas bajo el que podrían colocarse Stolbizer, Narváez, Solá y Ricardo Alfonsín, es decir, toda la oposición a los Kirchner en la provincia de Buenos Aires? Todavía no. Pero si existiera, la viga maestra de esa construcción imaginaria, el puente entre lo irreconciliable, sería el radicalismo.

Más allá de esas conjeturas, para nadie como para Julio Cobos será tan real lo que se desencadene a partir de hoy. Al vicepresidente se le ha cerrado el camino de regreso al oficialismo. Pero todavía no se le abrió el que lo devuelve a la UCR. Tal vez comience a imitar a Carrió, armando su propia fuerza y agregándola a una escuadra más amplia, distrito por distrito. Es mejor que desafiar a los radicales en una interna. En eso, siguen siendo los mejores.

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