Pasó un fuerte obstáculo la reforma de Obama

Hay dos temas particularmente polémicos del proyecto sanitario: los derechos para abortar y la eventual creación de una "opción pública", a partir de la cual el gobierno podría ofrecer seguros de salud y competir con el sector privado.
Las primeras escaramuzas en la batalla por la reforma de salud que domina la agenda doméstica de Barack Obama ya comenzaron a oírse: el Senado de Estados Unidos aprobó ayer iniciar el debate en el recinto del proyecto de ley demócrata que pretende reformar una de las industrias más poderosas del país. El primer disparo se dio de madrugada: por una estrecha mayoría, los senadores decidieron comenzar a discutir la propuesta que le garantizaría una cobertura médica a la casi totalidad de los estadounidenses. "El presidente está satisfecho con que el Senado haya comenzado a considerar la reforma de las leyes del sistema sanitario", señaló a través de un comunicado Robert Gibbs, vocero de la Casa Blanca. Llegar hasta este punto no fue tarea fácil. Para lograrlo, los jefes de la bancada demócrata tuvieron que recostarse pura y exclusivamente en los escaños partidarios. El resultado fue 60 votos a favor y 39 en contra. De haber obtenido un solo voto menos, los opositores a la reforma podrían haber dilatado el asunto iniciando un debate sin límite de tiempo y sacar el tema de la agenda, práctica conocida como filibuster.

El desafío es claro: mientras los senadores comienzan a debatir un proyecto lleno de aristas capaces de dividirlos, habrá que mantener unida a esta frágil coalición a prueba de filibusters. De las casi dos mil páginas del proyecto, hay dos temas particularmente polémicos: los derechos para abortar y la eventual creación de una "opción pública", a partir de la cual el gobierno podría ofrecer seguros de salud y competir con el sector privado.

Por lo pronto, las negociaciones ya comenzaron y ambos bandos están cortejando a los llamados "niveladores": dos senadores independientes y dos demócratas del ala derecha del partido. Si bien los cuatro votaron a favor en la madrugada de ayer, todos ellos son conocidos por ser bastante escépticos sobre la reforma.

Tras la votación en el Capitolio, los republicanos salieron a denunciar el proyecto ante las cámaras con su tono más agresivo. "El proyecto es una monstruosidad", protestó Mitch McConnell, jefe de la bancada opositora. "El proyecto está tan lleno de trampas y mentiras que sería la envidia de Bernard Madoff", se quejó, a su vez, el senador John Kyl.

Lo curioso fue que las quejas no vinieron solamente del campo conservador. Los demócratas del ala izquierda del partido se indignaron por las concesiones que se les estaban haciendo a sus colegas más conservadores en aras de aprobar el proyecto.

"Al final, no quisiera tener que ver cómo cuatro senadores demócratas nos dictan a los otros 56 y al país entero lo que hay que hacer. En especial teniendo en cuenta el nivel de apoyo que tiene la opción pública", aseguró el senador por Ohio Sherrod Brown a la cadena CNN. "Espero que no quieran estar del lado equivocado de la historia", lanzó.

Uno de los cuatro senadores a los que alude Brown es la congresista demócrata por el estado de Louisiana, Mary Landrieu. A ella, para lograr que vote a favor, hubo que concederle un paquete de ayuda de 100 millones de dólares para gastar entre los más necesitados de su estado. "Estaba claro para mí que no podía quedarme de brazos cruzados", declaró la senadora cuando todo hubo terminado.

El debate formal comenzará el próximo lunes 30 y se espera que continúe hasta Navidad. Dada su redacción actual, el proyecto de ley les proporcionaría una cobertura médica a unos 31 millones de estadounidenses que actualmente carecen de ella. En algunos casos, incluso, el Estado podría vender planes de cobertura para así competir con los privados y obligar a éstos a bajar sus precios. Sin embargo, el texto podría sufrir aún innumerables modificaciones.

Los cálculos indican que el proyecto costaría, a lo largo de la próxima década, alrededor de 979 mil millones de dólares. De entrar en vigor, todos los estadounidenses estarían obligados por ley a tener un seguro médico y las compañías ya no podrían denegar el servicio a sus afiliados aduciendo enfermedades preexistentes.

Cuando llegue el momento de la votación final, a los demócratas les bastará con una mayoría de 51 votos contra 49; pero, hasta llegar a ese punto, primero tendrán que negociar y asegurar cinco o seis votos que podrían ser cooptados por los republicanos para llevar adelante un filibuster. En ese punto es donde la "opción pública" podría caer y cederse como una carta de negociación.

Mientras se acercaba el momento de votar, Harry Reid, líder de los demócratas, se despachó contra sus adversarios. "Imaginen si, en vez de debatir sobre la abolición de la esclavitud o sobre los derechos de voto para las mujeres y otras minorías, aquellos que estaban en contra hubiesen decidido no debatir, silenciar la discusión y liquidar cualquier posibilidad de votación", señaló el senador.

Cualquiera sea el proyecto que eventualmente se apruebe, el texto no se convertirá en ley de manera inmediata. Primero tendrá que ser armonizado con el proyecto que aprobara la Cámara de Representantes por 220 votos contra 215. Tan sólo luego votarían la versión final las dos cámaras en conjunto.

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