Hay que pasar el invierno

Por: Ricardo Kirschbaum

Obligado por la reacción popular contra el boletazo de la luz y el gas, el Gobierno decidió pasar el invierno. Así dejó sin efecto los aumentos, los que se habían convertido cada vez más en una gran fuente de protesta que atravesó a toda la sociedad. Hasta la CGT, en una alambicada declaración, había salido a decir que el tarifazo era intolerable.

Esta vez la algarada hizo tambalear al ministro Julio de Vido, de cuya renuncia se habló por la mañana. Debió ir al Congreso –un gesto poco frecuente de los miembros del gabinete– para explicar en persona que, otra vez, la culpa la tenían las empresas. La explicación fue tan poco convincente como liviana: las empresas habían inducido el boletazo y su ministerio había admitido esa inducción. ¿De quién es el error? La respuesta es simple y De Vido, más allá de las débiles excusas, se tuvo que hacer cargo.

La postergación invernal hará decaer la protesta social. Pero el problema sigue en pie: los subsidios han vuelto esta vez pero la billetera que los otorga está cada vez más delgada.

La columna de Alcadio Oña que publicamos en esta edición recuerda que el secretario de Energía Daniel Cameron había tratado en varias ocasiones de actualizar las tarifas durante la gestión de Néstor Kirchner. Fracasó todas las veces y, además, fue corrido con la chicana de que estaba demasiado cerca de las petroleras. No se explica, si eso creía el ex Presidente, cómo Cameron siguió siendo funcionario de su gobierno y del actual.

Los retrasos de tarifas que Kirchner no había querido reducir paulatinamente se fueron acumulando para estallar ahora durante la gestión de Cristina. Era previsible que esto ocurriera.

El Gobierno pateó ahora el problema para adelante pero esta bomba de tiempo sigue activada.

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