Pasados por agua

El viento Zonda tapó con basura y ramas el canal que surca la Ignacio de la Roza, a la altura de Circunvalación. En consecuencia, se produjo una inundación sin precedentes en la ciudad.
La mañana de ayer no fue apta para dormidos o despistados. Las personas que anduvieron caminando o en vehículo por el centro, tuvieron que poner toda su atención en la calle para esquivar el agua que corría y tratar de mojarse lo menos posible. Es que el viento Zonda, que empezó el domingo pasado y siguió durante toda la madrugada de ayer, llenó de hojas, ramas y basura el canal que surca la Ignacio de la Roza, a la altura de la Avenida de Circunvalación. Como consecuencia, el canal se rebasó y el agua comenzó a correr por las calles. Según comentaron desde Hidráulica, nunca habían tenido que lidiar con un derrame semejante. Por su parte, desde el municipio capitalino informaron que la cuarta parte de la ciudad estuvo pasada por agua.

Las calles anegadas sorprendieron a la gente que se dirigía a sus trabajos o a llevar a los niños a la escuela. Ayer temprano, parecía que había llovido en la ciudad. Y la gente tuvo que hacer piruetas para mojarse los pies lo menos posible o para evitar las salpicaduras de los autos. Mientras, los conductores se vieron obligados a circular más despacio de los acostumbrado para no ensuciar tanto sus vehículos y no mojar a los transeúntes. Es que las calles España, Libertador, Catamarca, Alem, Santa Fe, General Acha, Mendoza y General Paz estaban inundadas. Y en la Ignacio de la Roza el agua pasaba como si fuera un río. Todo porque el viento Zonda tiró ramas y hojas en el canal Valdivia, que se tapó y derramó sus aguas en la calle.

El agua corrió alrededor de dos horas, desde las 6 hasta las 8, después las calles comenzaron a secarse. Pero en muchas esquinas permanecían los charcos. Eso también se transformó en una odisea. Para pasar la esquina de Santa Fe y Catamarca, por ejemplo, los caminantes encaraban para cruzar y con el mismo impulso retrocedían y volvían a poner los pies sobre la vereda. Miraban con atención y una expresión pensativa, y elegían una de dos opciones: o seguían caminando por la misma vereda y cruzaban una cuadra después, o comenzaban a dar saltos en puntas de pie intentando pisar la calle lo menos posible. Es que cruzar normalmente implicaba mojarse hasta la botamanga del pantalón.

Mientras tanto, los automovilistas luchaban entre sí para pasar y ganarle el costado de la calle que tenía menos agua al auto que venía al lado o atrás. Esta postal se repitió desde alrededor de las 10 y hasta cerca del mediodía, en muchas calles de la ciudad.

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