Un pasado "a pata y a pulmón"

La marcha en apoyo de los médicos tuvo respaldo. Germán Alfaro no midió las consecuencias de sus palabras. Rojkés de Alperovich, tampoco. Excesos en la crisis.
El 16 de mayo de 1997 Antonio Bussi era gobernador elegido por el pueblo. La plaza Independencia, termómetro de la vida institucional de la provincia, mostraba un estado febril. El sol otoñal era un híbrido frente al calor popular de los miles de tucumanos que se juntaron para hacerle saber al general retirado que había comenzado su cuenta regresiva. Ese día, no sólo había jueces, dirigentes gremiales y políticos sino también hombres y mujeres que pocos años después se convertirían en figuras principales de Tucumán. Vestían otra camiseta política y el poder era inversamente proporcional a sus ambiciones.

El viernes por la noche, la plaza no desbordaba de gente como hace 12 años. Tampoco la organización era la misma, la mayoría de los sindicalistas brillaban por su ausencia, pero portaban su antorcha el médico, la jubilada, la psicóloga, el comerciante, el dirigente político -de la oposición, claro-, la señora del barrio norte que dejó la cacerola en la cocina, pero pasó a comprar aunque sea una velita para encender el descontento. No gobierna Bussi, que está preso. Lo hace José Alperovich que se durmió una larga siesta y no pudo dominar la situación. Jamás imaginó que negar un aumento a un sector de clase media de la sociedad iba a conquistar tanta gente en su contra. En la plaza Independencia estaban la madre y los hijos que fueron empujados en sus cochecitos. Y no faltó el padre que acarreó vituallas para apagar el calor y la sed. Hubo más candidez que militancia y fueron más de los previstos. Tantos que la Policía pidió unos refuerzos, porque había más tucumanos que los calculados previamente.

Esta plaza no representa lo que fue aquella marcha "A pata y a pulmón", pero es un alerta que el gobernador y sus incapaces adlátares no supieron -o no pudieron- prever.

La siesta y el sopor que implican seis años ininterrumpidos de gobierno con billeteras abultadas, indudablemente, no les ha permitido evaluar correctamente este fenómeno social.

Ha sido un viernes negro para el alperovichismo. Se produjo porque los "sijosesistas" subestimaron la situación real y porque no evaluaron las consecuencias. Se durmieron en los laureles.

No fueron los únicos. Los dirigentes gremiales de ese sector deberían ponerse la mano en el corazón; mirarse en el espejo; presentar la renuncia y dedicarse a otra cosa.

Los autoconvocados también deberán llamarse a la reflexión porque cuentan con el aval de un importante sector de la sociedad, pero la inflexibilidad y la falta de organicidad se convierten en obstáculos para llegar a una solución. Ya vieron que ni los ministros, ni la Iglesia ni los gremios les han abierto una puerta. Están solos, aunque acompañados.

"¿Alfaro o yo?" "Vos"

Son tiempos de excesos. Se viven momentos donde no se miden las consecuencias.

Eso le pasó al diputado nacional Germán Enrique Alfaro. Cansado de los desplantes y del manejo a control remoto que Alperovich hacía del municipio de capital acordó con el intendente Domingo Amaya ponerle un freno al mandatario. En realidad, fue un bumerán. No se imaginó que desencadenaría semejante tormenta con sus declaraciones. El tsunami municipal anuncia descabezar a casi un centenar de dirigentes del diputado Alfaro, pero también puso contra las cuerdas a Amaya. Palabras más, palabras menos, Alperovich le dijo a Amaya: "O Alfaro o yo". El intendente tuvo la oportunidad de demostrar que tenía fuerzas. Que cierta hidalguía lo ayudaría a tomar las riendas de la independencia. Pero nada de eso hubo. "Alperovich", respondió el intendente. Se olvidó que hubo miles de tucumanos que lo votaron (ya no tenía el cargo prestado). Debió haber defendido esa posición y su gabinete. Quedó tan debilitado que hasta el último empleado sabe que el intendente no manda en la Municipalidad: manda el gobernador.

En una mala caricatura "delarruistica", Amaya no sólo mostró su incapacidad, sino también puso en juego todo su capital político. Pudo haberse diferenciado -y separado- de Alfaro, pero nunca entregado de esa manera la conducción del municipio.

Todo explotó por una declaración de Alfaro. No estaba en juego nada institucional. Fue una cuestión absolutamente política y Amaya desarticuló su gabinete por miedo a José.

El diputado Alfaro, un experto tiempista y un calculador milimétrico de las cuestiones territoriales quedó a la intemperie y seguirá recibiendo mandobles alperovichistas. En sus fojas de servicio quedará anotado que se le animó a Alperovich, pero tendrá que repasar los manuales políticos porque erró el momento y la forma de enfrentarlo.

Mientras el diputado y el intendente revisan sus huestes después de haber sufrido sus respectivas "Cancha Rayada", había alguien que en silencio se frotaba las manos: el diputado Gerónimo Vargas Aignasse.

La jefa de Teresa

El viernes por la noche, el intendente debe haber tenido las orejas coloradas. Primero comieron una morcilla y un chorizo. Luego saborearon una costilla y carne jugosa. No faltó el concejal y la edila que también aceptó un pollito asado. Con la panza llena y con el corazón contento de que Alperovich y su esposa los recibieran en su casa "cucharearon" helado de vainilla, de dulce de leche y de frutilla y le "sacaron el cuero" al intendente. El blanco fue el "colorado".

"No nos peleemos entre nosotros, dejemos eso para 2011, pero ahora no es momento", dijo Alperovich. Como si no lo hubieran escuchado, hablaron los concejales Luis Marcuzzi, Noemí Correa, Esteban Dumit y Teresa Felipe de Heredia. Se quejaron de que Amaya no los escucha, de que el intendente hizo obras y nos los invita a las inauguraciones y de que les quita dirigentes.

"Permiso Betty, puedo hablar", dijo Felipe de Heredia. Los ediles comensales oficialistas se rieron porque no se dirigió al gobernador sino a la senadora electa. "Bueno es que ella es mi jefa", señaló la concejala. "Te voy a tener en cuenta", le respondió Alperovich. Este intercambio ayudó a desacartonar más aún el asado y le permitió a Felipe de Heredia que se queje amargamente porque en la plaza Eva Perón, Amaya arrasó hasta con el busto de la esposa de Perón. "No hice lío antes porque Betty me lo pidió", aclaró y finalizó: "Qué se cree éste, que soy tonta". En realidad, usó otros términos más maradonianos o Denarvaísticos que soltaron la hilaridad de los ediles que parece que ya no respetan como antes al intendente.

Del dicho al hecho...

Rojkés de Alperovich tampoco midió las consecuencias de sus palabras. Enojada como pocos en el oficialismo con los médicos autoconvocados, la primera dama y tercera senadora mujer de la provincia señaló el Día de la Lealtad: "Nos hacen paros jóvenes que entraron en nuestra gestión. Realmente, creo que el error ha sido no trabajar solamente con la gente de nuestro partido, que sabe lo que es la lealtad, que sabe lo que es el compromiso, el esfuerzo que estamos haciendo desde nuestro Gobierno para poder seguir pagando sueldos". Un peronista que más de una vez intercambia palabras con la presidenta del PJ, reflexionó: "La verdad, lo hubiera hecho y no dicho. El peronista de siempre prefiere que le nombren un hijo y no que le digan que nombraron a otros". Rojkés de Alperovich -que alguna vez marchó en las columnas del radicalismo en el que militó su marido- cayó en los excesos de la abundancia del éxito político. Tal vez por eso no pidió necesarias disculpas.

Palabras que no inventó

Ni las palabras de su esposa, ni las marchas, ni la identificación con el bussismo y sus negocios que hizo Alfaro, ni el aletargamiento de sus funcionarios debe haber molestado a Alperovich como el exceso "del hombre que el inventó" como podría decir el escritor Osvaldo Fassolo. Es que trascendió a nivel nacional que el ministro de Salud Juan Manzur mantiene el sueño de ser gobernador. Esta suposición no le debe haber hecho ninguna gracia al mandatario cuyo futuro depende de él y de la Corte Suprema de Justicia, otra institución que dio que hablar en los últimos días.

El juicio político a la fiscala de Concepción Eva Frías de Ruiz fue firmado por el propio presidente de la Corte, que después tendrá que actuar en el jury de enjuiciamiento. Tal vez fue una distracción por la organización de la fiesta de cumpleaños que Antonio Estofán dio anoche en Raco (en realidad cumplió el jueves 8 del corriente) o tal vez por la falta de costumbre de ejercer la investidura actual.

Lo cierto es que el juicio a la criticada fiscal no cayó bien en el entorno "sijosesista". Un abogado que viaja a los Tribunales de Concepción reconoció ayer que el presidente de la comisión de Juicio Político Sisto Benjamín Terán Nougués habría recibido un llamado con voz bigotuda que le habría pedido: "intentá salvarla aunque sea una misión difícil". El tiempo dirá si Antonio Estofán puede hacer olvidar su gaffe y si los legisladores logran archivar el pellejo jurídico de la fiscal.

Despertar paquidérmico

Tucumán venía sumido en el sopor de una larga siesta. Los radicales habían puesto el despertador para este domingo cuando iban a hacer las internas partidarias. Pero, incapaces de competir y temerosos -y débiles- de que el poder alperovichista se les cuele en sus internas (como ocurrió en el Colegio de Abogados) arreglaron una conducción consensuada, pero sin comicios.

La alarma radical se durmió pero se desperezó el paquidermo peronista y sus diferencias estallaron. Demasiado temprano para tanta bronca y desaguisados pendientes. Más aún cuando las billeteras gordas están famélicas.

El viernes 16 de mayo de 1997 Bussi no sabía que quienes manejarían el poder estaban marchando en su contra. Tampoco tomó conciencia de su debilidad. El viernes pasado Alperovich estaba festejando que mostró que con él no se juega y que dentro de su casa maneja todo. Pero, la plaza es cosa ajena o de sus tiempos radicales.

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