Un pasado que condena

Por: Ricardo Roa

Que el Gobierno hable con la oposición debiera ser lo más normal del mundo. Pero aquí es la principal noticia de estos días. Y es una buena noticia, aunque haya sido forzada por la derrota electoral

El ministro Randazzo dice que "la prioridad es debatir sobre las internas abiertas y obligatorias en los partidos para transparentar la selección de los candidatos". Integra el staff del mismo Gobierno que hace dos años propició derogar una ley así. Y que hace bien poco impuso, también sin debate, las candidaturas testimoniales aún contra la voluntad de los mismos testimoniales.

Aplausos por el cambio. Y sospechas inevitables, dada la historia K, sobre si se trata de una convocatoria real al diálogo o de una simple movida para ganar tiempo y recuperar la iniciativa.

No sólo urge discutir una reforma electoral. Hay otras cosas igualmente perentorias como parar la manipulación de las estadísticas públicas. Esto es mucho más importante que si Moreno sigue o se va. Sacarlo o dejarlo es una decisión del matrimonio presidencial. Terminar con el camuflaje en el INDEC ya es cuestión de Estado.

Moreno está cuestionado desde todas partes. Casi no tiene quien lo defienda ni siquiera en el interior del Gobierno. Si alguno lo hace suena a obediencia K debida. Y el único argumento es que no es corrupto, como si ésa no fuese una condición necesaria en un funcionario y como si fuese honesto adulterar las estadísticas.

La última novedad es que un hipermorenista tendrá más poder en el INDEC (ver Amplían el poder en el INDEC para un técnico incondicional a Moreno ). Es la persona que desde el organismo defendió como nadie el dibujo de los precios. Surge así la misma duda que con el discurso de Randazzo, a menos que se confíe en que será una quintacolumna de Moreno el encargado de normalizar el INDEC.

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