¿Qué le pasa a Néstor Kirchner?

Por Fernando Laborda

Pocas cosas molestan tanto a Néstor Kirchner como que alguien lo corra por izquierda. Ocurrió anteanoche, cuando en el debate televisivo entre los principales candidatos porteños, Fernando "Pino" Solanas se dio ese lujo e identificó al kirchnerismo como una nueva "versión de la derecha neoliberal", tras cuestionar sus subsidios a "empresarios amigos" y "grandes grupos económicos"

El dato en sí puede parecer anecdótico. Refleja, sin embargo, la debilidad de Kirchner, convertido en el blanco preferido de todos.

Por primera vez, algunos encuestadores contratados por el Gobierno exhiben una llamativa cautela en sus pronósticos. Admiten que la elección en la provincia de Buenos Aires ya no es tan sencilla como les parecía. Más allá de cuál sea el resultado final, el dato de esta campaña es que, aun poniendo toda la carne en el asador ?el gobernador Daniel Scioli incluido?, a Kirchner le está costando demasiado doblegar a un empresario de origen colombiano que hasta febrero de este año era desconocido por más del 40 por ciento de los argentinos, según una encuesta de Poliarquía.

Hasta hace pocas semanas, dirigentes kirchneristas descreían de una eventual derrota. Sostenían que "la jugada maestra" de hacer jugar a algunos intendentes como candidatos testimoniales iba a traccionar votos desde abajo hacia arriba para el oficialismo, porque "todo intendente que pierda no podrá buscar su reelección dentro de dos años". Ahora se conjetura que no pocos de esos intendentes estarían más preocupados por salvarse ellos que por salvar a Kirchner y que admitirían que sus seguidores cortaran boletas favoreciendo a Francisco de Narváez.

Las dudas y la desconfianza están a la orden del día en el oficialismo bonaerense. Allegados a Scioli señalan que el peronismo sobrevivió a lo largo de siete décadas porque supo acompañar los cambios de humor en la sociedad. La identidad del peronismo ?aseguran? pasa por saber interpretar los nuevos tiempos. Y concluyen que ni el estilo crispado ni el modelo K pueden ser la identidad permanente del justicialismo.

La propaganda kichnerista se basó en una gestión desarrollada a lo largo de seis años, con algunos logros irrefutables. Pero se ancló en el pasado. Ignoró hasta ahora la teoría de la revolución de las aspiraciones crecientes. Cuando alguien está en medio de una inundación, reclamará que bajen las aguas y reconocerá a quien lo consiga, pero tiempo después reclamará que retiren el salitre de su casa y mejores caminos.

En los tiempos en que parte de la ciudadanía reclamaba que se fueran todos, la llegada del presidente enojado fue saludada por muchos. Hoy, la mayoría de ellos demanda otro estilo.

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