A partir de Zanola

Por Mariano Grondona

La detención del líder sindical Juan José Zanola como jefe presunto de la "mafia de los medicamentos", sospechada del peor de los delitos cual es vender remedios falsificados nada menos que a los enfermos de cáncer, se abre a tres interpretaciones. La más escéptica de ellas, en cierto modo "minimalista", es que en esta ocasión, como en tantas otras, finalmente "no pasará nada" en los estrados judiciales.

Otros suponen, en una interpretación que podríamos llamar "intermedia", que el juicio contra Zanola y sus cómplices llegará hasta sus últimas consecuencias y que por eso el juez Oyarbide le denegó la eximición de prisión, pero que en cualquier caso la ofensiva judicial no iría más allá, dejando en cierto modo entre paréntesis la investigación de las otras sospechas por corrupción que pesan sobre la "burocracia sindical". Pero también se ha instalado la suposición de que el caso Zanola podría ser sólo la punta de un témpano porque detrás de él podría venir una verdadera ofensiva judicial contra el corrupto aparato sindical que tiene en Zanola a una de sus figuras emblemáticas.

Esta última interpretación, decididamente "maximalista", podría apuntar en dirección de una verdadera revolución en el sistema de poder que ata a los argentinos. Como se sabe, la Constitución establece que nuestra República alberga sólo tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Pero en el curso de las últimas décadas otros dos poderes, "reales" pero no "constitucionales", se vinieron a sumar ellos y hasta a desplazarlos. Uno fue el "poder militar", que después de medio siglo de vigencia retrocedió abruptamente de 1983 en adelante. El otro es el "poder sindical" hoy en manos de Hugo Moyano que, a la inversa del poder militar, todavía persiste. De los tres poderes constitucionales, mientras tanto, sólo ha perdurado hasta convertirse en hegemónico el Poder Ejecutivo que controla Néstor Kirchner. En tanto el Poder Legislativo fue, hasta el diez de este mes, apenas una "escribanía" cuyo papel era refrendar las decisiones de Kirchner. El Poder Judicial, por su parte, ha sido un "poder" sólo de nombre.

La prisión de Zanola, ¿obligará a revisar este inaceptable cuadro de situación? La decisión de encarcelarlo de Oyarbide, ¿no podría indicar que los jueces han comenzado una ofensiva que volvería a ubicarlos en lugar del que nunca debieron ausentarse, como los representantes del "tercer poder" de la Constitución? Quizá formular esta pregunta sería ponerse a correr por delante de los acontecimientos, pero la perspectiva que se inaugura a partir de ella rehabilita el ideal republicano de los tres poderes, ya sin la presencia perturbadora del poder militar y en dirección de la reubicación del poder sindical de los Moyano y los Zanola en el área gremial que les corresponde, bajo la severa vigilancia de los jueces, una función a la que los magistrados tendrán que volver si la Argentina va a convertirse, de nuevo, en una democracia republicana.

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