Hay 686 partidos, pero atraen sólo al 30%

Hay 686 partidos, pero atraen sólo al 30%
• El 70% de los habilitados para votar no están afiliados

La Cámara Nacional Electoral publicó ayer el mapa de los partidos políticos y sus afiliados. Frente a una posible reforma política, que se pondría en práctica para las elecciones presidenciales de 2011, el dato que resalta del documento es la cantidad de afiliados del Partido Justicialista, el mayoritario en números, si bien no ha sido en las urnas en las últimas elecciones.

Casi la mitad de los afiliados a partidos políticos son peronistas (el 45%), lo que representa el 13,96% del total del electorado. De ahí la importancia de unificar al justicialismo para las próximas elecciones, plan que ya pergeña Néstor Kirchner desde los jardines de la quinta de Olivos. De este total a nivel nacional, el 39,46% de afiliados corresponden al distrito de la provincia de Buenos Aires, el más populoso y disputado en todo el país.

Un lejano segundo puesto obtiene la Unión Cívica Radical, con un 28,44% de afiliados, que equivalen al 8,77% del electorado total. Partidos nuevos y de base en la Ciudad de Buenos Aires, que sin embargo lograron un mejor resultado en las últimas legislativas, como el PRO (0,42%) o el ARI (0,59%) ni siquiera llegan al 1% de afiliados sobre el total. En ambos casos, sus dirigentes compitieron dentro de alianzas con los partidos mayoritarios o un sector disidente de ellos.

Este panorama, pese a los insistentes señalamientos de la Cámara Nacional Electoral respecto de la fragmentación del sistema político argentino, poco y nada ha cambiado desde 2007. Existen 686 partidos políticos, de los cuales 33 son nacionales y 653 de distrito. A su vez, estos últimos se dividen en los que integran fuerzas nacionales (382) y los que no (271). Conclusión: el sistema partidario argentino profundizó su atomización en los últimos tiempos, lo que genera estructuras partidarias débiles que tienen problemas para sobrevivir en el tiempo.

Este mapa político, que generó además, desvíos y lecturas ambiguas del Código Electoral a través de prácticas como las listas colectoras y espejos (clave del éxito para el Frente para la Victoria en 2007), podría cambiar abruptamente de aplicarse la reforma política prometida por el kirchnerismo, que inauguró su personalísima versión de lo que significa un diálogo político con la oposición. Todo indica que con los cambios se intentará un fortalecimiento de las entidades partidarias, vapuleadas después de 2001.

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