El partido de la acción

Por S. Viau.

El gobierno apuró el tratamiento de la Ley de Servicios Audiovisuales porque aún cuenta con una ventaja de propios y afines que se esfumará después del 10 de diciembre. Las viejas mayorías se mofan de las nuevas que esperan en el exterior.

El gobierno apuró el tratamiento de la Ley de Servicios Audiovisuales porque aún cuenta con una ventaja de propios y afines que se esfumará después del 10 de diciembre. Es una ventaja formal, porque sólo existe puertas adentro del Palacio Legislativo, donde las viejas mayorías se mofan de las nuevas que esperan en el exterior. El pasado se burla del presente. Sin embargo, la superioridad numérica no fue suficiente para el kirchnerismo, que, además, se dio a la tarea de reducir a papel mojado los reglamentos de la Cámara: ayer por la mañana, en el recinto, estirando lo que hiciera falta la media hora estipulada para alcanzar el quórum; la noche anterior, concediendo apenas ocho horas para que la oposición estudiara el texto de 162 artículos y sus 217 modificaciones. Así tramitaron los diputados oficialistas y sus aliados una legislación que, según descubrieron, lleva una espera de 26 años, seis de los cuales –más de una cuarta parte de ese tiempo– han sido administrados por la pareja de Santa Cruz. A ellos no les importan los métodos, les importan los resultados. No tienen pruritos, el kirchnerismo es "el partido de la acción".

Pese a todo, hay algo de justicia poética en este desenlace. El proyecto de ley presentado "en nombre" de los periodistas desaparecidos resultó, al final, un mamarracho mezquino. Era lógico, entonces, que en el trámite de su aprobación no apareciera ni un gramo de grandeza, ni una pizca de épica. Le resultará difícil a Cristina Fernández presentar como un triunfo lo que no fue sino el producto de una trapisonda legislativa. Las crónicas de hoy y la foto final del oficialismo y sus satélites en la soledad de sus bancas quizás vuelvan a darle la razón a William Faulkner cuando decía, en El sonido y la furia, que "una victoria minuciosamente contada se parece a una derrota".

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