Por los paros petroleros, el buque regasificador se quedará un año en el puerto bahiense

A las corridas, a metros del auto que lo esperaba, siempre mirando al frente, el ministro de Planificación, Julio De Vido, alcanzó a contestar brevemente la única pregunta que pudo hacerle un reportero del diario La Nación: ¿El barco regasificador se queda? "Por ahora sí", dijo. ¿Hasta cuándo?, se le insistió. "No tengo precisión", se apuró y subió al vehículo.

Acababa de terminar la exposición del ministro en la Conferencia Mundial del Gas junto con sus pares de otros países, en la Rural, y las precisiones vinieron más bien de otras fuentes: el barco regasificador instalado en Bahía Blanca para suministrar gas natural licuado, la idea con que el Gobierno atemperó en los últimos dos inviernos la crisis energética, se quedará hasta octubre del año próximo, a un costo de alquiler de 130.000 dólares diarios (unos 50 millones en un año).

En realidad ya había soltado amarras, al igual que en el invierno pasado en esta época. Pero hace tres semanas, una orden del subsecretario Roberto Baratta a la estatal Enarsa, encargada de contratar el buque, volvió, como en la lancha carbonera del tango, todo para atrás: el barco debe regresar, transmitió Baratta, por los paros petroleros. Las protestas en Neuquén acababan de interrumpir la inyección de gas en un tercio de la oferta del país.

Enarsa le envió entonces una carta a las autoridades de Mega, que integran Petrobras, YPF y Dow Chemical, para avisarle que seguiría usando el muelle. Mega suele atracar ahí para exportar gas.

Al Gobierno lo inquietan los paros. Ejecutivos de Enarsa sondearon días atrás a contactos chilenos para evaluar lo que hace tres años era una fantasía: comprarle en el futuro gas a Chile a través del gasoducto Termoandes. Por los sucesivos cortes desde aquí desde 2004, Chile decidió independizarse energéticamente e inauguró su propia planta de regasificación. También hubo reuniones con la uruguaya Ancap, socia en un emprendimiento similar con Petrobras del otro lado del Río de la Plata, para importar gas a través del gasoducto Cruz del Sur.

De Vido reivindicó ayer el buque de Bahía Blanca, que inyecta 8 millones de metros cúbicos diarios de gas a 7 dólares el millón de BTU (la unidad de medida británic-a), más de tres veces el precio que cobran las petroleras locales. Ese fluido que comercializa YPF suele venir licuado desde Trinidad y Tobago hasta el barco, donde es regasificado y transformado en gas natural licuado.

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